La niebla (1980) vs. Terror en la niebla (2006)

ARGUMENTO

En 1870, un barco naufragó frente a las costas de California por culpa de una hoguera que lo atrajo hacia un peligroso arrecife, muriendo ahogados todos sus ocupantes. A la mañana siguiente, los que habían encendido la hoguera traicionera (seis vecinos de una pequeña aldea próxima) se acercaron al lugar del siniestro y se apoderaron de una gran parte de los tesoros que transportaba el buque, depositados en la playa por la marea. Con estos tesoros fruto del robo y del asesinato, el humilde pueblecito prosperó hasta convertirse en una floreciente ciudad costera, Antonio Bay, cuya población actual ignora los despreciables pecados que sus “padres fundadores” cometieron.

Pero, para su desgracia, el pasado siempre vuelve. Coincidiendo con la celebración de los 100 años de existencia de la ciudad, de pronto aparece una misteriosa e impenetrable niebla. Y, en su interior, un buque hasta entonces hundido vuelve a surcar los mares y su cadavérica tripulación sólo tiene una idea en la cabeza:

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VENGANZA

 

La niebla (1980) me pareció una película bastante aceptable, gracias a la buena atmósfera terrorífica y agobiante que conseguía y a su interesante premisa, pero a mi juicio pecaba un poco de lenta y algunas cosas del argumento no me terminaban de convencer. No fue uno de los mejores trabajos de John Carpenter (yo le doy ese honor a La Cosa), aunque eso no la convierte en mala. Cuando supe que iban a estrenar una nueva versión en enero del 2006, mi reacción inicial fue positiva.

Pese a la mala fama que tienen los remakes, hay casos en los que logran igualar o incluso superar a sus originales y Terror en la niebla podía aspirar a ser uno de esos casos. Con sólo corregir los errores o faltas de acierto de la cinta de Carpenter, ya tenía muchos puntos a su favor para ganar o por lo menos empatar. Sin embargo, me equivoqué. No contaba con que Terror en la niebla añadiera tres errores nuevos por cada error antiguo que quitaba. En resumen, una decepción.

COMPARACIONES

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Comenzaré por los aspectos en los que el remake corrige y mejora al original.

  • En su momento, pensé que lo malo de la película de Carpenter era que le faltaba algo de acción. Los fantasmas de los marinos asesinados vienen buscando sangre, pero su revancha resulta excesivamente equitativa (“seis encendieron la hoguera, seis han de morir”). En el remake, por el contrario, la venganza es totalmente indiscriminada, cosa que me parece más adecuada. Si alguien es conducido a la muerte con engaños y se pasase cien años pudriéndose bajo el agua mientras su asesino y su familia se dan la gran vida gracias a su dinero, lo lógico es que volviese demasiado enfurecido como para andarse con miramientos.
  • Relacionado con el punto anterior está el hecho de que, en La niebla, los fantasmas se presentan en la zona, se vengan y se marchan sin que nadie se entere (salvo los seis a los que se cargan y la otra media docena de personajes que sobreviven a su encuentro con ellos). Es que ni tan siquiera llegan a poner un pie en Antonio Bay (matan a tres en el mar y tres en las afueras). ¿Qué clase de venganza centenaria es esa? Terror en la niebla sí que lo hace bien en ese sentido y la ciudad queda al terminar como si hubiese pasado un pequeño tornado, con muchos destrozos y muchos muertos. A destacar la escena en que la estatua de los fundadores es rodeada por la niebla y comienza a desintegrarse, justo antes del ataque definitivo.
  • Y, finalmente, decir que la reacción de la locutora en el remake está mejor planteada: cuando se da cuenta de que hay algo peligroso por ahí suelto, lanza dos avisos por la radio (uno para pedirle a quien pueda oírla que ponga a salvo a su hijo si lo encuentra y otro para advertir a los navegantes de que no se acerquen hasta que desaparezca la niebla) y acto seguido sale a toda leche con su coche para salvar a su hijo en persona. La de la cinta original, en cambio, permanece en su puesto lanzando avisos hasta que los zombis entran en el faro y se ve obligada a huir por su vida. ¿Qué clase de madre, por profesional que sea, deja la salvación de su hijo en manos de unos desconocidos que quizá ni existen?

 

Ahora, la gran parrafada, donde enumeraré los aspectos en los que el remake no mejora o incluso empeora al original.

Para empezar, en Terror en la niebla tenemos a los típicos personajes secundarios que parece que “saben cosas” y tienen la respuesta, pero que en este caso no saben nada ni tienen idea de nada. El mendigo que vive de recoger cosas en la playa, por ejemplo, que le hace a Elizabeth un comentario que sugiere que conoce su origen y lo que está por llegar, pero cuando llega es el primero en caer y no se lo ve venir en ningún momento. Otro caso es el del hijo de la locutora, que ve al mendigo meterse en el mar y no salir y no alerta a nadie de ello (se ve que al ser menor no le preocupa el delito de denegación de socorro) y que luego, antes del ataque, suelta un “Ellos nos quieren a nosotros”… y cuando los fantasmas aparecen se sorprende de verlos como el que más. O la locutora, mismamente, que poco después de oír cómo su amigo muere al otro lado del auricular deduce enseguida que ha sido la niebla la que lo ha matado, como si la existencia de una niebla homicida fuese de lo más normal. Y no podía faltar tampoco un negro gracioso.

Entiendo que quisieran innovar, pero convertir al personaje de Elizabeth (en la cinta original una simple forastera trotamundos que pasaba por allí) en la reencarnación de la mujer del dueño del barco hundido, el señor Blake, se les va un poco de las manos y genera múltiples interrogantes sin respuesta. ¿Por qué el alma de Elizabeth Blake se reencarnó y las de los demás pasajeros del barco no? ¿Y por qué esperó tanto tiempo para hacerlo? ¿Por qué tuvo que hacerlo justo en una chica también llamada Elizabeth, que físicamente es una copia suya y que además es descendiente directa de uno de los que hundieron el navío, David Williams? ¿Se debe acaso a que Williams fue el único que murió aquella noche a manos de una de sus víctimas?

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Por otro lado, eso de que al final de la película Elizabeth se transforme en un fantasma tras besar a Blake, lo que pone fin a la venganza, no me cuadra. Primero porque, para que su alma se uniera a las de los demás, lo lógico hubiera sido que ella muriera y luego apareciera como fantasma, no que directamente la muchacha pase de ser de carne y hueso a ser un ectoplasma en un abrir y cerrar de ojos. Y segundo, porque el dilema que tenía el personaje no se soluciona. Se supone que ella no encontraba su sitio en el mundo por su condición de alma reencarnada, alejada de su verdadero hogar, pero en el momento de irse con los otros fantasmas mira a Tom Welling con pena, cosa que denota que los sentimientos forjados a lo largo de su segunda vida siguen vigentes.

Es decir, que Elizabeth Williams ha estado toda la vida desnortada porque llevaba dentro la “esencia” de la Sra. Blake y ahora que por fin ha vuelto a ser la Sra. Blake va a pasar toda la eternidad con la “esencia” de Elizabeth Williams. ¡Menudo panorama! ¿No hubiera sido más sencillo que su parte E. B. se fuera con los fantasmas y su parte E. W. se quedara en el pueblo, ya sin conflicto existencial interno? Sí, vale que la teología dice que el alma es indivisible, pero ¿qué más da eso en una película de este tipo?

Además, en la película de Carpenter había una cierta “lógica” en que los tripulantes de la nave volviesen a vengarse coincidiendo con los 100 años de su asesinato. No sé muy bien por qué, pero suena convincente. Será porque el siglo es el punto medio entre la decena (demasiado pronto) y el milenio (demasiado tarde). En cambio, en el remake ellos vuelven exactamente 134 años después. ¿Por qué 134? Es una cifra con menos fuerza simbólica que nos obliga a buscar motivos que expliquen su aparición. ¿Es porque Elizabeth ha regresado al pueblo? ¿Entonces por qué no se presentaron durante los 18 años que vivió allí desde su nacimiento? ¿Acaso esperaban que tuviera la misma edad que la señora Blake al morir? ¿Y por qué no se reencarnó antes?

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Vale, vale, ya dejo de hacerme preguntas.

Y hablando de los fantasmas. En la versión original, utilizaban la niebla para desplazarse y pasar desapercibidos, pero cuando llegaba la hora de asesinar a alguien adoptaban forma corpórea y se transformaban en cadáveres humedecidos andantes, atacando a sus infelices víctimas con espadas, cuchillos, garfios, arpones y demás objetos metálicos afilados de su barco. Eso les debió parecer soso a los guionistas del remake, que nuevamente quisieron innovar y se pasaron de rosca. Los espectros de Terror en la niebla pasan la mayor parte del metraje siendo niebla y, en las pocas veces que les vemos con forma humana, tienen pinta de fantasmas en sentido más tradicional (semi-transparentes y de color blanco perlado, algo así como una mezcla entre Casper y la tripulación de la Perla Negra de la primera película de Piratas del Caribe); además, sus formas de matar a la gente son dignas de Freddy Krueger: queman a lo bonzo por arte de magia, lanzan por los aires, hacen explotar cosas, corroen metales y edificios, mueven cosas con la mente (normalmente para utilizarlas con sangrientas intenciones) e incluso con sólo cogerte de la mano pueden pudrirte la carne hasta dejarte convertido en un esqueleto ennegrecido… Vamos, que no se han limitado a volver de la muerte, se han traído superpoderes.

Para terminar, decir que no venía a cuento cambiar la manera en que los fundadores de Antonio Bay hundieron el barco de Blake. En La niebla eran seis y utilizaron una hoguera para guiar al navío hacia las rocas, recogiendo al amanecer lo que trajo el oleaje. Esto no es que sea un método realista, es que es un método real muy utilizado a lo largo de la historia para provocar naufragios de los que sacar provecho. No son pocas las bellas urbes costeras de Norteamérica que deben su progreso a ladrones y asesinos que conducían a los marinos a una muerte acuática (o terrestre, porque si alguno sobrevivía lo mataban para que no dijera a las autoridades que aquello no había sido un accidente).

En el remake optan por prescindir de la hoguera e inventarse un ilógico abordaje en el que cuatro tipejos provistos de armas de un solo tiro consiguen someter a casi un centenar de personas, prenderle fuego al barco y llevarse una bestial cantidad de oro y joyas en su bote de remos sin que nadie les plante cara. Si querían que viéramos a los pobres leprosos de la nave y simpatizásemos con ellos, simplemente bastaba con enseñarnos el naufragio desde su punto de vista. Pero es que no sólo plantean un hundimiento irreal en el que cuatro se bastan contra cien, sino que encima nos presentan a Blake y a los suyos como una pandilla de chulitos y prepotentes obscenamente ricos, lo que impide que te pongas en su lugar y casi que simpatices un poco con sus verdugos.

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