Los turbulentos reinados de Aenys y Maegor (t)

Este escrito es una traducción de de The Silken Glove and the Iron Gauntlet: The Troubled Reigns of Aenys and Maegor, publicado por Bryndenbfish el 13/05/15.
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Los dos hijos de Aegon el Conquistador.

Aegon I gobernó los Siete Reinos durante 37 años. Después del fin de la Primera Guerra de Dorne (en el 13 AC), Poniente gozó de paz y prosperidad durante un cuarto de siglo. Sin embargo, sería absurdo confundir esta calma exterior con una paz genuina. Ninguno de los recién sometidos vasallos de Aegon podía aspirar enfrentarse a él debido a su increíble destreza militar, a sus dragones y a la falta de apoyos suficientes para inclinar la balanza a su favor.

Aún así, esta paz de compromiso podría haber conducido finalmente a una paz auténtica, especialmente si los hijos de Aegon seguían las pautas de su progenitor. Y pareció que ambos podrían hacerlo. Si bien Aenys no era un guerrero demasiado hábil, montaba al dragón Azogue y todos en Poniente conocían el poder de los dragones. Su hermano Maegor era un muy diestro luchador (ganó el título de caballero a una edad temprana), capaz de derrotar sin problemas a espadachines de más edad y experiencia. Los dos juntos podrían ser todo lo que su padre había sido y tal vez más. De modo que, cuando Aegon murió a los 64 años y Aenys subió al trono, puede que la situación no fuese perfecta pero sí era al menos manejable.

Sin embargo, tanto Aenys como Maegor aprenderían, a través de una serie de errores políticos, que lo manejable pronto podía convertirse en todo lo contrario.

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Aenys el Soñador – Debilidad en la cumbre

Aenys seguía siendo un soñador, un aficionado a la alquimia, un mecenas de cantantes y mimos. — El Mundo de Hielo y Fuego.

Aenys era digno hijo de su madre. Al igual que Rhaenys, era un mecenas de las artes y de la música. Pero la hermosa y gentil co-reina falleció poco después de que él naciera y el pobre Aenys se crió en un ambiente dominado por los guerreros: Aegon, su madrastra Visenya y su hermano Maegor. Esta tensa crianza fue probablemente crucial para el desarrollo de su personalidad y explicaría la mayor parte de sus posteriores fracasos como gobernante.

Como el mayor (y por un tiempo también el único) de los hijos del rey, Aenys podría haber crecido en un ambiente de alabanzas y adoraciones, no en vano iba a ser el heredero al trono. Sin embargo, los rumores de bastardía, probablemente alentados por su madrastra Visenya, le persiguieron desde la cuna. Dada la gran cantidad de mimos y cantantes que componían la corte personal de Rhaenys, las posibilidades de que el rey Aegon no fuese el padre biológico del niño no se pueden despreciar y un bastardo no puede heredar el trono (si las insidias de Visenya eran ciertas, sería irónico que todos y cada uno de los Targaryen posteriores no fuesen en realidad verdaderos Targaryen).

Tampoco ayudó a mejorar su situación el nacimiento de su medio-hermano Maegor. Visenya nunca ocultó sus intentos de promocionar a su hijo en perjuicio de Aenys y Maegor tampoco era una muy grata compañía por su sadismo y su crueldad, especialmente con los animales. El amor que Aegon le profesaba a su difunta co-esposa mantuvo seguramente a Aenys a salvo de cualquier daño, pero a raíz de estar inmerso en un mar de personalidades tan fuertes y hostiles, Aenys evolucionó para ser un chico servicial. Esto demostraría ser catastrófico para su reinado, cuando tuvo que enfrentarse a la amenaza de rebelión y todo degeneró en una espiral fuera de control. Esta educación en un entorno donde cada una de sus monitorizadas acciones podía causar un conflicto con su ruda madrastra ayuda a contextualizar su comportamiento como adulto. La clave de todo es su deseo de complacer a los demás para evitar conflictos. Esa aversión a los conflictos sería un rasgo definitorio de Aenys y, de muchas maneras, la ruina de su reinado.

No se puede decir que Aenys no hiciese méritos en el oficio. De hecho, realizó grandes esfuerzos de cara a ganarse al pueblo llano. Era imaginativo pero no obtuso, sabía que el pueblo llano era el que había hecho que Dorne resistiera las acometidas de su padre y, en su opinión, donde el fuego de los dragones había fracasado, tal vez las artes y la música podrían triunfar. Rhaenys Targaryen fue una ídolo de la gente de a pie y si Aenys podía emular eso, podría mantener su reinado libre de conflicto alguno. Desde su punto de vista, su padre había ganado la guerra y su misión era mantener la paz.

Aenys también contó con el honor de ser el primer monarca en convocar un Gran Consejo. Cuando las rebeliones plagaron la tierra, el rey convocó a la nobleza del reino para enfrentar la amenaza, lo que demuestra que estaba dispuesto a escuchar a sus vasallos. Después de que las rebeliones fueran derrotadas, Aenys estaba decidido a premiar a los que realizaran un gran servicio a la monarquía y, así, ganar una lealtad sincera y duradera de los señores ponientis.

Esta sería una lección positiva sobre gobernación que Aenys aprendió de su padre: buscar maneras de satisfacer a sus vasallos. Vale la pena mencionar que, aún con todos los problemas a los que tuvo que hacer frente en su reinado, Aenys nunca recibió el ataque de una coalición de señores rebeldes, al contrario que sus descendientes Aerys II y Daeron II y que su propio hermano Maegor.

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Tenía demasiada hambre de aprobación y esto lo llevó a vacilar y a dudar de sus decisiones, por miedo a decepcionar a un bando o al otro.

Desafortunadamente para Aenys, fue demasiado lejos buscando el apoyo de los señores. Al ordenar la convocatoria de un Gran Consejo en vez de emprender una acción militar rápida, Aenys proyectó una imagen de debilidad y aparentó que los rebeldes no iban a ser tratados como tales por el Trono. Cuando el rey tuvo noticia de la rebelión de Jonos Arryn, envió una fuerza naval para que arreglara la situación, lo cual era una decisión acertada. Pero casi tan pronto como lo ordenó empezó a dudar y, finalmente, el miedo a que el alzamiento de Harren el Rojo en las Tierras de los Ríos alcanzara la capital le llevó a dar marcha atrás. Ahora, Aenys no sólo proyectaba debilidad, también indecisión y miedo. Los rebeldes sabían que si aterrorizaban al soberano éste se negaría a cumplir sus funciones primarias y los leales estarían preguntándose por qué servían a alguien tan manso e ineficaz.

Para empeorar las cosas, estas indecisiones le costarían la vida a Ronnel Arryn, señor del Valle y un fiel aliado de la Casa Targaryen, el cual fue arrojado por su hermano rebelde Jonos desde la Puerta de la Luna. Las Casas Greyjoy, Baratheon, Tarly y Royce, incluso los Stokeworth, dieron un paso adelante y fueron a proteger el reino mientras Aenys vacilaba. El hecho de que un gran y leal vasallo falleciera mientras el rey se retorcía de los nervios habla de una debilidad endémica de la monarquía y una falta de voluntad para cumplir con las obligaciones que se le exigen a un señor feudal.

En el feudalismo, uno de los principales deberes de un rey para con sus vasallos es la protección. El rey es también el Protector del Reino, después de todo, y si el protector no ofrece protección alguna los vasallos se enfadan, ya que están dando su lealtad sin recibir lo debido. Esto invita a la rebelión, como Aerys I aprendió cuando se negó a detener las incursiones de Dagon Greyjoy en las costas del Occidente, lo que llevó a muchos a ver con buenos ojos que uno de los hijos de Daemon Fuegoscuro tomara el trono y relevara a aquel monarca ausente. Aunque Aerys tuviera las mejores intenciones, al no actuar agresiva y rápidamente, falló en sus deberes y situó a la opinión pública amargamente en su contra.

En su afán por complacer a sus vasallos, Aenys cometió diversos errores políticos que provocaron el descontento general de la población. El mayor fallo fue la expulsión de la Fe de los Siete de las Islas del Hierro, una mala decisión desde el mismo momento de pensarla. Goren Greyjoy, aprovechando la naturaleza indecisa de Aenys, aplastó la rebelión de un iluminado que se proclamaba sucesor del mítico Rey-Sacerdote Lodos. Deseando premiar a Goren por haberle librado de un problema, el rey cometió uno de los pecados capitales de la negociación y le ofreció al señor de las Islas del Hierro lo que éste quisiera pedirle, bajo su palabra de honor. Gracias a esta ventaja, Goren exigió la expulsión de sus dominios del culto a los Siete y Aenys se vio obligado a aceptar.

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Pese a los efectos negativos que tendría en el reino, hay que reconocer el inteligentemente sutil plan de Goren. Desalojar a la Fe de los Siete enfurecería a los fieles, cuyas órdenes militares eran fuerzas a tener en cuenta, y no podía correr el riesgo de hacerlo solo. Pero al conseguir su fin mediante una bendición real por los servicios prestados, Goren se aseguró de que la indignación de la población y la Fe de los Siete apuntara sólo a la monarquía, debilitándola. Y si Aenys incumplía su palabra y no le concedía el deseo después de conocer su contenido, entonces la monarquía también se vería muy debilitada. Hiciera lo que hiciera, Aenys avivaría el fuego de la rebelión.

Esta acción, sin duda, enfureció a la Fe y no era la primera vez que esto pasaba. En el año 25, la reina viuda Visenya sugirió que Maegor se casara con la hija mayor de Aenys, Rhaena, siguiendo la tradición incestuosa Targaryen, pero la Fe consideró su proposición abominable, por ser una boda entre tío y sobrina. Para apaciguar a la Fe, Maegor tuvo que casarse con Ceryse Hightower, sobrina del Alto Septón. Esto pareció satisfacer a los religiosos, que a pesar de lo ocurrido en las Islas no se enfrentaron a la corona. Sin embargo, en el año 39 Maegor hizo una revelación sorprendente.

Al parecer, descontento por no haber recibido el tradicional matrimonio incestuoso valyrio, Maegor decidió revivir otra tradición matrimonial de su familia: la poligamia. Tomó a Alys Harroway como mujer y su propia madre Visenya ofició la ceremonia. Esto enfureció a la Fe una vez más y Aenys se vio forzado a realizar grandes concesiones para mantener la paz, desterrando a Maegor a través del Mar Angosto y despojándole de sus títulos y, luego, reemplazándole como Mano del Rey por un septón milagrero muy popular, Murmison. Esta sería la primera vez que un septón ostentó un alto cargo secular y pareció funcionar en un primer momento. Los dos próximos años fueron tranquilos, pero los problemas no hacían otra cosa que hervir a fuego lento bajo la superficie, esperando la mecha que los prendiera.

Desde el Septo Estrellado llegó una denuncia que nunca un rey había recibido antes. Iba dirigida al Rey Abominación. De repente, gran cantidad de señores y plebeyos piadosos, que antes habían amado a Aenys, se volvieron en su contra.

Desafortunadamente, Aenys no pareció aprender la lección y en el año 41 anunció que sus dos hijos (Rhaena y Aegon) iban a casarse entre ellos. El septón Murmison ofició la ceremonia. Esta sacrílega acción del rey fue para la Fe el insulto final. Los monjes-soldado se levantaron en armas, descuartizaron a Murmison cuando acudió a tranquilizarlos y pidieron la destitución de aquel monarca blasfemo.

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¡Muerte a los Targaryen!

Para comprender cómo cayó el reinado de Aenys hay que entender que, aunque Aegon invirtió una gran cantidad de esfuerzo en ganarse a sus vasallos, aún había muchos que añoraban la vieja época en la que no había dragoneros valyrios haciéndose llamar reyes de todo Poniente y querían volver a ella.

La Fe fue un pilar clave en contra de la Monarquía por dos razones complementarias. La primera es que era una de las instituciones más poderosas de Poniente, uno de los pocos puntos en común que unía incluso a enemigos tan acérrimos como Dorne y el Dominio. Gran parte de la conquista ándala fue de naturaleza religiosa y la religión a menudo se convierte en un refugio en tiempos de crisis, lo que cuenta con muchos paralelismo en la Historia. Gran parte de las herejías católicas del Medievo a menudo eran una respuesta a la riqueza y el estatus social que disfrutaban los ministros de Cristo. Personas empobrecidas que, al ver a ricos y gordos católicos manejando el cotarro, se percataron de las trampas de la Iglesia para distraer la atención de la comunidad y se sublevaron, denunciando al sistema como corrupto. Esto surgió una y otra vez, con El Pastor durante el mandato de Aegon II y con el Gorrión Supremo en la línea de tiempo actual de la saga.

La Fe se jactaba de poseer dos órdenes militares que le suministran un gran ejército y un entrenado cuerpo de oficiales (los Hijos del Guerrero y los Clérigos Humildes), además de un banco central en la capital capaz de efectuar enormes préstamos, incluso a la propia tesorería real. Tenía el poder de enviar mensajes a todos aquellos que acudieran a un septo a rezar, extendiendo su doctrina por todo el continente, algo de lo que ni siquiera el Muro o la Ciudadela podían presumir.

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Esto es lo que llevó al segundo, pero igualmente importante, punto: los insultos repetidos de Aenys hacia la Fe. Pese a los esfuerzos de Aenys por mantener calmada a la Fe, su paciencia se volvía cada vez más corta a medida que una nueva acción blasfema sucedía a la anterior. Tantas transgresiones repetidas sugieren un patrón y, ante eso, no se puede alegar ignorancia; y cuando se sobrepasan los límites, las disculpas y las excusas tampoco valen de nada. Después de tantos insultos, la Fe se rebeló contra el Rey Abominación y pronto empezaría un largo y sangriento conflicto.

Aenys manejó el levantamiento con su indecisión habitual, confuso y muy asustado por el conflicto, demostrando definitivamente que estaba incapacitado para ser un líder. Tras un fallido complot de asesinato en su contra (un grupo de monjes se coló en su dormitorio y, de no ser por el sacrificio de uno de sus guardias, habrían conseguido matarlo), Aenys huyó aterrado de la capital, dejando gran parte de ella en manos de la Fe Militante, y se refugió en Rocadragón, sede ancestral de su familia. Allí, al recibir la noticia de que sus hijos se encontraban asediados en el castillo de Lord Crakehall, sufrió un grave ataque de ansiedad que mermó drásticamente su salud.

Dejar la ciudad a merced del enemigo fue algo absurdo, sobre todo porque el levantamiento apenas había comenzado. De todos es sabido que un movimiento rebelde necesita triunfos rápidos, ya sean bélicos o simbólicos, para así tomar impulso y seguir creciendo, empezando su declive cuando deja de tener triunfos y pasa a la defensiva. El pavor de Aenys le otorgó a los rebeldes la gran capital que Aegon el Conquistador había construido. Esta victoria daría a la Fe todo el apoyo que necesitaba para hacer que aquello no fuese una guerra corta ni incruenta.

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Visenya Targaryen.

Maegor el Cruel y Visenya durante el reinado de Aenys

Las historias nos dicen que a Maegor le gustaba guerrear y batallar, pero lo que disfrutaba de verdad era la violencia.

Mientras Aenys era indeciso y manso, no podía decirse lo mismo de Maegor. Al margen de sus muchos defectos, el hijo de Aegon y Visenya era una figura impresionante. Montaba a Balerion el Terror Negro, portaba la espada Fuegoscuro y era tan hábil en el combate que ganaba en el cuerpo a cuerpo a expertos y curtidos soldados a la tierna edad de 13 años. Casi parecía ser una copia de su augusto padre, pero a diferencia de Aegon, Maegor era sádico y cruel, como demuestra su temprana afición a tortuar y matar animales pequeños. Se decía que disfrutaba las justas y las refriegas, pero, en verdad, su auténtico amor era el deseo profundo de imponer su dominio mediante la violencia y este deseo sería su principal característica como gobernante, lo que le haría ganar su apodo.

Maegor vino al mundo después de la muerte de Rhaenys, cuya ausencia sin duda alimentó las ambiciones de Visenya. El esbelto y soñador Aenys era el heredero de Aegon por ser el primogénito y, a decir verdad, era más probable que fuese hijo biológico del rey, dada la tendencia del Conquistador a pasar diez veces más noches con Rhaenys que con Visenya. En el año 21 Visenya sugirió desposar a Maegor con la hija mayor de Aenys, Rhaena, afirmando que era vital mantener pura la sangre del extinto Feudo Valyrio (y esperando que esto ayudara a su hijo a sentarse en el trono en un futuro), pero Aenys decidió apaciguar a la escandalizada Fe y organizó su boda con Ceryse Hightower. En el año 26, Aenys tuvo al fin un heredero varón y Maegor fue desplazado de la sucesión. En el 28, vino al mundo otro príncipe, Viserys. En ese tiempo, Maegor fue incapaz de tener un hijo propio con su esposa Ceryse, a pesar de sus constantes intentos. Si quería llegar al trono, iba a necesitar ayuda.

Durante los primeros años del reinado de Aenys, Maegor actuó como brazo ejecutor de la voluntad Trono y se mostró muy capaz en el manejo de asuntos militares, que despachaba con gran facilidad. Con el dragón Balerion y la espada Fuegoscuro, Maegor terminó rápidamente con el rebelde Jonos Arryn, imitando la manera en que su madre burló en su día las defensas del Nido de Águilas con su dragón. Como recompensa, Aenys le nombró Mano del Rey.

Pese a su brutalidad, puede decirse que Maegor hizo las cosas adecuadamente. El amotinado Jonos Arryn había matado a su hermano Ronnel, tirándolo al vacío desde la Puerta de la Luna y dándole a su apodo de (El Rey que Voló) un siniestro nuevo significado. Pero, además de quedar maldito por haber liquidado a alguien de su sangre, Jonos Arryn también había asesinado al hombre que, en su día, se había rendido a la Casa Targaryen y convertido en su siervo más leal. Ronnel era el guardián del Este y uno de los principales vasallos de la monarquía. Que alguien hubiese podido secuestrarlo sin que el monarca reaccionara a tiempo habla de la debilidad endémica del trono en ese momento. Y que además ese alguien lograra asesinarlo hace que la situación ya no hable de esa debilidad, sino que la anuncie a gritos.

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Por aquella época, sin embargo, Maegor no parecía interesado en hacerse con el poder para sí, sino que se contentaba con ser la Mano del Rey y manejar los asuntos brutales en vez de gobernar. Pero la cuestión de su infértil matrimonio le enfadaba y en el año 39 casó en secreto con Alys Harroway, en una ceremonia oficiada por su propia madre Visenya, ya que ningún septón se prestó a hacerlo. Esto señalaría a Visenya como clara culpable de las acciones que llevaron a Maegor al poder. Ella ya había intentado entronizarlo al proponer casarlo con su sobrina y ahora, con este casamiento, daba a su retoño la posibilidad de tener un heredero propio.

Aenys exilió a Maegor y a Alys para mantener la paz con la Fe y, durante un tiempo, todo fue bien y nada malo ocurrió. Entonces el rey tomó la desastrosa decisión de casar entre sí a sus hijos mayores (Aegon y Rhaena), provocando el levantamiento armado de los monjes-guerreros. Este movimiento resulta tan estúpido que muchos creen que Visenya estuvo detrás de la idea, poniendo a su dinastía en peligro. Después de todo, Maegor ya había ofendido a la Fe con su poligamia.

Ciertamente, Aenys también pudo haberlo hecho de motu propio sin presiones de su madrastra. La tradición Targaryen priorizaba casar al hermana con la hermana y, quizás, el rey se vio influenciado por el recuerdo de su padre, aunque el hecho de que se opusiera a la boda entre Maegor y Rhaena y que condenara el casamiento polígamo de su hermano nos hace sospechar que Aenys no tenía tanto cariño a las viejas tradiciones familiares. Si Visenya logró influenciarle para que metiera la pata, tal vez fue porque ella contaba con que Maegor, con su ayuda, pacificaría el reino y se convertiría en el nuevo rey, pero si fue el caso se trató de una apuesta muy arriesgada, más si tenemos en cuenta que había otras muchas formas de quitar de en medio a Aenys y ella podría haberlo hecho fácilmente al morir el rey Aegon, pero no lo hizo.

En los días posteriores a la muerte de Visenya, se empezó a rumorear que la repentina desaparición de Aenys fue obra suya y algunos se refirieron a ella como “mataparientes” y “matarreyes”.

Cuando Aenys cayó enfermo al enterarse de que sus hijos hijos estaban en peligro, la reina Visenya se hizo cargo personalmente de sus cuidados y, contra todo pronóstico, el rey empezó a recuperarse. Y luego, misteriosamente, murió. ¿Mató Visenya a su sobrino para aupar a su hijo al poder?

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Sin duda, Visenya tenía suficientes instintos asesinos como para cometer un crimen así, máxime si la víctima era el querido hijo de su difunta hermana, con la que aún estaba resentida por haber sido la esposa favorita de Aegon. En vista de que Aenys había producido un buen número de herederos, el ascenso de Maegor era la única oportunidad de que su línea de sangre se sentase en el trono. Por haberse criado en un hogar valyrio, quizá la prohibición religiosa ponienti de asesinar a un pariente no iba con ella. ¿Conoceremos la verdad alguna vez? Muy probablemente no. ¿Es posible que ella lo hiciera? Muy probablemente sí.

De este modo, con un golpe decisivo, el reinado del monarca más indeciso de la historia de Poniente llegó a su abrupto final. El hombre al que le aterraban los conflictos pasó sus últimos momentos de vida rodeado de ellos y el rey que se había esforzado tanto por ganar el amor de sus súbditos dejó el mundo terrenal como uno de los monarcas que más desprecio suscitaron en su lecho de muerte. Se pueden extraer varias lecciones del trágico reinado del débil Aenys: que cuando se ostenta un cargo de tanta importancia uno debe de estar dispuesto a gobernar y tomar las medidas necesarias; que el poder está lleno de situaciones difíciles; y, finalmente, que cuando eres rey, debes dejar de lado tus deseos de esconder la cabeza bajo tierra en beneficio del bienestar de la nación.

El reino ensangrentado de Maegor el Cruel

Su mandato empezó con sangre y con sangre terminó.

Aunque Maegor tenía gran cantidad de defectos, la indecisión no era uno de ellos. Tan pronto Aenys estuvo muerto y enterrado, su madre le convocó y él volvió desde su exilio en Essos y se puso manos a la obra para frenar la rebelión. Visenya colocó la corona de acero y rubíes de su padre sobre su cabeza, en una ceremonia de coronación casi calcada a la que tuvo Aegon cuatro décadas atrás. Todas estas similitudes tenían como objetivo vincular al nuevo rey con los éxitos de Aegon el Conquistador y no con la mansedumbre que había caracterizado a Aenys. Cuando el Gran Maestre Gawen protestó por la ilegalidad de la medida y afirmó que Aegon el Joven debía ser el nuevo monarca, Maegor cogió la espada Fuegoscuro y decapitó al anciano de un solo golpe, acallando así toda disidencia.

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Este movimiento se repetiría en buena medida con Renly Baratheon durante la Guerra de los Cinco Reyes. Pese a sus reivindicaciones de un modelo meritocrático de gobierno, su deseo de ignorar las leyes de sucesión en base a la fuerza armada suena bastante parecido a lo que hizo Maegor, solo que envuelto en hermosas mentiras que ni el propio Renly se creía (cuando conversa en privado con Catelyn, reconoce en un momento dado que su reclamación se basa principalmente en la fuerza que es capaz de ejercer contra aquellos que se le oponen).

Ahora que era el rey, Maegor fue directo a resolver el problema de la rebelión de la Fe Militante y lo hizo llevando a cabo la maniobra más inteligente –y más temeraria– de sus 6 años como soberano. Desafió a los Hijos del Guerrero a un Juicio de Siete que determinaría si tenía derecho a gobernar a ojos de los dioses.

Los Hijos del Guerrero no podían negarse a su solicitud, puesto que este tipo de juicios tenían todas las bendiciones divinas habidas y por haber. Rechazar el desafío hubiera convertido a Maegor en el defensor de la Fe a ojos del gran público, mientras que los monjes guerreros quedarían totalmente desacreditados. Esa es la parte inteligente del asunto. La parte temeraria o necia viene por el hecho de que Maegor estaba corriendo un tremendo riesgo con ese duelo. Teniendo el dragón más grande y fuerte, no eran pocos los que pensaban que exponerse a una lucha justa era innecesario y de gran peligrosidad, ya que las posibilidades de ser herido o muerto eran considerables, incluso aunque su equipo ganara. Khal Drogo puede dar testimonio de cómo una infección mal curada puede derribar incluso al más sano y vigoroso señor de la guerra y si Maegor caía el trono iría para Aegon el Joven, hijo de Aenys, cuyo dragón (Azogue) era mucho más pequeño.

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El Juicio de Siete terminó con una victoria para el equipo de Maegor, que fue el único de los catorce luchadores que quedó en pie. Sin embargo, el rey sufrió una herida en la cabeza y cayó en un estado de coma profundo cuando ésta se infectó. Al cabo de más de un mes, Maegor despertó del letargo y lo primero que hizo fue dirigirse montado en Balerion hacia el Septo del Recuerdo (levantado como monumento a Rhaenys y que se había convertido en cuartel de la Fe Militante) y desatar el infierno. El templo fue destrozado hasta los cimientos por las llamas abrasadoras del terrible dragón y todos aquellos integrantes o simpatizantes de la Fe que pudieron escapar del fuego cayeron asaetados por los arqueros reales. Daba comienzo la campaña brutal de Maegor a sangre y fuego.

Se produjeron asesinatos y masacres a lo largo y ancho del reino, ríos de sangre corrieron sin parar. Maegor ofreció incentivos económicos para aquellos que se unieran a su cruzada y recompensó con una moneda de oro por cada Hijo del Guerrero muerto y otra de plata por cada Clérigo Humilde. Esto le hizo ganarse el epítome de El Cruel.

Maegor llegó incluso a convertirse en “mataparientes”, condición que es especialmente despreciada en Poniente. Su sobrino Aegon el Joven decidió no quedarse quieto ante la usurpación de un trono que consideraba suyo por derecho y levantó un ejército en Occidente para derrocar a su tío y poner de nuevo al linaje de Rhaenys en el poder. Pero Aegon no tenía suficientes seguidores, su ejército se vio totalmente rodeado por el de Maegor. Finalmente, el muchacho y su dragón acabaron perdiendo la vida en una ardiente lucha aérea contra El Terror Negro.

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Maegor aumentó gradualmente su crueldad en su intento de pacificar a la Fe Militante. Trajo varios miles de cráneos a Desembarco del Rey alegando que eran de miembros de la Fe (lo que indica que la campaña combinaba violencia y propaganda), pero ni tan siquiera las prédicas pacifistas de un nuevo Septón Supremo sofocaron el fuego del ejército de la Fe. Como su padre en Dorne, Maegor sufrió de falta de flexibilidad estratégica y táctica y sus esfuerzos para erradicar a sus enemigos no dieron el fruto deseado.

Incluso su administración del día a día estuvo llena de violencia. Cuando la Fortaleza Roja finalmente fue concluida en el año 45, Maegor ofreció a los albañiles, carpinteros y arquitectos una gran fiesta, de tres días de duración, al término de los cuales todos ellos fueron asesinados. Ahora, el único que conocería la posición y trayecto de los numerosos pasadizos secretos sería el propio Maegor y no se producirían problemas de seguridad. Naturalmente, cuando el rey decidió construir un gran corral para sus dragones en las ruinas del Septo del Recuerdo (algo que habría hecho saltar de alegría a su madre) se vio forzado a utilizar reclusos como mano de obra y a traer arquitectos de Essos, puesto que nadie en Poniente deseaba arriesgarse a trabajar para él. Poco antes de la célebre matanza de constructores, la Casa Harroway había sido totalmente exterminada como venganza por la incapacidad de la reina Alys de parir a un hijo sano. Y es que, para Maegor, la violencia y la brutalidad eran su modus operandi y el reino sangraba por mil heridas.

¡Mi reino por un heredero!

Uno de los aspectos más destacados del reinado de Maegor fue su toma constante de esposas, pero no porque tuviera un desmesurado apetito sexual (como Aegon IV) sino porque estaba obsesionado con tener un heredero. Su primero esposa, Ceryse Hightower, no le dio ningún hijo a pesar de vivir con él 20 años, aunque a diferencia del resto de sus mujeres ella nunca se quedó embarazada, con lo que probablemente fuese estéril. Con las demás fue diferente.

Casarse con Alys Harroway en el año 39, catorce años después de su boda con Ceryse, parece haber sido idea de Visenya (no en vano había sido ella la que tiempo atrás había propuesto el matrimonio de Maegor y Rhaena según los ritos valyrios). La poligamia era algo que Visenya no veía extraño y su anhelo de sentar a Maegor en el Trono también incluía que él tuviera herederos que perpetuaran su linaje. Su presencia oficiando la ceremonia insinúa fuertemente que ella jugó un importante papel, desde la orquestación del plan hasta su realización. Pero por desgracia, Alys dio a luz sólo una vez, en el año 44, y el bebé nació deforme y muerto. Enfurecido, Maegor la asesinó a ella, a sus damas, a toda su familia y al Gran Maestre Desmond, que la había asistido en el parto.

Su siguiente esposa fue su amante de los años en el exilio, Tyanna de Pentos, experta torturadora y espía que también asumió el cargo de Consejera de Rumores. Se decía que practicaba la brujería y fue la encargada de cuidar a Maegor durante su estado de coma luego del Juicio a Siete. Más tarde, se encargaría de torturar hasta la muerte al joven Viserys, segundo hijo de Aenys, en respuesta a la huida de su madre, Alysanne Velaryon, y sus dos hermanos pequeños (Jaehaerys y Alysanne), los cuales habían aprovechado la confusión reinante después del fallecimiento de Visenya para robar la espada Hermana Oscura y huir de su confinamiento. Irónicamente, ella misma terminó torturada y asesinada por orden de su amado, confesando haber envenenado a sus anteriores esposas para que sus hijos nacieran deformes. Podría ser cierto (Tyanna era tan brutal y expeditiva como Maegor), si bien hay que tener en cuenta que los Targaryen tienen un largo historial de fetos deformes muertos al nacer, muchos de ellos con rasgos reptilianos. Las habilidades de Tyanna con el veneno o con los hechizos podrían haber influido, pero es igual de posible que la razón de los abortos estuviese en el propio Maegor y que la confesión de su siniestra tercera mujer fuese obtenida por la fuerza para así tener un chivo expiatorio que disimulara de cara a la opinión pública su incapacidad de concebir un heredero.

Las novias negras de Maegor son un caso particularmente triste. Maegor seleccionó a un puñado de damas probadamente fértiles (a cuyos maridos él había asesinado) y se casó con todas ellas a la vez, en un intento desesperado de tener hijos. Las desdichadas fueron Elinor Costayne, Jeyne Westerling y Rhaena Targaryen. Las dos primeras se quedaron embarazadas, pero ambos bebes resultaron tan deformes como los anteriores y Jeyne no sobrevivió al parto (las otras dos sí pudieron sobrevivir al cautiverio).

Este abrumador deseo de conseguir descendencia muy probablemente dejó en Maegor un profundo sentimiento de inferioridad, particularmente irritante para un hombre que estaba acostumbrado a dominar todo lo que se le ponía por delante. En muchas culturas, incluso ahora, la virilidad es vista como un factor determinante de masculinidad y fuerza. Y Maegor, un guerrero sin igual, musculoso, atlético y jinete del mayor dragón de todos los tiempos… sencillamente no podía tener hijos. Esto, añadido al hecho de que su delgaducho y débil hermano Aenys había podido concebir seis retoños, sin duda fue una bofetada metafórica para él.

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La importancia de tener un heredero varón y una sucesión clara era capital en nuestro mundo real. El infame Enrique VIII fue tan lejos al tratar de engendrar un varón que apresó a una mujer, mató a otra, llevó a la bancarrota a su país varias veces, empezó guerras e incluso creó un cisma en la Iglesia (formando la Iglesia Anglicana) para poder divorciarse.

El logro de la paz, una cuestión de necesidad

Parece que esta sucesión de traiciones, y tal vez incluso la pérdida de los consejos de su madre, habían dejado a Maegor, a su manera, tan roto como Aenys.

Como era de prever, una campaña sostenida en la brutalidad hizo poco para pacificar la resistencia contra Maegor, que cada vez era más numerosa. Día tras día, el reino se volvía más hostil. En el 44, Visenya murió de muerte natural y, en la confusión subsiguiente, la reina viuda Alysanne Velaryon, esposa de Aenys, logró huir llevándose a sus dos hijos menores (Jaehaerys y Alysanne) y robando la espada de la fallecida, Hermana Oscura. Viserys, su otro hijo, sufriría como represalia ocho largos y dolorosos días de tortura y su cuerpo fue dejado en el patio de la fortaleza como burla hacia ella (y, probablemente, como trampa por si acaso el dolor maternal la impulsaba a intentar recogerlo). Los tres fugitivos acabaron encontrando refugio en Bastión de Tormentas, donde Robar Baratheon les ofreció protección como invitados y probablemente fingió no saber su paradero ante los requerimientos del rey.

Poco después, la campaña contra Maegor cogió fuerza cuando Jaehaerys se rebeló públicamente en su contra. Tenía las Tierras de la Tormenta de su lado y, al estar su madre a salvo, los Velaryon se le unieron, libres de chantaje, con toda la marina real detrás. Jeffrey Dogget y el plebeyo Septon Luna se ganaron a la mayoría de las Tierras de los Ríos, incluída la Casa Tully. Muchas de las familias de Occidente tenían miembros que habían luchado y muerto con Aegon el Joven, de modo que fueron a respaldar a Jaehaerys, así como también la Casa Lannister. Rhaena, sobrina y esposa obligada de Maegor, logró escapar de la capital robando la espada del rey con ayuda de dos de los intengrantes de la Guardia Real, que desertaron.

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Esta sistemática sucesión de abandonos y traiciones dejó a Maegor confuso, algo natural viendo las proporciones del desastre. Jaehaerys, su rival, tenía a la mitad del reino clamando por su ascensión (y la otra mitad simplemente callaba en espera de acontecimientos). Cuando convocó a sus vasallos para hacerle frente, únicamente acudieron algunos lores del dominio real, claramente insuficientes y seguramente obligados por razones de proximidad. Al final, Maegor se topó con un problema que no podía resolver. Su brutalidad sistemática había sido un error y ahora no le quedaba nada, ni tan siquiera la esperanza de vencer. Por tanto, no fue una sorpresa cuando lo encontraron muerto en el Salón del Trono a la mañana siguiente, con las muñecas cortadas con los hierros del propio Trono. Un reinado que comenzó con sangre y llenó de sangre el reino terminó con otro derramamiento de sangre.

Al mirar su campaña, vemos que el fallo fue que la brutalidad constante de Maegor provocó que sus leales le abandonaran. Al principio tenía miles de seguidores en Desembarco del Rey dispuestos de todo corazón a luchar bajo su bandera. Su enfrentamiento con su sobrino le reportó el apoyo de los Tully. Pero poco a poco, sin embargo, las casas abandonaron su causa debido a su descontento con su modo de reinar, hasta el punto de que se creó un ejército rebelde tan grande al que incluso Maegor y Balerion no podrían derrotar.

Su otro gran error fue su incapacidad para ofrecer condiciones de paz apetecibles para sus rivales, y aquí es donde Maegor difería fundamentalmente de su padre. Aegon siempre dejaba a los enemigos una salida honrosa, con su doctrina de compromisos, pero Maegor (ofreciendo dinero por cabezas, destruyendo a los Hijos del Guerrero mientras oraban y borrando del mapa el Septo del Recuerdo), al contrario, proyectó la idea de que no había un lugar en el mundo para los vencidos. Y, cuando las únicas opciones son morir o combatir, no es sorprendente que muchos elijan combatir. Así pues, en cuanto apareció una alternativa creíble con Jaehaerys, la mitad del reino se alzó contra Maegor y la otra mitad se negó a socorrerlo, dejándole solo, aislado y finalmente deshecho cuando se dio cuenta de que su mandato llegaba a su fin.

Por supuesto, ser capaz de organizar una ofensiva creíble es una de las principales formas de forzar al oponente a sentarse en la mesa de negociación, como Aenys aprendió a su pesar durante su corto reinado. Su incapacidad para proyectar acciones decisivas y liderazgo firme dejó a sus enemigos en gran medida con vía libre para hacer lo que quisieran, y su incapacidad para cumplir con sus tareas como Protector dejó a sus súbditos preguntándose por qué necesitaban rendir homenaje a un monarca débil que no daba nada a cambio. Mientras que Maegor ofrecía guerra constante, Aenys ofrecía sólo impotencia (hundiéndose en el pesimismo y abandonando sus obligaciones ante sus enemigos en las épocas de crisis). Aenys deseaba que todos fuesen sus amigos y se encontró con demasiados dispuestos a ser sus enemigos, ya que su amistad no reportaba beneficio.

Por contra, los conquistadores de éxito como Aegon y Robert fueron capaces de combinar la fuerza y la generosidad. Tywin Lannister tenía una inteligente máxima que rezaba: Cuando tu enemigo te desafía, debes servirle acero y fuego. Cuando se arrodilla, sin embargo, debes ayudarle a levantarse. De lo contrario ningún hombre volverá a arrodillarse ante ti. Ofrecer una paz creíble y significativa, al tiempo que proyectas fuerza para demostrar capacidad aniquiladora, son dos facetas vitales para un proceso de paz. Hasta Dorne, que clamaba venganza, fue tranquilizado por la paz de Jon Arryn. Sí, nos enteramos en “Festín de Cuervos” de que Doran Martell hizo un acuerdo matrimonial secreto, pero dada la falta de apoyo que los Targaryen tenían entre las demás casas de Poniente y en Essos, sólo las intrigas combinadas de los Lannister, Meñique y Varys (ninguno de ellos aliado de Doran) debilitaron a los Baratheon lo suficiente para que una restauración Targaryen fuese creíble. El gran plan de Doran dependía en buena medida de una sucesión de golpes de suerte. Y con sólo el apoyo de Dorne, el proyecto para restaurar el gobierno Targaryen se habría marchitado si Robert se hubiese mantenido sano y saludable.

Incluso en nuestro propio mundo, los tratados de paz son un negocio muy complicado que requiere inversión y la voluntad de estar en paz. Después de la Primera Guerra Mundial, las reparaciones de guerra y la reconstrucción de Alemania se estaba desarrollando a buen ritmo, con apoyo financiero de las naciones aliadas, incluyendo Estados Unidos. Sin embargo, cuando la Gran Depresión golpeó y el mundo dejó de ser capaz de apoyar el esfuerzo de reconstrucción, un aumento de nacionalismo barrió la nación alemana. Algunos alemanes vieron el abandono de los esfuerzos de reconstrucción como otra bofetada en la cara tras el ya punitivo Tratado de Versalles. Esto ayudaría a prepararle el escenario a la ira, el resentimiento y el retorno a la guerra.

En resumidas cuentas, si estás en guerra y quieres paz, hay que hacer concesiones para alcanzar un compromiso. Aenys no parecía capaz de poder ofrecer nada y Maegor parecía no tener intención de ofrecer nada, así que la paz con estos dos monarcas era imposible. Para resolver la lucha con la Fe y los problemas persistentes, Poniente necesitaría un negociador de primera. Entonces llegó al poder un chico que, a la tierna edad de 15 años, forjó una alianza con la Fe y una coalición de tres grandes casas. Necesitaban un negociador y lo que obtuvieron fue un genio.

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Jaehaerys el Conciliador.
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