Juego de Tronos: Dos Reyes en el Norte

La 6ª temporada de Juego de Tronos nos ha dejado un gran número de escenas visualmente espectaculares de todo tipo y condición, desde reconfortantes reencuentros fraternos hasta brutales atentados, pasando por cruentas batallas, golpes de Estado, revelaciones de gran importancia, una resurrección y muertes, muuuchas muertes (no llevo la cuenta, pero si no ha sido la temporada más sangrienta poco faltará). Aunque, como pasa en la vida real, cuando un pez gordo cae no tarda en aparecer otro para ocupar su lugar, normalmente con una impactante escena de proclamación de por medio. Euron Greyjoy, Cersei Lannister y Jon Nieve tuvieron una y es precisamente la de este último la que me interesa analizar.

¡¡¡THE KING IN THE NORTH!!!

Lo primero que llama la atención de la escena de proclamación de Jon como Rey en el Norte es que es, tal cual, un calco del momento en que Robb Stark accedió al mismo cargo cinco años atrás, en el episodio final de la primera temporada. Los parecidos son considerables:

  • Robb fue a la guerra para defender Aguasdulces, el señorío de la familia de su madre, y para rescatar a su padre (sin éxito). Jon hizo lo mismo para recuperar Invernalia, el asiento de su familia materna, y para rescatar a Rickon (sin éxito).

  • Poco antes, Robb se había apuntado una victoria contra los Lannister y había tomado como prisionero al Matarreyes. Del mismo modo, Jon lideró la victoria sobre los Bolton y capturó personalmente a Ramsay.

  • En las reuniones donde ambos fueron nombrados reyes estaban presentes la mayoría de los nobles del Norte y también representantes de otro territorio involucrado en la campaña que se estaba desarrollando en ese momento (nobles ribereños en el caso de Robb y del Valle en el de Jon), amén de varios traidores en potencia (Theon Greyjoy y Roose Bolton y Meñique, que aún no ha hecho nada pero lo hará seguro) y dos mujeres pelirrojas (Cat y Sansa).

  • Durante un momento de confusión, en el cual nadie en en salón parecía ponerse de acuerdo sobre el rumbo que había que seguir, se alzó una voz (la del Gran Jon Umber y la de Lyanna Mormont) que propuso como solución resucitar el extinguido Reino del Norte, voz a la cual se unieron todas las demás coreando a su nuevo monarca.

¿Cuál de las dos escenas es mejor?

Con tantas similitudes, la pregunta tiene una respuesta sencilla: la proclamación de Robb gana por ser la original, la que señaló el camino a seguir (si a Robb Stark le hubiesen hecho la ola, a Jon se la hubieran hecho también). Pero hay gente que opina que la coronación de Jon es más emocionante, ya que le conocemos muchísimo más de lo que conocíamos a su “medio hermano” en ese momento. Desde ese punto de vista, algo de razón tienen. Tras 5 años viendo al “bastardo de Ned” penando en la Guardia de la Noche y deseando que se le reconociera y se le tratara como a un Stark, sin duda es gratificante verle obtener el mayor cargo al que un Stark puede aspirar. Además, no hay que olvidar que la aventura de Jon como monarca acaba de comenzar, mientras que la de Robb llegó a su fin de forma innoble y cruel y fue un fracaso, lo cual quieras que no empaña de tristeza la escena en que le coronaron. Así pues, tenemos un empate que hay que resolver y la mejor manera es analizar ambas escenas en busca de irregularidades.

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¿Hay algo raro o fuera de lugar en la cadena de sucesos que llevaron a Robb al trono? Ciertamente, no. Tenemos a un hijo legítimo recogiendo los frutos de la buena gestión de su padre y de la lealtad acumulada en sus vasallos tras varios milenios de gobierno ininterrumpido de la Casa Stark. Todos los nobles del Norte accedieron a seguirle en su desafío contra el Trono de Hierro porque había que intentar salvar la vida de Ned y, después, decidieron nombrarle su rey no solamente por su apellido sino también porque había demostrado firmeza y un notable talento como comandante militar, con resonantes victorias sobre los Lannister en el Bosque Susurrante o en Los Vados. Además, también le reconocieron como rey los nobles de las Tierras de los Ríos, ya que por un lado era el hombre que les estaba ayudando a resistir la violenta invasión de los Lannister (sin el apoyo del poderoso Norte estaban perdidos) y por el otro no era un simple extranjero, ya que tener como madre a una Tully le convertía en nieto de su antiguo señor feudal y en sobrino del nuevo (todo quedaba en familia).

Sin embargo, en el caso de Jon las irregularidades aparecen por doquier.

Jon, el Rey Improbable

Para empezar, muchos ya han señalado lo extraño que resulta que las noblezas del Norte y del Valle entronicen a un bastardo cuando, justo al lado, estaba Sansa (la única hija legítima del difunto Ned que, según la versión oficial, continúa con vida). Con la ley en la mano, ella debería haber heredado el legado de la Casa Stark, pero todos los lores presentes en la sala parecen no verla, ni tan siquiera Royce y los caballeros del Valle, quienes –en teoría– habían entrado en la guerra para rescatarla de las garras de los Bolton y para defender sus derechos sucesorios. ¿Qué ha hecho Jon para que tanta gente le prefiera a él por encima de su hermana legítima, a pesar del lacerante estigma que provoca la bastardía en los Siete Reinos?

Según dijo Ramsay, Jon tiene fama de ser un gran espadachín, algo que en efecto es muy apreciado en una cultura masculina y marcial. Vale. Pero también es un cuervo que ha dejado la Guardia de la Noche, aunque por lo visto nadie le pide explicaciones por ello (habrá que sobreentender que contó la historia de que murió y resucitó y todo el mundo la creyó) y, lo que es más importante, es el Lord Comandante que permitió que 5.000 híper-mega-odiados salvajes entraran en el Norte, algo que se mencionó mucho a lo largo de la trama y que tuvo graves consecuencias… pero que de pronto dejó de flotar en el ambiente el tiempo suficiente para que no se interpusiera entre Jon y el trono.

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La Reina que nunca fue.

Pero su bastardía, la pintoresca razón por la que abandonó la Guardia y su polémica amistad con el Pueblo Libre no son las únicas cosas que quienes le eligieron no tuvieron en cuenta. Tampoco nadie reparó en que, como general, Jon ha sido un desastre. Se supone que un rey –y más uno en tiempos de guerra– tiene que ser algo más que un buen guerrero, tiene que saber dirigir ejércitos o al menos saber aparentar que lo hace. Hay división entre quienes piensan que Robb fue un estratega genial y los que opinan que todo el mérito es de sus consejeros, pero lo bien cierto es que los ejércitos que él lideró se anotaron varios triunfos espectaculares, contribuyendo a crearle un aura de jefe invencible que, sin duda, influyó a la hora de elegirlo. Por el contrario, la única ocasión en que Jon ha ejercido como comandante fue en la Batalla de los Bastardos (6×09), donde se enfrentó a Ramsay Bolton (el resto de enfrentamientos donde había participado fueron escaramuzas, asedios o masacres caóticas, en las cuales su papel era de subordinado de alguien o de invitado sin mando en plaza). No hace falta decir que su actuación fue, cuanto menos, mejorable.

Ramsay supo hacerle perder los estribos con uno de sus jueguecitos sádicos y, preso de una furia ciega, tiró cualquier posibilidad de victoria a la basura cargando en solitario contra las líneas enemigas, obligando a su hueste (inferior en número en proporción de 3 a 1) a abandonar el plan de combate y acompañarle en su embestida suicida. Tampoco sacó tiempo entre el caos y los espadazos para dar alguna orden a sus leales, algo que sin duda hubiera venido bien en el momento en que los Bolton les tienden la trampa mortal (en su favor, Tormund y Davos tampoco tuvieron la idea de hacer algo más que quedarse mirando). Las cosas hubieran acabado muy, muy mal si no llega a aparecer oportunamente la caballería del Valle. Lo peor de todo es que, en ese momento, Jon no era un simple guerrero sino el comandante en jefe del ejército y de su proceder dependía no ya solamente su vida sino también en buena medida la de su hermana (que había dejado claro que no se dejaría atrapar con vida), las de sus hombres y las de las familias de sus hombres, a las que Ramsay sin duda castigaría severamente. Poner a tanta gente en riesgo por un calentón –por muy justificado que sea éste– no es propio de un líder que se precie de serlo. Sin duda, un estreno horrendo que, como viene siendo habitual, nadie tiene en cuenta.

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Sin embargo, Jon y sus cuestionables méritos no son lo único que falla en esta ecuación. Quienes le entronizaron tampoco están libres de irregularidades.

El fantasma de la amnesia recorre el Norte

De entre las muchas frases molonas que hay a lo largo de los cinco libros de la saga, hay una que se encuentra por derecho propio entre las más celebradas: “El Norte recuerda”. Tres sencillas palabras con tres poderosos significados: honor, lealtad y venganza. Podrán haberlo sometido, pero el Norte recuerda quiénes son sus legítimos gobernantes, recuerda a sus parientes muertos en la vergonzosa Boda Roja y recuerda a quienes la llevaron a cabo. Tanto en los libros como en la serie, la lealtad de los norteños a los Stark y su ferocidad ante las afrentas nos han sido constantemente repetidas.

En las novelas, efectivamente, son bastantes los que recuerdan y actúan en consecuencia, sea yendo con Stannis o fingiendo apoyar a los odiados Bolton para así socavarlos desde dentro por su propia cuenta. En la serie, sin embargo, mucho hablar pero el Norte no recuerda una mierda. Los norteños televisivos aceptan con resignación el asesinato de sus familiares y amigos y no tienen intención de maniobrar contra los Bolton para no poner en peligro su propio pellejo. Ignoraron los llamados del rey Stannis y, cuando Jon y Sansa acudieron puerta por puerta mendigando guerreros, únicamente consiguieron el respaldo de tres casas menores y 405 espadas (ni punto de comparación con las dos grandes casas y sus más de 1.500 hombres que acudieron a unirse al perturbado de Ramsay sin que éste lo pidiera). Con la excusa de que Jon había dejado entrar a los salvajes en el territorio y de que al fin y al cabo Robb también tuvo su parte de culpa en la desgracia sufrida (algo de razón tienen en eso, pero aún así) mandaban a la porra a los Stark y a otra cosa. Y lo bien cierto es que, tras haberse insistido tanto en la simbiosis “Norte – Starks”, ver a la progenie de Ned abandonada a su suerte y dependiendo de un ejército extranjero (los salvajes) para poder librar la batalla y de otro ejército de extranjeros (traído por el interesado y traicionero Meñique) para ganarla es un poco deprimente.

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… or not remembers.

Qué lejos queda esta pandilla de temerosos de esos leales norteños que respaldaban al primogénito de su apreciado señor Ned en su arriesgada expedición de rescate y luego, cansados de los sureños, se tiraron al monte con los Stark por bandera. Por mucho que conociéramos más a Jon que a Robb, la escena de coronación de este último fue un gran gesto de respeto hacia Ned y los Stark, mientras que la nueva parece más un “Joder, hemos pasado de ellos y ahora resulta que han vencido. Y, para colmo, una niña nos pega la bronca y nos acusa de cobardía… vamos a ver si con una disculpa y una corona lo arreglamos”.

El Valle de los interrogantes

Pero si los señores del Norte me decepcionan, los del Valle me dejan a cuadros. También aclaman a Jon como rey, igual que hicieron los ribereños con Robb en su momento, y no veo por qué deberían hacer tal cosa. Robin Arryn podrá ser un papanatas que provoca vergüenza ajena, pero sigue siendo su señor feudal y colocar a alguien por encima de él en la jerarquía social sin que esté presente y sin consultarle es cosa seria. Los señores de las Tierras de los Ríos eligieron a Robb como su rey porque era el poderoso aliado que les estaba ayudado a hacer frente a los Lannister (sin él estaban jodidos) y, además, no era un simple extranjero desconocido sino un Tully por parte de madre.

Sin embargo, aquí se da la situación opuesta. El Valle no entró en la Guerra de los Cinco Reyes, por lo que tiene que ser el territorio más fuerte tanto en lo militar como en lo económico (al librarse de cinco años de pérdidas humanas y destrucciones). Además, el Norte no es ahora el ayudador sino el ayudado, ya que de no ser por la intervención de la caballería vallense Ramsay seguiría aposentado en Invernalia, desollando gente y dándole de comer a sus perras. Y Jon no tiene amigos o parientes en el Valle que le respalden, no debería ser para esos forasteros más que un bastardo (de Lord Eddard, pero un bastardo), presunto desertor de la Guardia y amigo de los salvajes que estaba peleando en nombre de su hermana con desastrosos resultados hasta que llegaron ellos. ¿Por qué subordinarse a él, entonces? Hubiera sido más lógico que ambos territorios se declararan reinos independientes e inmediatamente Sansa y Robin (reina en el Norte y rey en el Valle) se casaran entre sí. Una tradicional unión dinástica, gracias a la cual ambos reinos estarían en pie de igualdad y que aseguraría que al final de la corrida un Arryn se hiciese con el mando de todo.

Pero entonces no habría película.

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2 respuestas a “Juego de Tronos: Dos Reyes en el Norte

  1. Jon dirige la defensa del muro, salva el castillo negro, salva a todos los salvajes que puede de casa Austera, una vez muerto su guardia ha terminado, los salvajes estan en su coronacion, aunque sea un bastardo, los nobles prefieren seguirlo en vez de a una mujer que se ha casado dos veces con los enemigos de los stark, primero un lannister y luego un bolton, y en cuanto a los señores del valle es su regente el que esta presente en ese instante que es Baelish, En una sociedad medieval se sigue primero al hombre y si ya no hay mas remedio a la mujer, El unico fallo que comete como comandante es intentar salvar a su hermano aun así estaban en inferioridad numerica,

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    • Disculpa la tardanza en contestar. Es cierto que el hombre siempre suele preferirse a la mujer, pero los prejuicios contra los bastardos son muy fuertes y Jon no ha hecho, creo, suficientes méritos para que se pase por alto su condición y se ignore a la legítima heredera.

      En los libros tuvo un papel mucho más importante en la defensa del Muro que en la serie, donde Alister Thorne desempeñó el papel de líder y Jon se limitó a ser un guerrero más. Salvar a todos los salvajes es algo que éstos pueden agradecerle y lo hicieron yendo a luchar por él, pero después de la Batalla de los Bastardos han quedado cuatro gatos y su apoyo por sí solo no le hubiera dado a Jon el trono. Además, en la serie son un pueblo extremadamente odiado, tanto que incluso en el Dominio se les odia, a pesar de que nunca han pisado esas tierras (en los libros Sam dice que a su padre le enorgullecería oír que ha dejado embarazada a una salvaje, mientras que el de la serie se pone hecho una furia al saber que Elí es salvaje). Haberles dejado entrar es algo que a lo largo de toda la temporada ha sido una pesada losa que le creaba enemigos y le espantaba posibles aliados, y que de pronto se olvida.

      Sobre lo de Sansa, es cierto que ha estado casada con dos enemigos de los Stark, pero sigue siendo la única hija sobreviviente de Ned que (creen) que queda viva y si pudo casar con Ramsay estando Tyrion oficialmente vivo, cualquier noble querría desposarla para que sus hijos se convirtieran en reyes en el Norte. En cuanto a los señores del Valle, en teoría habían ido allí para rescatarla de los Bolton y defender sus derechos (y Meñique sus propios intereses, que no contemplan otra cosa que Sansa encumbrada para trepar con ella), pero en vez de hacerlo la dejan de lado y se pronuncian por Jon, al que no conocen de nada, colocándolo por encima de su propio señor Robin Arryn.

      En lo referente al fallo, precisamente por estar en inferioridad numérica era vital que mantuviese la cabeza fría y no lo hizo. Meter la pata de esa manera en su primera batalla como general, habiendo tantas vidas en juego, y que tengan que venir unos extranjeros a salvarle en el último minuto no es un buen aval. Al menos Robb tenía resonantes victorias en su currículum que justificaban su elección.

      Por otro lado, después de haber insistido tanto en la serie en lo de que el Norte y los Stark son prácticamente lo mismo, te das cuenta de que por Ramsay Bolton lucharon 6000 norteños y por Jon sólo 400 (el resto fueron salvajes y vallenses). No habría estado mal que algún noble, como Glover, se hubiera arrepentido de no apoyarle y acudiera en su auxilio, aunque tuviesen que depender del Valle igualmente para ganar. Así el Norte hubiera recordado por convicción y no por obligación.

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