¿Por qué quedarse “Solo ante el peligro”?

Will Kane (Gary Cooper), sheriff de la pequeña localidad de Hadleyville, acaba de contraer matrimonio con la hermosa Amy (Grace Kelly) y está a punto de abandonar su puesto para mudarse con ella a la gran ciudad. Mas todos sus planes se hacen añicos al ser informado de que el despiadado forajido Frank Miller (Ian McDonald), a quien él envió a la cárcel tiempo atrás, ha cumplido su condena y volverá muy pronto al pueblo con Dios sabe qué perversas intenciones. Kane decide entonces permanecer en el cargo y se prepara para recibir a Miller como se merece, pero no tardará en descubrir que está mucho más solo de lo que creía.

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Do not forsake me, oh my darling…

A lo largo de la película, observamos con creciente angustia cómo este pobre hombre, antes apreciado y respetado por (casi) todos, se convierte en un paria al que sus vecinos y conocidos dejan de lado miserablemente en su hora más oscura. Y la pregunta que nos hacemos es: ¿por qué pasa ésto y por qué aguantarlo? ¿Qué es lo que motiva a Will Kane a seguir en Hadleyville?

Motivaciones para un abandono

Indudablemente, el miedo es la principal motivación que impulsa al resto de personajes a dejar en la estacada a su sheriff. Pero también los hay que piensan que con Frank Miller se vivía mejor que ahora. Eran tiempos peligrosos y con un alto índice de delincuencia, pero el juego, el alcohol y las prostitutas fluían sin restricciones. Para gente como el tabernero del pueblo y sus parroquianos más asiduos, aquello era el paraíso. ¿Pero qué ocurre con todos los demás, los ciudadanos honrados y decentes? Su actitud me parecía de lo más irracional e inexplicable. ¿Cómo es que no ayudan al comisario a detener al villano?

Como ya he dicho, el miedo juega aquí un papel vital, pero su actitud no es tan irracional e incomprensible. Para ellos Hadleyville es un buen lugar para vivir gracias a Kane, pero no son lo bastante valientes para jugarse la vida. Son gente acomodada y apática que prefiere cualquier cosa antes que enfrentarse a un peligro real. ¿Quién les dice que Miller vuelve para quedarse? A lo mejor viene buscando venganza contra el sheriff y, si éste se va, irá a perseguirlo y los dejará a ellos tranquilos. Y, aunque se quede, ¿por qué no confiar en que el nuevo comisario, que llegará al día siguiente, sabrá ocuparse del problema? Y si no puede, pues a resignarse y a seguir viviendo. Los hay que hasta se excusan en público diciendo que un tiroteo daría mala prensa al pueblo o invocando el mandamiento No matarás. Así pues, optan por ignorar a Kane y los únicos que le ofrecen ayuda son un niño de 14 años (al que lógicamente rechaza) y un vecino que, al enterarse de que nadie más ha seguido sus pasos, se acuerda de que tiene familia y se retracta de lo dicho.

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Hadleyville. Descripción gráfica.

Tampoco Kane encuentra ayuda entre sus compañeros de oficio. El juez es un tipo que sólo quiere ganarse el sueldo y, como sabe que el pueblo se rendirá ante Miller sin lucha y al fin y al cabo tampoco le importa lo que pase allí, huye en cuanto puede. El ex-comisario es un anciano amargado que tampoco tiene muy buena opinión de sus conciudadanos y además a duras penas puede moverse. El caso más grave es el de su ayudante Pell. El chico lo tiene todo: cobarde, ambicioso, engreído y rencoroso. Como Kane no le propuso como sustituto cuando anunció su próximo retiro, decide hacerle chantaje para lograr el cargo ahora a cambio de ayudarle, sin éxito. Luego, para acallar la conciencia (que le dice con razón que es un cobardica), se emborracha y acaba agrediendo a Kane para probar su hombría.

Cuando amigos, vecinos y conocidos te fallan, igual puedes encontrar apoyo en la familia. Pero Kane sólo tiene a una esposa reciente y a una ex-amante (la mexicana Helen) y ambas deciden largarse. Helen porque no tiene obligación de quedarse y de todos modos ya estaba cansada del pueblo y de su racismo anti-hispano. El retorno de Miller (que también fue su amante antes de la llegada de Kane) la pone en peligro y le da el empujón que necesitaba para buscarse la vida en otro lugar quizá más propicio. En cuanto a Amy, es normal que sea reacia a permanecer al lado de su esposo en esas circunstancias, aunque al final cambie de opinión. Por un lado desaprueba lo que está haciendo por motivos ideológicos (es cuáquera y se opone al uso de armas desde que vio morir a su padre y su hermano) y por otro es comprensible que una persona no desee permanecer cerca de donde su pareja está a punto de inmolarse en lo que parece un sacrificio sin sentido.

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Razones para un sacrificio

Los hay que, dependiendo de cuál sea el problema al que se enfrenta Kane, ven su forma de actuar como una muestra de egoísmo o de idiotez. Si el malvado Miller viene a vengarse, entonces el comisario no está actuando en beneficio del pueblo sino sólo asegurando su propia supervivencia. Al fin y al cabo, con su gran enemigo vivo, nunca estará tranquilo. ¿Quién le dice que Miller y su banda no le perseguirán allá donde vaya y le matarán a él y a su mujer el día menos pensado? Lo mejor es quitarlos del medio cuanto antes y qué mejor que hacerlo llevando una estrella en el pecho y con el apoyo de todo un pueblo.

Si, por el contrario, Miller no tiene como prioridad vengarse y lo que busca es reconquistar Hadleyville, convertirla de nuevo en su feudo criminal y quedarse a vivir allí como un rey, entonces luchar contra él no tiene objeto. Kane acababa de dejar su cargo antes de casarse y en 24 horas llegaría su sustituto. ¿Por qué volver a jugarse el pellejo por un pueblo que ya no es de su incumbencia y no cambiar de planes a pesar de que todos le dan la espalda? De un modo o de otro, el bueno de Kane no sale muy bien parado.

Yo no creo que el personaje de Gary Cooper sea un egoísta que involucra a civiles inocentes en sus querellas personales y tampoco lo veo como un idiota que arriesga la vida por nada. Considero que es, ante todo, un profesional comprometido y honesto. Alguien que cree que su oficio contribuye a hacer del mundo un lugar mejor y por eso lo desempeña lo mejor que puede. Teniendo esto en cuenta, es normal que regrese a Hadleyville en lugar de seguir con el plan de mudarse a la ciudad una vez casado. Sí, había dejado el cargo, pero su sustituto aún no había llegado y sus dos ayudantes no eran aptos para enfrentarse a Miller, de modo que la conciencia le dictaba que volviera y cumpliera con su obligación. Había dedicado sus mejores años a convertir el pueblo en un lugar pacífico y respetable, ¿por qué arriesgarse a que todo eso desapareciera sin hacer nada sólo porque su contrato había expirado hacía 20 minutos por decisión propia?

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Frank Miller ha llegado a la ciudad.

Además, volver no era ninguna locura en ese momento. Kane todavía era un buen pistolero y, con que sólo un par de vecinos hubieran estado dispuestos a echarle una mano, Miller y sus matones habrían sido derrotados casi con toda seguridad. Pero nadie le quiso echar una mano. Los honrados ciudadanos de Hadleyville le dieron la espalda unánimemente. Ante tal situación, muchos habrían mandado a todo el mundo a la porra y se hubiesen marchado de nuevo y para siempre. Sin embargo, el sheriff decidió permanecer en el cargo igualmente y enfrentarse al peligro en solitario. ¿Por qué sacrificarse por una panda de desagradecidos que no han tenido agallas para defender su hogar?

Para responder a esto habría que remitirse de nuevo al carácter de Kane. Él no se limitaba a cumplir su trabajo, lo hacía porque creía en lo que estaba haciendo. Limpiar la localidad de delincuentes y vicios era su modo de mejorar el mundo, su causa personal. Si no intentaba salvar a los vecinos de Hadleyville (aunque no lo merecieran), eso significaría reconocer que su causa valía lo mismo que ellos, poco o nada. Por otro lado, su sentido del deber sigue presente. ¿Acaso un capitán de barco digno de tal nombre abandonaría su puesto antes de entrar en medio de una gran tormenta sólo porque los pasajeros a su cargo son un asco? No lo haría y Kane tampoco. Se lo debe al pueblo como ente abstracto y se lo debe a sí mismo.

Personas así ha habido muchas a lo largo de la historia, gente que se dejó la piel luchando por conseguir unos derechos y libertades que, en su tiempo, todavía no eran reclamados o valorados por la mayoría de la población. Sin embargo, a pesar de la falta de apoyo, de que no se les respetaba debidamente y de que incluso muchos a quienes buscaban favorecer les rechazaban, ellos siguieron intentando mejorar la sociedad con más o menos éxito. Sin ese tipo de gente, es posible que la humanidad siguiese aún en el Medievo. ¿Por qué ayudar a quien no te pide ayuda? ¿Por qué contribuir a avanzar si a lo mejor después retrocedemos? Como diría Morgan Freeman en “Seven”, el mundo podrá no ser un buen lugar pero vale la pena luchar por él. Y eso es lo que hace Will Kane.

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