El fin de una era. Un análisis político de Aerys II Targaryen (t)

Este ensayo es una traducción de An End of an Era: A political analysis of Aerys II Targaryen, publicado por Somethinglikealawyer el 5/12/15.

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Aerys II, el Rey Loco (por Amok)

Introducción

Durante el breve reinado de Jaehaerys II, la amenaza de los Fuegoscuro fue finalmente neutralizada (que sepamos). Los problemas que Aegon IV había originado llegaban a su término y por fin Poniente podía dejar atrás su turbulento pasado y mirar hacia el futuro. Sin embargo, poco tiempo después, el rey se quejó repentinamente de falta de aliento y murió, legando el Trono de Hierro a su único hijo varón, Aerys.

Aerys II sería conocido como El Rey Loco, ¿pero cómo de loco estaba? ¿Cómo llegó a esa situación? ¿Y por qué, si estaba tan loco, tardó una generación en venir alguien a derrocarlo? ¿Alguna vez tuvo oportunidad de gobernar bien? El telón estaba a punto de caer para la dinastía Targaryen, pero aún pasaron 21 años entre la muerte de Jaehaerys II y el fin de los reyes dragones. ¿Cómo una dinastía que había resistido tantos problemas y peligros durante tantos años fue capaz de colmar el vaso?

El príncipe de la promesa

“Tras su coronación, Aerys declaró que su deseo era convertirse en el rey más grande de la historia de los Siete Reinos, una ambición que sus amigos alentaban con las sugerencias de que algún día se le recordaría como Aerys el Sabio o Aerys el Grande”. EL MUNDO DE HIELO Y FUEGO

Aerys, el segundo de su nombre, ascendió al trono con gran pompa y ceremonia en el año 262. Pese a su juventud, gozaba de muchos atributos positivos: era locuaz, sociable, generoso y guapo, por no hablar de héroe de guerra condecorado (algo de suma importancia en una cultura tan marcial como la ponienti). También tenía defectos, como arrebatos de mal genio y cierta inconstancia típica de la juventud, pero su inofensiva excentricidad no llamaba mucho la atención, comparada con la trágica locura de su tío bisabuelo Rhaegel o el sadismo psicótico de su tío abuelo Aerion Llamabrillante. Al sentarse en el trono, Aerys prometió ser el rey más grande de todos los tiempos y esa gran promesa iba a tamborilear en su cabeza durante la mayor parte de su vida.

Su primer movimiento como gobernante fue reorganizar el gabinete real, ascendiendo a ambiciosos y atrevidos jóvenes a altos puestos en la administración. El más significativo de esos ascensos fue el nombramiento de su antiguo amigo y compañero de milicia Tywin Lannister, tristemente conocido por el exterminio al que había sometido a los Tarbeck y los Reyne, para el cargo de Mano del Rey al poco tiempo de su coronación. Tywin trajo al gobierno lo que Aerys no tenía: una visión burocrática que engordó (con creces) la tesorería real. La suya fue, en un principio, una asociación mútuamente beneficiosa, a la par que complementaria, pues donde Tywin era brusco y contundente, Aerys II era encantador y sociable. La próspera asociación entre el Rey y la Mano, muy similar a la de Aegon III y Viserys II (que en sus tiempos logró reconstruir Poniente tras la devastadora Danza de Dragones), dio testimonio de lo mucho que podían aportar un rey y una Mano con talento.

Aficionado al boato cortesano, Aerys II impulsó gran cantidad de bailes de disfraces y conciertos, el coste de los cuales podía permitirse gracias a la astuta política financiera de Tywin. En una corte no del todo recuperada del desastre de Refugio Estival, él transmitía alivio. Y lejos de ser unos meros entretenimientos, aquello ejercía una gran función pública: en una época en la que la Casa Real era formada únicamente por el rey, su esposa y el único hijo de ambos, Rhaegar, aquellos fastos eran la demostración de fuerza y vigor de una dinastía en recuperación. La nobleza, honrada y entretenida, renovó su fe en la golpeada monarquía.

Sin embargo, Aerys II no era simplemente un fiestero feliz e indolente (como Viserys I), sino que fue capaz de proyectar ante el pueblo una imagen gloriosa del Estado, inculcando la creencia de que su dinastía y su reino eran realmente fuertes. El monarca era alguien encantador y sus excentricidades se consideraban algo pintoresco y hasta entrañable. En el feudalismo, donde la gobernabilidad está muy unida a la persona del rey, ser tan sociable no es poca cosa. Un rey bueno y querido es capaz de ejercer un gran poder más allá del alcance de sus prerrogativas feudales, puede subir impuestos si necesita moneda, disponer de mano de obra para cualquier objetivo real sin muchos problemas y disfrutar de un nivel de seguridad que ayuda a que no prosperen las conspiraciones en su contra. La popularidad de Jaehaerys el Sabio le permitió llevar adelante muchas de sus medidas, pero incluso reyes mediocres como Viserys I disfrutaron de una gran tranquilidad gracias a su carácter amable.

Mientras Aerys II se ganaba el apoyo de los nobles con su encanto, Tywin cimentaba su aprobación deshaciendo los edictos favorables al pueblo llano promulgados por Aegon V. Para los comerciantes adinerados, Tywin redujo los aranceles y aumentó con ello sus ganancias (y las de la tesorería real). También instituyó castigos severos para los panaderos que metieran serrín en sus productos y para los carniceros que hicieran lo propio dando caballo por vaca, unas prácticas muy comunes entre los tenderos pobres, que no disponían de suficiente efectivo para proveerse de la suficiente cantidad de grano y carne de calidad. Por otro lado, se ganó al gremio de los caballeros mediante la celebración de torneos de lujo, donde los aburridos veteranos de la Guerra de los Reyes Nuevepeniques podrían entretenerse y las jóvenes promesas podrían probar su destreza contra ellos y hacerse un nombre si los derrotaban. Por último, Tywin consiguió el respaldo de nobles y plebeyos por igual acometiendo un programa a gran escala de obras públicas que ayudaron a facilitar las comunicaciones y llenaron los bolsillos de mucha gente, entre ellos los de la Corona. Pese a sus defectos y a su brutalidad, debe reconocérle a Tywin su inmenso talento como administrador.

Aerys II también tuvo la suerte de contar con un heredero joven y fuerte para asegurar la sucesión a la corona. Rhaegar no era tan hablador y encantador como su real padre, incluso podría decirse que pecaba un poco de distante y melancólico, pero sí más apuesto y galante. Era un guerrero experto y sobresalía en las justas. Su personalidad romántica, combinada con su habilidad en la caballería, le hacía parecer un personaje escapado de un cuento de hadas y no eran pocos los que se asombraban ante su figura y hablaban de una reencarnación perfeccionada de Aegon el Conquistador, lo cual no hacía sino beneficiar a su dinastía. Al fin y al cabo, los Targaryen habían perdido su mística a través de los años, con la muerte de los dragones y los matrimonios dinásticos, pero Rhaegar parecía venir de aquellos tiempos gloriosos en los que los Targaryen eran considerados más dioses que hombres. Con un rey encantador, una valido talentoso y un imponente heredero, la dinastía aparentaba estar más segura de lo que había estado nunca. Aunque ocurriera una desgracia y Aerys II muriera, había recambio y Poniente se ahorraría una larga guerra civil entre todos aquellos con una gota de sangre de dragón que aspirasen al trono.

Pero mientras el Sol parecía brillar más que nunca para el gobierno Targaryen, pronto comenzaron a acumularse los nubarrones. Aerys II había sido desde siempre un hombre orgulloso y vanidoso al que complacía sobremanera recibir halagos. Cuando llegó a sus oídos la idea generalizada de que el auténtico gobernante del reino era Tywin Lannister, su vanidad padeció un duro golpe. La promesa que hizo el día de su coronación tamborileó en su cabeza: nunca podría ser Aerys el Grande si quien pasaba a la Historia era Tywin. Tenía que remediar esa situación y si eso suponía afirmar su propia autoridad… que así fuese.

De modo lento pero seguro, Aerys comenzó a contradecir las políticas de Tywin por puro despecho. Cuando estalló una guerra comercial entre Volantis y la alianza de Myr con Tyrosh, Tywin aconsejó no involucrarse, a lo que Aerys respondió mandando buques y grandes cantidades de oro y armas a los volantinos. Aunque no era la primera vez que Poniente se involucraba en Essos, hacerlo por una rabieta dice muy poco de la salud de la monarquía y de la capacidad de su líder. Un tiempo después, Aerys decidió unilateralmente subir las tasas y aranceles aduaneros de la capital, pero cuando unos representantes del gremio del comercio se presentaron en la corte para protestar, el monarca culpó a Tywin por lo ocurrido y restauró las tasas portuarias a sus niveles anteriores, aprovechando ya de paso para burlarse abiertamente de su Mano con chistes vulgares y una pobre imitación, hecho que sin duda enfureció sobremanera al orgulloso Señor de la Roca.

No es extraño que un rey y sus consejeros tengan desacuerdos por temas políticos-administrativos, mas Aerys II parecía dispuesto a forzar desacuerdos sólo para socavar la posición de sus consejeros. Este mal uso de su cargo para satisfacer una venganza personal sentaba un peligroso precedente en el reino: ser demasiado bueno en el trabajo invitaba a la desaprobación real y a que el rey te echase encima las culpas de otros o incluso las suyas propias para fastidiarte. El feudalismo requiere que el soberano proyecte una imagen protectora y justa que inspire a los funcionarios para trabajar bien y les recompense por ello, si lo merecen; en cambio, los actos de Aerys indicaban que un leal servicio no sólo no garantizaba el favor del rey sino que podía provocar su alejamiento. Su imprudente acto, culpando a un subordinado por un error propio, demostró que la monarquía no evaluaba bien a sus lugartenientes y que además estaba dispuesta a mentir para salvar la cara. El fundamento filosófico de los Siete Reinos, la Doctrina Aegon (recompensa y protección a cambio de servicios), acababa de ser convertida de golpe en una versión hirientemente opuesta. El proceso de debilitamiento del rey Aerys II empezó aquí, cuando sacrificó la operatividad del gobierno en pro de su vanidad personal.

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El rey Aerys II condenando a los Darklyn (por Marc Simonetti)

Las consecuencias de Valle Oscuro

La tendencia inquietante de Aerys a actuar sin más razón que su inquina aumentó hasta el extremo a raiz de lo que ocurrió en la pequeña pero próspera localidad de Valle Oscuro, antaño un puerto de considerable proyección al cual la llegada de Aegon y la construcción de Desembarco del Rey a poca distancia habían cortado las alas. La localidad había reclamado recientemente un fuero urbano que le concediese mayor autonomía respecto al Trono y una serie de beneficios económico-políticos que no conocemos con exactitud. Tywin Lannister se negó rotundamente a concederles esos privilegios, ya que no casaban con su modelo de microgestión.

Buscando aprovecharse de la manifiesta y creciente divergencia entre el Rey y la Mano, el señor del Valle Oscuro, Denys Darklyn, solicitó a Aerys II que acudiera personalmente a su fortaleza para así solucionar el asunto, no sin antes dejar de pagar sus impuestos como acto de presión. El orgulloso y vanidoso rey creyó ver la oportunidad perfecta de resolver un problema que su Mano no había sido capaz de arreglar y, contra de los consejos de todos, acudió a la cita al mando de una pequeña tropa y acompañado por sólo uno de sus siete guardias reales, a pesar de que su intención no era dialogar sino arrestar y ejecutar a tan desafiante vasallo. Como era de esperar, se produjo una escaramuza y los hombres de Darklyn salieron victoriosos, siendo Aerys prendido y encerrado en los calabozos de Valle Oscuro. La Mano reaccionó rápidamente y puso la fortaleza bajo asedio, aunque la cosa no fue a mayores porque Lord Denys amenazó con matar al rey si Tywin intentaba un asalto.

Ningún rey de la dinastía Targaryen había sido capturado nunca (exceptuando aquella vez en que la Familia Real fue sitiada por la guardia durante la turbulenta regencia de Aegon III y cuando Alicent Hightower –reina madre– y su hija Helaena fueron encarceladas por Rhaenyra) y, por tanto, aquel suceso tuvo un efecto devastador para el prestigio de la Casa. El rey, cumbre de la pirámida feudal y protector del reino, había sido violentado, vejado y encarcelado como un vulgar forajido. El intento de Aerys por demostrar su fuerza había fallado miserablemente y, además, había quedado como un inepto por caminar hacia una trampa obvia para hacer la puñeta a Tywin.

“Él puede o no puede salir con vida”, respondió Tywin Lannister a sus colaboradores, “pero si no, tenemos un rey mejor aquí mismo”. Señaló al príncipe Rhaegar. EL MUNDO DE HIELO Y FUEGO

El cautiverio de Aerys tuvo otras consecuencias para su gobierno. Uno de los datos interesantes que nos da “El Mundo de Hielo y Fuego” es que Tywin apoyó abiertamente a Rhaegar, abogando así por la destitución de Aerys por primera vez, que sepamos. No sabemos cómo reaccionó Rhaegar, mas la acción de Tywin puso de manifiesto que la supervivencia del rey no era tan importante como poner fin al desafío de los Darklyn de una vez por todas. En la mayoría de los casos, tales palabras habrían sido consideradas alta traición (como le pasó a Barbra Bracken, que se había jactado de que sería la nueva reina durante la enfermedad de Naerys y tuvo que exiliarse de la corte al recuperarse ésta; si bien al menos conservó la cabeza), pero Tywin se mantuvo como Mano del Rey después de decirlas, tal vez debido en gran parte a la influencia y poder que tenía en la corte. Podría no ser amado, pero todos sabían valorar y temer su capacidad.

No todos deseaban que Aerys falleciera y Rhaegar ascendiera. Barristan Selmy pidió la oportunidad de rescatar a su rey y la Mano se la dio. Las probabilidades de éxito eran muy bajas, pero el guardia real llevó a cabo su atrevida incursión y salió de Valle Oscuro con el rey sano y salvo. Barristan ganó aquel día fama eterna por su talento, pero el rey a quien había rescatado empañaría su nombre con las peores infamias.

El cautiverio de Aerys II en Valle Oscuro agravó su ya delicado estado de salud mental: nunca sería de nuevo el excéntrico y encantador monarca de su juventud, sino que se convertiría en un hombre vengativo y paranoico que veía la traición en el corazón de todos los que le rodeaban. Lord Darklyn le había demostrado que cualquiera podía albergar el deseo de matarlo y que si quería impedir otro atentado a su integridad debía dar ejemplo a los futuros traidores. Inmediatamente, ordenó que los Darklyn al completo fueran ejecutados, al igual que sus aliados los Hollard, en una clara emulación del proceder de Tywin contra Tarbecks y Reynes. Sólo el pequeño Dontos Hollard se salvó, debido a la intercesión del propio Barristan. Pero el anhelo de cortar de raiz toda traición había arraigado en la mente del rey y sus ojos ya no veían más que traición en todas partes: su Mano, Tywin Lannister, le había dejado pudrirse en Valle Oscuro, si bien Aerys no pudo hacer nada en su contra al no tener pruebas de felonía; su heredero, Rhaegar, sin duda habría querido que falleciera allí para coronarse (¿por qué si no había empezado a forjarse una facción a su alrededor en la corte?), aunque de nuevo no tenía pruebas. Sin embargo, la ausencia de pruebas no impedía maniobrar.

La amenaza que para Aerys II representaba su hijo Rhaegar crecía cada año, pues la popularidad de éste no dejaba de aumentar. Las victorias del príncipe en los torneos le hicieron ganar la adoración del pueblo llano y sus manifiestas virtudes caballerescas eran aplaudidas por la nobleza. Además, a su lado estaban otros famosos héroes, como su íntimo amigo Arthur Dayne, considerado el alma de la caballería de su época. Esto, como Pycelle señala en sus escritos, comenzó a materializarse en dos facciones muy fuertes y el clima de la corte se tensó, recordando a los tiempos previos a la Danza de Dragones. Mientras la popularidad de Rhaegar crecía, también lo hicieron las voces en la cabeza de Aerys, que le recordaban que había engendrado otro obstáculo en su camino para convertirse en un gran rey, el mejor de todos. Así pues, tal y como hizo con Tywin, Aerys fue a por Rhaegar.

El paranoico soberano actuó con rapidez para aislar a Rhaegar, empleando la carta del matrimonio. Como rey y padre de su hijo, era su responsabilidad seleccionar a su futura nuera y su mirada fue al vecino continente de Essos. Rhaegar no podía ser casado con Cersei Lannister, como quería Tywin, pues un matrimonio semejante uniría estrechamente a su heredero y a su Mano y eso era más de lo que Aerys estaba dispuesto a tolerar. Sin embargo, una boda con una dama volantina o lysena daría a la Familia Real un impresionante pedigrí valyrio y, también, no aportaría a Rhaegar ningún apoyo en Poniente (las reinas extranjeras nunca han sido bien miradas).

Aerys le encomendó a su viejo amigo Steffon Baratheon la tarea de buscar una novia para su hijo en Essos, sintiéndose orgulloso por haber frustrado un complot en su contra antes incluso de que éste pudiera materializarse. Pero la tragedia le golpeó cuando Steffon murió en un naufragio frente a las costas de Bastión de Tormentas, tras haber regresado de su viaje sin novia para el príncipe. Aerys II se había quedado sin el único señor supremo al que podía llamar amigo y sin haber conseguido una novia essosi. Como sucedáneo de su plan original, el monarca se volvió hacia Dorne, un principado bastante separado del resto de Poniente por su desértica geografía y por sus diferentes costumbres. Aerys pactó el matrimonio de Rhaegar con la princesa Elia Martell, asegurándose de que la alianza matrimonial de su hijo sólo le reportaría el apoyo del más odiado y menos poblado de los reinos del continente. Sin embargo, este matrimonio no dio más alegrías al rey, pues recibió el nacimiento de su primera nieta con desprecio alegando que la niña “olía a Dorne” (aunque teniendo en cuenta que Aerys II había viajado varias veces allí antes, más que racismo aquel comentario parece una excusa para no festejar un momento feliz para su heredero).

El fuego puede matar a un dragón

A raíz de Valle Oscuro, el rey también empezó a mostrar una obsesión con el fuego-dragón, similar a la que había perseguido a varios de sus antepasados. EL MUNDO DE HIELO Y FUEGO.

Aunque no habían pasado aún dos décadas desde su gloriosa coronación, el rey Aerys había dejado de ser un gobernante joven y popular para convertirse en un paranoico y monstruoso tirano a quien cualquier gesto parecía indicar una traición. A medida que se alejaba de la realidad, el rey comenzó a obsesionarse con el fuego, sello distintivo de los dragones perdidos, de la mismo forma que su tío Aerion Llamabrillante, quien llegó a beber un vaso de fuego valyrio en la creencia de que aquello lo convertiría en un dragón (y murió, logicamente). Aerys arropó al gremio de piromantes, que habían caído en desgracia tras la catástrofe del Refugio Estival, y decidió utilizar el fuego como medio para ejecutar a sus enemigos. Incluso encontró la quema de reclusos sexualmente excitante y después de cada una violaba brutalmente a su mujer (hasta el punto que Jaime Lannister señalaba que la reina Rhaella parecía haber sido embestida por una bestia). Esta combinación de fuego y sangre placía al rey Aerys, pero traería el desastre a su Casa, llegando todo al límite en el Año de la Falsa Primavera.

En el año 281, Lord Whent celebró en Harrenhall el torneo más grandioso que Poniente había visto en las últimas décadas, con la presencia de la mayoría de señores y damas del reino. Los premios de las sucesivas justas eran desorbitados, atrayendo tanto a los humildes caballeros errantes como a la flor y nata y de la élite nobiliaria. Sin embargo, circulaban rumores de que el torneo no era sólo una mera celebración del día del nombre de la hija de Lord Whent y del final de un extenso invierno. El guardia real Oswell Whent había sido visto reuniéndose con su hermano y de todos eran sabido que él y Rhaegar eran uña y carne. Con tantos señores en un mismo lugar, muchos de los aduladores de Aerys sugirieron que Rhaegar estaba intentando construir una coalición para derrocar a su padre y convertirse en rey. Algunos sugirieron que ese torneo debería ser prohibido mediante un edicto real y otros que se promulgasen restricciones para impedir que un torneo semejante pudiese celebrarse otra vez. En vez de eso, Aerys decidió acudir personalmente a Harrenhal, en la convicción de que su presencia desactivaría cualquier intriga.

Si el rey esperaba que su presencia paralizase una supuesta maquinación contra su persona, tal vez pudo haber acertado, pero si albergaba la esperanza de utilizar su aparición para ganarse el amor y el apoyo de todos, al igual que en su juventud, estaba profundamente equivocado. Aerys II se había convertido casi en un cadáver andante, extremadamente delgado y muy pálido, con su largo cabello en total desorden y con los ojos siempre abiertos de par en par… un espectáculo monstruoso que no hacía más que recordar al mundo cómo había degenerado desde sus tiempos de príncipe hermoso y encantador. Sus feroces y caóticos arrebatos emocionales y la escasa lógica que demostraba con sus razonamientos no ayudaron tampoco a generar apoyo y respeto. Muy pocos de los que habían ido a Harrenhal teniendo fe en Aerys salieron de allí apreciando más a su rey.

A pesar de su aspecto desaliñado, el torneo comenzó con una ceremonia presidida por él y en la que fue jurado como nuevo guardia real Jaime Lannister. Aerys había concebido esta designación como una nueva ofensa hacia Tywin, pues le privaba de un heredero talentoso, guapo y de su agrado. Pero poco después de que Jaime fuera enviado a Desembarco del Rey para tomar posesión de su puesto, empezaron los problemas. Un caballero misterioso con un escudo con un árbol sonriente apareció y derrotó a tres campeones, desapareciendo luego tan rápido como había llegado. Aerys II se indignó considerablemente, pues estaba convencido de que ese caballero era Jaime Lannister, que se estaba burlando de él, y ordenó a los señores asistentes que lo encontraran y desenmascararan. Cuando se le informó de que ninguno había dado con el misterioso caballero, se convenció más todavía de que se tramaba una conspiración en su contra. Su obsesión había llegado a tal extremo que siempre iba buscando enemigos por todas partes y, cuando creía encontrarse con uno, se convencía de que, tras él, debía haber muchísimos más y más peligrosos, por el hecho de ocultarse tan bien.

Tourney
El príncipe Rhaegar en el Torneo de Harrenhall (por Paolo Puggioni)

Para empeorar las cosas, Rhaegar Targaryen ganó la pelea final, pero en vez de coronar a su esposa como Reina del Amor y la Belleza, dejó caer la guirnalda azul en el regazo de Lyanna, hija soltera de Lord Rickard Stark, señor supremo del Norte. Aerys y sus aduladores se pusieron a cabilar sobre el significado de tal acción. ¿Podría estar Rhaegar buscando conformar una alianza con la Casa Stark, por medio de la promesa de matrimonio bígamo? Lord Stark había prometido a su heredero con la primogénita de los Tully de Aguasdulces y su segundo hijo, Ned, era ahora pupilo de Jon Arryn. Un pacto entre tres grandes familias. Tres potenciales enemigos, a los que había que sumar a Tywin. Si a ello se sumaba la muerte de Steffon, Aerys no tenía ninguna Casa en la que confiar.

El gran desastre comenzó cuando se difundió la noticia de que Rhaegar había secuestrado a Lyanna en las Tierras de los Ríos. Brandon, heredero de los Stark, un joven colérico que había estado casi a punto de llegar a las manos en Harrenhal cuando Rhaegar distinguió a su hermana con la guirnalda azul (un gesto interpretable como una proposición amorosa), reaccionó a la noticia cabalgando a la capital junto a un pequeño séquito de amigos nobles y exigiendo a voz en grito que Rhaegar “saliera y muriera” por su vil proceder. Aerys II mandó que todos ellos fuesen apresados y encerrados en las mazmorras, tras lo cual ordenó a sus padres, entre ellos Lord Rickard, que se presentaran ante él y respondieran por la “traición” de sus hijos. Sin embargo, cuando éstos respondieron a su llamada y entraron en palacio, el rey hizo que los detuvieran y los acusó también de traición. Lord Rickard no tardó en exigir un juicio por combate para demostrar su inocencia y Aerys, en una muestra de gran sadismo, aceptó y anunció que Rickard se enfrentaría en duelo al fuego. Rickard Stark fue quemado vivo y su hijo Brandon fue forzado a mirar, mientras al mismo tiempo un cable anudado a su cuello le ahogaba si se movía. El rey rió con regocijo mientras Rickard ardía hasta la muerte y Brandon se asfixiaba en un vano intento por liberar a su padre. Acto seguido, mandó a matar al resto de presos y envió un mensaje a Jon Arryn, exigiéndole que le enviara las cabezas de Robert Baratheon (novio de Lyanna) y de Ned Stark (para que no buscara venganza por su padre y su hermano).

Estas decisiones fueron terribles y aterradoras a muchos niveless. El rey había declarado en pública audiencia que los derechos de los nobles eran juguetes que la monarquía podía manejar a su entero capricho, en lugar de según el criterio de la ley. Aerys ya no era un rey feudal sino un rey absoluto, capaz de hacer lo que quisiera sin dar nada a cambio y sin siquiera un motivo justificado. Cualquier noble, hasta el más alto, no podían disfrutar de precedente alguno que le mantuviera en el puesto. Todos los derechos y privilegios individuales de la nobleza, incluso sus propias vidas, eran ahora un “regalo” de Aerys y podían serles revocados en cualquier momento. Si antes Aerys había pervertido la Doctrina Aegon castigando el éxito de sus consejeros, ahora estaba llevando las cosas demasiado lejos. La monarquía no sólo no permitía que sus vasallos fueran demasiado buenos en su oficio sino que también colocaba una espada de Damocles sobre las cabezas de los nobles, cuyas vidas podrían serles arrebatadas sin previo aviso y sin motivo. Aerys II había puesto fin al esquema de Aegon. Los nobles, que desde la conquista se involucraron con la monarquía para salvar la vida y prosperar, ahora se vieron empujados a enfrentarse a ella para sobrevivir y mantener su posición.

El monarca no salió de la Fortaleza Roja durante toda la rebelión. Aunque sólo tenía 40 años, Aerys estaba muy mal de salud porque su miedo a ser envenenado le había conducido a no probar apenas bocado y a no salir de su castillo. Sin embargo, aunque delegó la tarea de enfrentarse a los rebeldes en sus Manos, estuvo lejos de permanecer ocioso. Asumió un papel de alto nivel político en lugar de uno militar, pero a la larga su lejanía del campo de batalla, los fracasos y los castigos que infringió a sus colaboradores hablan mucho de su estilo.

Su primera Mano, Owen Merryweather, era conocido por ser un hombre afable y generoso, aunque no demasiado capaz. Manejó con relativo éxito las tensiones entre la facción cortesana pro–Aerys y pro–Rhaegar tras la dimisión de Tywin Lannister, pero fracasó cuando tuvo que frenar la rebelión. Quizá no se tomó en serio el problema o lo enfocó desde un ángulo incorrecto, pero el caso es que la Mano intentó luchar con palabras, ordenando a todos los vasallos que mataran a los lores rebeldes. Sin embargo, la mayoría de los señores del Valle permanecieron leales a su superior jerárquico, Jon Arryn, y las misivas de Merryweather fueron desoídas, por lo que Robert Baratheon y Ned Stark no tuvieron muchos problemas para volver a sus bases de poder en Bastión de Tormentas e Invernalia y extender la rebelión. Furioso por el fracaso de su valido, Aerys II mandó a Lord Owen al exilio y le desposeyó de todas sus posesiones.

La elección de Merryweather de la vía diplomática para resolver el problema fue un tremendo error por su parte. Aerys II había ejecutado al heredero del Valle (y a un puñado de jóvenes miembros de familias prominentes de esa región) sin juicio y luego había exigido a Jon Arryn que asesinara a sus dos pupilos inocentes, violando el sacrosanto derecho de la hospitalidad. El Valle era una región de las más conservadoras de Poniente y sus élites se enorgullecían de su conducta honorable y habían sido los más cultivadores de la ideología caballeresca. Cuando Jon se negó a cumplir la deshonrosa orden real, Merryweather sondeó a sus subordinados para hallar a otro que sí estuviera dispuesto a cumplirla y a convertirse en cómplice de la conducta de Aerys, esperando que la carta de la “lealtad al Trono” funcionara, sin tener en cuenta cómo había actuado el rey y lo que se pensaba de él.

Buscando una presencia más activa de la monarquía en el campo de batalla, Aerys II decidió que su próxima Mano sería un guerrero. El escogido fue Jon Connington, el joven señor del Nido del Grifo, cuyo nombramiento se puede considerar como una de las decisiones más políticas de Aerys en todo su reinado. Connington era de las Tierras de la Tormenta y, por tanto, vasallo de Robert Baratheon, a quien iba a combatir. Este hecho ponía en tela de juicio la capacidad de Robert para dominar a su propia gente y dañaba su autoridad. Además, Connington era un guerrero capaz, educado en el arte de la lucha. Sin embargo, la nueva Mano no era leal a Aerys, sino a Rhaegar y el rey corría un riesgo muy grando al promocionarlo si Rhaegar hubiera querido deponer a su padre (aunque quizás Aerys pensó que, como Rhaegar se había enajenado a los Baratheon y los Stark al secuestrar a Lyanna, no podría luchar contra él y contra los rebeldes al mismo tiempo). Connington llevó a su ejército hacia Seto de Piedra, con la esperanza de sacar provecho a la victoria indecisa de Randyll Tarly sobre las huestes de Robert en Vado Ceniza. Tras rodear la ciudad, la Mano ofreció recompensas económicas a cambio del paradero de Robert, que se sabía que estaba escondido allí sanando de una herida. Las ofertas no recibieron respuesta, de manera que Connington tomó prisioneros a varios pobladores y los colgó en jaulas para que sufrieran hambre, frío y maltratos hasta que alguien hablara. Pero ni la zanahoria ni el palo obtuvieron resultados y las tropas reales tuvieron que entrar en el pueblo, para registrarlo casa por casa. Pero mientras él prometía, amenazaba y esperaba, un ejército comandado por Ned Stark se acercaba y, cuando llegó, pilló a las fuerzas de Connington desperdigadas por todo Seto de Piedra y sin organizar. La Mano hizo lo que pudo para plantar batalla e incluso llegó a dar muerte al nuevo heredero de Jon Arryn, Denys, y herir a Hoster Tully antes de retirarse. Pero el rey Aerys no estaba de humor para conceder medallas de plata y Connington, igual que Merryweather, acabó siendo enviado al exilio y despojado de sus bienes.

Connington tuvo muchos fallos en su campaña contra Robert, algunos de los cuales se recrimina en sus capítulos de “Danza con Dragones”. Ansioso por vencer al líder rebelde personalmente, rechazó la idea de quemar la localidad (o al menos eso le dice Myles Toyne). Sin embargo, el mayor de sus errores, uno que ni siquiera ha logrado percibir ni en su vejez, es que se olvidó de la opinión del pueblo llano sobre la monarquía y la rebelión. Arthur Dayne sí lo comprendió cuando se enfrentó al grupo de bandidos conocido como la Hermandad de Bosque Real, que gozaba de la protección de la gente de la zona porque se habían ganado su lealtad protegiendo mejor sus intereses que la Corona; así pues, Arthur Dayne les robó esa lealtad escuchando los problemas cotidianos de los habitantes, otorgando derechos y privilegios apreciables en nombre del rey y pagando por todo lo que tomaba. Jon Connington, por el contrario, obligó a la gente de Seto de Piedra a alimentar a sus tropas y les exigió que violaran el derecho de invitados entregándole al hombre al que estaban protegiendo. No hizo nada, en resumen, para contrarrestar la imagen de héroe romántico de Robert. Ofreció simples sobornos en metálico que no apelaban lo bastante al bolsillo y absolutamente nada al corazón. Si se le hubiera ocurrido ofrecer un fuero especial para Seto de Piedra, quizá hubiera tenido tenido más suerte, pero su ceguera le costó la campaña.

Como andaba corto de señores (pues Robert Baratheon no sólo estaba acaparando las victorias sino que también se mostraba ampliamente generoso y comprensivo con sus enemigos), Aerys se volvió hacia uno de sus viejos aduladores, Qarlton Chested. Este pelotillero de bajo nacimiento representa la soledad cada vez mayor en que se encontraba Aerys.

A esas alturas, sin embargo, Aerys II ya no estaba a cargo del esfuerzo militar. Rhaegar había vuelto de Dorne y se había llevado con él a la mayor parte de la Guardia Real para disputar el combate que habría de salvar o hundir a los Targaryen. El rey decidió entonces embarcarse en uno de sus planes más grandes jamás concebidos, pero a diferencia de los otros (sólo fantasías), éste sí iba a llevarse a cabo. Siguiendo sus órdenes, el piromante Rossart hizo ocultar decenas de miles de frascos de fuego valyrio por todo Desembarco del Rey: si los rebeldes atacaban la ciudad y lograban abrir brecha en sus defensas, los piromantes harían explotar los depósitos, transformando la capital en un infierno ardiente de proporciones apocalípticas del que nadie saldría con vida. Al enterarse del plan del rey, Lord Qarlton intentó disuadirle por todos los medios de llevarlo a término, pero todos sus ruegos y sus súplicas cayeron en saco roto y la Mano acabó por dimitir de su cargo airadamente. Después de haber exiliado a dos Manos, Aerys II varió su castigo y ordenó que Qarlton Chested fuese quemado vivo, tras lo cual designó a Rossart para el puesto. Estaba decidido: la última jugada de Aerys en esa partida ajedrez iba a ser tirar el tablero al suelo antes de ser derrotado.

Cuando llegó la noticia de que Rhaegar había sido derrotado y muerto en el Tridente, Aerys mandó a su mujer Rhaella y a su segundo hijo –y nuevo heredero– Viserys a Rocadragón para impedir que fallecieran en la trampa que tenía preparada. Al poco tiempo, Tywin Lannister se presentó fuera de la ciudad con un ejército solicitando entrar y Aerys recibió consejos contradictorios: Varys, líder de los espías, aconsejó no abrir las puertas porque no era lógico que Tywin se decantara por la Corona cuando ésta ya estaba deshauciada; el Gran Maestre Pycelle replicó que, a pesar de todo lo ocurrido entre ambos, Tywin era incapaz de permitir que destronaran y mataran a su viejo amigo. Al final, el rey se decidió por el consejo de Pycelle y abrió las puertas. ¿Pero por qué? ¿Por qué un hombre que veía traiciones por todas partes y no se fiaba ni del peluquero de la corte confió, en hora final, en un hombre de quien llevaba décadas desconfiando?

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Tywin Lannister saquea Desembarco del Rey (por Reaprycon).

La posibilidad de que Pycelle, con su mentira, resultase más persuasivo que Varys con la verdad no puede descartarse, pero parece poco probable. La Araña ha probado con creces a lo largo de la saga que es un maestro de la manipulación, mientras que Pycelle ha tenido varios errores en ese campo, como por ejemplo en Juego de Tronos, cuando dio pistas clave a Ned Stark en su investigación de la muerte de Jon Arryn. Sus torpes intentos para pintar a Varys como espía no engañaron a Ned y, en el siguiente libro, Tyrion fue capaz de manipularlo y engañarlo sin muchos problemas.

¿Estaba realmente loco entonces o simplemente quería creer que Pycelle estaba en lo cierto? ¿Tenía el rey Aerys la necesidad de volver a la seguridad de su juventud, cuando tenía dos grandes amigos, simpatía, salud y todo por delante? ¿Acaso creía que Tywin no se atrevería a matar a un viejo amigo de la infancia, pese a todo? ¿Guardaba Aerys la secreta esperanza de no tener que utilizar su trampa asesina? ¿O era sencillamente un ser irracional, incapaz de seguir una línea lógica de pensamiento? Este sigue siendo uno de los grandes misterios del Rey Loco y, seguramente, quedará sin respuesta. Lo que sí sabemos es que, cuando Tywin le traicionó y comenzó a saquear la ciudad, Aerys emitió la orden final que provocó que Jaime Lannister abandonara su juramento de guardia ral y asesinara a Rossart y al propio Aerys, poniendo fin a la guerra y a una dinastía con 280 años de historia.

La culpabilidad de la locura y la verdad de la amenaza

Se ha hablado muchísimo de la locura de Aerys II, tanto dentro del universo martiniano como entre el fandom. De hecho, esa es la principal característica del personaje (junto al dudoso honor de ser el rey que hizo caer a su dinastía). ¿Cómo de loco estaba? ¿Era incapaz de percibir la realidad? ¿Tenía un trastorno mental que le llevaba a actuar de forma irracional? ¿O sí que razonaba, aunque de una manera delirante, y merece por tanto el pleno oprobio por sus acciones?

La verdad es que Aerys nunca fue el más estable de los individuos. El maestre Yandel afirmaba que “Su Gracia estaba lleno de proyectos” inspirados por los acontecimientos de su vida diaria. Cuando acudió al helado Norte a ver a Rickard Stark, Aerys quedó embelesado por el Muro y declaró que se ocuparía de levantar otro parecido unos kilómetros más adelante, para apropiarse de las tierras que hubiera entre ambos. Cuando fue a Dorne declaró tener un mente un faraónico proyecto hidráulico para llevar agua a sus desiertos y convetirlos en un vergel que diera testimonio de su gran gobierno. Un día, enfurecido por el olor de Desembarco del Rey, afirmó que quería fundar una nueva capital, hecha totalmente de mármol blanco (y que presuntamente no olería). Estos planes eran olvidados a los pocos días de ser formulados y llegaron a convertirse en parte del encanto entrañable de Aerys. Nunca se tomó la molestia de ponerse a trabajar para reunir los recursos necesarios para llevarlos a término y todo el mundo lo veía como un joven simpático y afable con mucha imaginación y algo de incontinencia verbal.

Sin embargo, su desbordante imaginación no ayudaría más tarde a su reinado, pues en su paranoia era capaz de imaginar todo tipo de conspiraciones, sin importar que no tuvieran base real. Cualquier momento era bueno para que Aerys interpretara un acto inofensivo como una amenaza directa a su persona y actuara en consecuencia, con todo el poder de la Corona respaldándole. Su razonamiento incoherente le llevaba a no comprobar la veracidad de sus deducciones y, en su lógica conspirativa, la ausencia de pruebas era otra prueba más de que estaba en lo cierto.

Tenemos claras evidencias de que estaba cada vez más alejado de la realidad durante su estancia en el Trono. Temeroso de que alguien envenenara al príncipe Viserys durante su día del nombre, Aerys II hizo que todos los regalos fuesen sacados al patio real y quemados. Después del fallecimiento de su último amigo, Steffon Baratheon, llegó a afirmar que Tywin Lannister podría ser el responsable del naufragio, por medio de brujería. Su obsesión con la posibilidad de un atentado contra su vida hizo que vetara la presencia de instrumentos cortantes a su alrededor, excepto las espadas de la Guardia Real, incluyendo navajas y tijeras para el aseo personal. Si antes había sido un muchacho apuesto y símbolo del futuro de su dinastía, ahora su rostro y aspecto representaría la naturaleza desquiciada de su mente. Se volvió cada vez más aislado, eliminando ese toque personal vital que todo régimen feudal necesita, e ignoraba la lógica elemental para llegar a conclusiones delirantes y fantasiosas. A tenor de todo esto, podríamos decir que realmente perdió el contacto con el mundo real y sus actos pueden ser, en cierto modo, disculpados o comprendidos.

Sin embargo, también hay evidencias de que Aerys II era capaz de percibir el mundo que le rodeaba con gran precisión y que sus actos estaban hechos con toda la mala idea. Incluso hasta el final, tuvo pensamientos complejos. Pueden haber sido bárbaros y horribles, pero fueron hechos con voluntad clara de hacer daño y con plena comprensión de sus efectos. Su torcimiento de las normas del juicio por combate, el uso del cable estrangulador para ahondar en la agonía de Brandon Stark… todo eso requiere una mayor comprensión de la locura. Aunque las traiciones fuesen irrealidades fruto de su mente perturbada, los castigo eran actos directos y muy reales. Aerys entendía lo que hacía, el dolor y el horror que provocaba. Pensaba que su posición le permitía quemar gente hasta la muerte como entretenimiento del que extraer placer y, de hecho, se deleitaba infringiendo sufrimiento, lo cual le convirte en un villano aterrador y le asegura un lugar de honor entre los peores reyes de su dinastía. El Rey Loco estaba verdaderamente loco y, aunque su imaginación salvaje le engañase, él era quien reaccionaba a esos estímulos de las peores formas. Quiso asesinar a medio millón de personas, rió a mandíbula batiente mientras un hijo se asfixiaba intentando rescatar a su padre agonizante, violó a su esposa brutalmente… y mientras hacía eso era consciente de lo que hacía, pero no le importaba.

La trama del fuego valyrio es clave para entender la locura incontrolada de Aerys II. Jaime especuló con la idea de que el rey creía que haciendo estallar la ciudad se transformaría en un dragón, pero si realmente creía que podía convertirse en un dragón, ¿por qué esperó hasta el final, cuando Rhaegar hubo caído y ya no había esperanzas para su dinastía? Lo más probable es que, para el rey, las vidas de los 500.000 habitantes de Desembarco eran de su propiedad y podía disponer de ellas igual que como había dispuesto de la de Lord Rickard Stark y compañía. El trono era su juguete y quien se lo quisiera robar habría de conformarse con los pedazos. Este pensamiento escalofriante y consciente relega a Aerys II a la categoría de los grandes demonios de la historia de Poniente.

Queda otra pregunta y de las que dan juego. ¿Estaba en lo cierto Aerys al creer que había amenazas contra su corona o su integridad? ¿Planeaba Rhaegar derrocar a su padre, utilizando el gran torneo de Harrenhal como tapadera para construir una coalición? ¿Las supuestas Ambiciones Sureñas del Señor de Invernalia implicaban menguar el poder de la monarquía o eliminarla por completo? Y, si eso fuera cierto, ¿justifica de alguna forma las maniobras de Aerys? Si Robert y Ned tenían derecho legítimo a defenderse, Aerys también tenía en teoría derecho a intentar conservar el poder.

Sin embargo, aunque Aerys II tuviera derecho a defenderse y sospechara que los Stark planeaban una coalición que perjudicara o amenazara su poder, no tenía derecho a actuar tan sangrientamente sin que hubiera pruebas. No podía ordenar, en resumen, que mataran a alguien por un delito que no se sabía siquiera si existía. Encubriendo sus acciones como un “castigo por traición”, Aerys condenaba a muerte con el mismo tino que el que tendría un crío con una rabieta y al mismo tiempo declaraba al mundo que, para él, esta era la definición del poder real: un poder ilimitado y sin control, para el cual no significaban nada los juramentos y obligaciones feudales. Una tiranía de libro y Aerys un personaje imposible de salvar ni escudándose en la locura o la autodefensa.

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¡¡¡Quemadlos a todos!!!

Al final, el deseo megalómano de Aerys de convertirse en el único y verdadero líder de Poniente, en el único receptor de la gloria y la admiración, le llevó a perder a prácticamente todos los aliados que tenía. Su mala praxis como gobernante no generó confianza e hizo que emergieran facciones rivales (en especial, la de su hijo Rhaegar). Su naturaleza paranoica tornó a sus vasallos en enemigos y su obrar caprichoso y arbitrario se convirtió en una grave amenaza para el reino y sus súbditos, ante quienes en el mejor de los casos proyectaba incoherencia y muchas dudas sobre su capacidad. Su deseo de estar solo en la gloria le dejó solo en la infamia y, al final, cuando su último guardia real se volvió contra él, no sólo llegó a su fin su reinado del terror sino también su dinastía.

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One response to “El fin de una era. Un análisis político de Aerys II Targaryen (t)

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