Ned Stark y Tyrion Lannister, Manos del Rey

Si tuviera que elaborar un Top 10 con las mejores frases de Canción de Hielo y Fuego, la de “en el juego de tronos o ganas o mueres” figuraría entre las primeras. Es rotunda, es potente y muy amenazadora, aunque su veracidad era sólo parcial (el juego nunca termina y lo más fácil es que, si ganas una etapa, acabes cayendo en otra posterior). La pronunció Cersei Lannister e iba dirigida a Eddard Stark, la Mano del Rey que había descubierto la verdad sobre el origen de sus hijos y tuvo la mala idea de contárselo y darle la ocasión de escapar con ellos de la previsible ira de Robert.

Al final, el pobre Ned finalizó su breve mandato como Mano del Rey públicamente deshonrado y con la cabeza separada del cuerpo, víctima del sádico rey niño al que había intentado proteger. Cosas de la vida. Aunque sabíamos que el cargo tenía riesgos (la sospecha de que su antecesor Jon Arryn había sido envenenado estaba ahí y más tarde se vería que era cierta), Lord Stark fue la primera Mano a la que vimos en acción y su funesto final nos convenció de lo peligroso que es ser el alter ego del rey en un mundo tan cruel y despiadado como el creado por George Martin. Sin embargo, leyendo los análisis de los capítulos del primer libro en Race for the Iron Throne, me he dado cuenta de que su gestión no fue precisamente la apropiada para sobrevivir dentro del nido de víboras en el que su regio amigo le había metido.

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¿Qué pudo haber hecho Ned para mejorar su posición?

Muchos de sus errores quedan expuestos cuando comparamos su gestión con la de su sucesor en el cargo, Tyrion Lannister, quien actuó como Mano del Rey en nombre de su temible padre. Provisto de una personalidad más marrullera y buen conocedor del sitio en el que se estaba metiendo y de con quién se iba a enfrentar (no en vano era su hermana), el pequeño de los Lannister consiguió abandonar su puesto con vida, aunque de milagro, y eso que tenía tantos enemigos como Ned y dirigía una ciudad en estado de guerra y al borde del motín por hambre. Podría resumirse la comparación en que Lord Stark no era un jugador y El Gnomo sí, aunque entremos en detalles:

Tyrion se presentó en Desembarco del Rey al mando de una hueste de varios cientos de soldados, la mayor parte de lo cuales suyos. Ned únicamente contaba con 50 escoltas, una cifra muy baja y más si tenemos en cuenta que Cersei disponía de 150 y Renly, extraoficialmente, de 100. Además, El Gnomo sabía con quién se estaba enfrentando y para contenerla hizo uso de promesas de rescatar a Jaime, amenazas vacías contra Tommen e incluso un urticante que la dejó incapacitada el tiempo suficiente para poder enviar lejos a sus guardias. Frente a esto, Ned le contó sus intenciones de destapar su adulterio para así darle la oportunidad de escapar.

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Tyrion se aseguró también de que todos los potenciales mercenarios de la zona estuviesen en su nómina, ya fuese para utilizarlos o para que rechazasen las previsibles ofertas de Cersei y se mantuviesen neutrales. Ned, a pesar del peligro que corría y de que estaba en inferioridad numérica desde el principio, nunca se molestó en pedirle refuerzos a su hijo, buscar aliados o contratar mercenarios (siendo como era el señor del Norte, con una buena reputación, y la Mano del Rey, podría haber hecho las tres cosas sin muchos problemas). Es más, ni siquiera cubrió sus pérdidas y tendió tontamente a dispersar a sus leales en puestos menores de la Guardia de la Ciudad o yendo a la caza de La Montaña, con lo que al final de la corrida apenas conservaba una veintena de escoltas.

Ned Stark se limitó a heredar el gobierno que le venía dado, a pesar de que solo confiaba en dos de los seis consejeros (Barristan y Stannis) y uno de ellos estaba ausente. Aunque no les pudiera dar la patada, nadie le impedía llamar a su lado a varios nobles de su confianza para que entrasen en el Consejo Privado como “ministros sin cartera”. ¿Acaso no conocía a nadie en todo Poniente que tuviese algo de idea de administración y que estuviera disponible? No tengo duda de que le habría venido bien un poco de ayuda fiable y más ojos y oidos en la corte. Tyrion no podía permitirse situar gente de su cuerda en altos cargos, al no disponer de vasallos o amigos, y esto no le impidió reafirmar su autoridad poniendo en su sitio a Meñique, cesando y exiliando a Janos Slynt y encarcelando a Pycelle.

En relación con lo anterior, Tyrion se marcó un gran tanto al quitarse de en medio no sólo a Janos Slynt (como le pedía su padre), sino también a todos sus lugartenientes de la Guardia de la Ciudad. Un ente tan influyente no podía estar dirigido por peones de Meñique a sueldo de su hermana, de modo que los sustituyó por peones de Varys a sueldo suyo. Ned se podría haber aplicado el cuento, cesando a Slynt y colocando a uno de sus norteños al mando (pero dado que creía tener a Meñique de su lado, probablemente habría recurrido a él para formar la nueva dirección y el impacto de la medida hubiera sido muy limitado), en vez de dejarle en el puesto y después intentar sobornarlo torpemente a ultimísima hora.

Tanto Ned como Tyrion confiaron en una famosa víbora cortesana para que les ayudara con su gestión: Meñique y Varys. Ambos desconfiaban, pero acabaron por trabajar con ellos por necesidad. Sin embargo, como ya he dicho, Ned tenía más opciones y tuvo la mala suerte de que su “amigo interesado” estaba más interesado en destruirlo que en ser su amigo y no vio venir la puñalada, que al no tener apenas soldados y ningún otro aliado fue mortal.

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El ocaso del Gigante de Lannister

Ahora bien, que Tyrion fuese mejor como Mano del Rey que Ned no significa que fuese perfecto, ni mucho menos. Como todos, es una persona falible y también cometió errores que, a la larga, terminaron por hundirle. Nunca se preocupó por su imagen pública y no se atrevió a aplicar medidas inconfesables contra sus enemigos. Ambos defectos los comparte con su antecesor.

Ninguno de ellos se acercó a la gente de a pie, en el caso de Ned porque eso era algo que no hacía casi ningún gran señor de su tiempo y en el de Tyrion porque su pésima reputación y el desprecio que generaba en mucha gente le convencieron de que no existía la posibilidad de que su figura pudiera infundir algo parecido al respeto (cuando su firme arenga durante la Batalla del Aguasnegras y el hecho de lograr la lealtad de los clanes del Valle demuestran que quizá debiera haberlo intentado). Volviendo a Ned brevemente, el señor de Invernalia tuvo una oportunidad de oro para dejar huella en la gente y no la utilizó: de haber acudido a un lugar concurrido antes de la muerte de Robert y anunciado públicamente su designación como regente, Cersei hubiera podido apresarlo igualmente (sin Renly estaba perdido) pero en ningún caso hubiera sido capaz de romper el documento y hacer como si nunca hubiese existido. El escándalo hubiera sido mayúsculo y no serían pocas las voces que se alzarían contra la reina viuda, acusándola de quebrar la voluntad de su marido y de mentir.

Sobre el exceso de escrúpulos, Ned gana a Tyrion por goleada, pero ambos fallaron cuando llegó el momento de dar la puntilla a sus enemigos. El plan de Renly, aunque no respetara la sucesión legítima, era bastante bueno: raptar discretamente a Cersei y a sus tres retoños aprovechando el tiempo muerto generado por la agonía de Robert y usarlos como escudos frente a los Lannister, que de otro manera les darían una paliza (2150 contra 123). Pero Ned no quiso arriesgarse a que los niños fuesen lastimados, estaba convencido de que Cersei no desaprovecharía la ocasión de huir y además le daba reparo hacer cosas turbias mientras su mejor amigo se estaba muriendo en los aposentos de al lado, por lo que dijo que no y pidió a Meñique poco después que comprase a los capas doradas para actuar por la mañana (sin que se le ocurriera pensar que, a lo mejor, ya estaban comprados).

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En cuanto a Tyrion, su mayor error como Mano del Rey fue actuar como si aquella situación de poder fuese a durar para siempre. Era un simple interino. Tarde o temprano, su padre se presentaría en la corte para asumir el cargo y, cuando ese momento llegara, él pintaría menos que una caja de preservativos en casa de Varys. Todos le aplaudimos por reprender a Joffrey, por incomodar a Cersei sin que ella pudiera hacer nada (salvo presumiblemente mandar a un guardia real para asesinarlo en mitad de la batalla), por darle en las narices a Meñique y en el culo a Slynt y a Pycelle… pero a no ser que Stannis asaltara Desembarco e hiciera una matanza con todos, al final del conflicto Joffrey seguiría siendo el rey, Cersei la regente, Meñique consejero e incluso Pycelle tenía papeletas para recuperar su cargo, como así ocurrió al aparecer Tywin.

Él les había jodido, pero luego ellos podrían resarcirse y no tendría medios para evitarlo, al carecer del poder que antes ostentaba. Degradado a Consejero de la Moneda, Tyrion pasó a ser el blanco de las humillaciones de Joffrey, sus méritos fueron usurpados e ignorados y su padre siguió tratándole como a una mierda. Le habría venido bien que Meñique hubiese sido cesado y ejecutado (pero no tenía a nadie a mano para sustituirle), que Pycelle muriese en las mazmorras (a punto estuvo), que Joffrey sufriera una oportuna muerte heroica en el Aguasnegras o un accidente y que Cersei se “suicidara” al perder a su retoño (pero al fin y al cabo ambos eran su familia). No los remató cuando pudo y, finalmente, acabaron siendo su perdición.

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