Extrañas sucesiones en Juego de Tronos

Juego de Tronos se ha hecho conocida (entre otras cosas) por la gran cantidad de personajes que pierden la vida, víctimas de la guerra o de las conspiraciones. Sin embargo, últimamente está marchándose al otro barrio tanta gente que hasta las más grandes y poderosas familias de los Siete Reinos comienzan a extinguirse. En los últimos episodios de la temporada 5 presenciamos el fin de la verdadera Casa Baratheon, con el asesinato del rey Stannis en las proximidades de Invernalia (5×10), pero ha sido la sexta temporada la que se ha ensañado cruelmente con los principales linajes de Poniente: han desaparecido los Martell (6×01), los Bolton (6×09), los Tyrell y los falsos Baratheon de Desembarco del Rey (6×10), que a pesar de ser realmente bastardos se sentaban en el Trono de Hierro como si fueran legítimos hijos de Robert.

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No es la primera vez que los grandes señoríos cambian de manos por motivos políticos y/o militares, pero desde la Guerra de la Conquista (cuando Aegon liquidó a los Durrandon, los Gardener y los Hoare) no se habían producido tantas extinciones de linajes gobernantes. Y todavía puede haber más, ya que no sabemos si Arya se conformará con las vidas de Walder y sus dos hijos mayores o si matará a todos los Frey (si ha podido infiltrarse en su castillo, cocinar a dos adultos y degollar al señor sin ser vista, puede hacer eso y mucho más).

Sin embargo, la muerte de estas grandes familias no se tradujo en caos, sino que enseguida el vacío de poder en Lanza del Sol, Invernalia, Altojardín y Desembarco del Rey fue ocupado por una nueva generación de gobernantes: Ellaria Arena, Jon Nieve, Olenna Redwyne y Cersei Lannister. Dos hijos ilegítimos y dos madres viudas. ¿Tiene esto lógica?

El ascenso del Bastardo Negro del Muro

No hay nada extraño en que los Stark sustituyan a los Bolton. Al fin y al cabo estos últimos les arrebataron el Norte matando a su patriarca y ellos lo recuperaron haciendo lo mismo (con mayor crueldad, pero Ramsay se lo merecía al 100%). Lo que no está tan claro es que sea Jon quien mande ahora y no Sansa. Como ya traté el tema en esta entrada hace poco, no me enrollaré demasiado. Sólo diré que si en los libros pasa lo mismo y los norteños se decantan por Jon, tendría más sentido porque antes de morir Robb le legitimó y nombró su heredero (para así evitar que los Lannister se apoderasen de su reino a través de Sansa si él moría sin descendencia). Es verdad que la carta que contiene esa última voluntad está hoy perdida, pero podría reaparecer y entonces no habría nada más que hablar.

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¡El Rey en el Norte!

Sin embargo, en la serie el panorama es diferente. Robb y su esposa Talisa iban a tener un bebé y por tanto no hubo legitimación, con lo que la decisión casi unánime de nombrar a un bastardo, presunto desertor de la Guardia, amigo de los odiados salvajes y buen guerrero pero mal general se me hace forzada. No es que Sansa fuese una candidata mucho mejor (con todo el lío de sus matrimonios bígamos), pero con su legitimidad bajo el brazo y el apoyo del Valle, que no tenía razones para no entronizarla, era en mi opinión la sucesora lógica. Pero nunca se pueden subestimar los efectos producidos por el discurso patriótico de una niña de 12 años, sobre todo si se llama Lyanna Mormont.

El trágico día de las madres

Cuando Mace fue vaporizado junto a sus hijos en el Septo de Baelor y Tommen se estampó contra la acera, sus respectivas progenitoras les reemplazaron en sus cargos, lo que contradice abiertamente todas las normas de sucesión vigentes en Poniente. Cersei podrá haber sido esposa de un rey Baratheon y (oficialmente) madre de dos reyes Baratheon, pero no posee sangre Baratheon. Y lo mismo ocurre con Olenna y los Tyrell.

A quien correspondería heredar la corona y el señorío de Altojardín es a los familiares más próximos de Mace y Tommen por parte de padre. Si bien ambos apellidos parecen extintos, candidatos no deberían faltar, ya que por los libros sabemos que los señores supremos de Poniente solían emparentar con sus propios vasallos (lo de formar alianzas matrimoniales con otros señores supremos fue una moda más reciente) y eso quiere decir que cualquier familia importante del Dominio o las Tierras de la Tormenta podría tener una antepasada Tyrell o Baratheon sobre la que cimentar un reclamo. Sin embargo, ninguno de los posibles herederos solicita los títulos. ¿Por qué?

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“¡Quemadlos a todos!”

En el caso del Trono de Hierro, la falta de pretendientes se explica fácilmente. Nadie sería tan estúpido como para presentarse ante Cersei Lannister (destructora del septo de Baelor, exterminadora de rivales políticos y asesina de masas) y decirle:

“Muy buenas, Lady Lannister. Resulta que mi abuela era prima de la abuela de Robert, así que creo que el trono debería ser mío y no suyo. ¿Le importaría convocar un Gran Consejo para que se debata la cuestión?”.

Si hubiese alguien tan inconsciente, sólo podrían pasarle dos cosas, una buena y una mala (y la buena es que le cortasen la cabeza nada más terminar de hablar). Si Cersei es ahora la reina no es porque tenga derechos sucesorios que legitimen su ascenso, sino porque a ella le da la gana ser reina. Ha matado a todo aquel que se oponía a su poder y es quien tiene el mayor ejército del continente (y mira que es difícil, después de tres años de guerra). Como Renly, pero más descarada todavía. Claramente, todo aquel que desee arrebatarle la corona lo tendrá que hacer por la fuerza.

¿Y cómo van de fuerza los señores de las Tierras de la Tormenta? Dado que no se les volvió a ver desde la segunda temporada, es de suponer que muy mal. Su región no es de las más habitadas y seguramente perdió a casi la mitad de su población masculina en edad militar durante la batalla del Aguasnegras, lo que ha hecho que pueda ser controlada sin problema por una guarnición Lannister. La única opción para un hipotético pretendiente sería lograr apoyo en otros reinos, pero el Norte y el Valle han optado por la independencia y Dorne y el Dominio por los Targaryen. Con este panorama, normal que nadie se anime.

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“Cersei me ha robado el futuro. (…) No es supervivencia lo que busco.”

Con respecto a la sucesión en Altojardín, las cosas son mucho más complejas. Que Olenna se haya convertido en la nueva señora suprema del Dominio tiene varias explicaciones. Por un lado, teniendo en cuenta que su hijo Mace era un bobo y su marido Luthor parece que también, no es aventurado suponer que ella ha sido la auténtica gobernante de la región durante los 50 últimos años. Así pues, el vacío de poder provocado por la desaparición de los Tyrell sólo es teórico: en la práctica, sigue mandando la misma persona que lo ha hecho siempre. Gracias a sus contactos, forjados a lo largo de toda una vida, es posible que la Reina de las Espinas no haya tenido problemas a la hora de perpetuarse en el cargo.

Por otro lado, la existencia de un buen número de familias con derecho a heredar (Florent, Hightower, Redwyne, Tarly o Fossoway) no hace sino favorecer la permanencia de Olenna. Demasiados candidatos poderosos para un único puesto. Cuando en los libros se dan casos similares, se tiende a dejar que la viuda del último señor asuma el mando hasta su muerte, posponiendo así el problema para más tarde. Pero aunque quisieran solucionarlo ya, haría falta tiempo para discutir y un árbitro que tomara la decisión final en caso de no haber acuerdo. Pero ni hay árbitro (la reina actual es Cersei, responsable del asesinato de los últimos Tyrell) ni tiempo (una guerra entre el Dominio y el Trono de Hierro es inminente).

Teniendo esto en cuenta, quizá los hipotéticos candidatos hayan pensado que no conviene cambiar de caballo en el medio del río y que lo mejor es dejar de lado sus diferencias, unirse en torno a la Reina de las Espinas (una líder contrastada) en estos tiempos difíciles y luego esperar a que fallezca para comenzar la disputa por la posesión de Altojardín. Aunque si los últimos rumores son fiables, no me extrañaría que alguien no tuviese paciencia suficiente. No miro a nadie, Lord Tarly.

Los dornienses deben estar locos

Aunque no sabemos si ostenta el título de princesa, Ellaria Arena es ahora quien manda en el principado sin que aparentemente nadie se haya molestado. Y eso de que todo Dorne sea partidario de que su nueva líder sea una bastarda (que ni siquiera es de sangre Martell sino Uller) me resulta bastante extraño. Es verdad que en esa zona los hijos ilegítimos no están tan mal vistos como en el resto de Poniente, pero de ahí a convertirlos en grandes señores así por las buenas va un mundo. Por ejemplo, la propia Ellaria no pudo casarse con Oberyn en su momento debido a su bajo nacimiento y tuvo que conformarse con ser su concubina. ¿Y ahora puede dirigir los destinos de Dorne tranquilamente?

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Madurez y diplomacia.

Las barreras socio-culturales no caen de la noche a la mañana y si un bastardo consigue un ascenso de tal calibre es porque ha hecho una gran cantidad de méritos para conseguirlo y cuenta con importantes apoyos entre las élites. En la serie, las grandes Casas de Dorne (como los Yronwood, los Dayne o los Wyl) ni se mencionan y la única explicación que nos dan es una mención de que Ellaria es una figura enormemente popular entre la población, pero hasta la fecha los espectadores únicamente la hemos visto despotricar como una loca, envenenar a una cría inocente y apuñalar a traición a su “cuñado” minusválido. Si es una heroína en su tierra, cómo serán los demás. Por otro lado, si la gente de Dorne ama a su familia real hasta el punto de considerar la muerte de dos de sus integrantes como una ofensa nacional que merece ser vengada con sangre, ¿cómo es que siguen a una mujer que ha matado al mismo número de príncipes Martell que los Lannister? ¿Acaso nadie piensa que este modo de vengar a Oberyn habría horrorizado al propio Oberyn al que tanto adoran y respetan?

Lo mires como lo mires, cuando no hay una incoherencia hay mala exposición. Si por lo que parece ha sido la trama que más ha decepcionado tanto a seguidores de la serie como a fans de los libros, no ha sido por casualidad. Las inconsistencias de Dorne dan para un artículo aparte, que sin duda llegará un día de estos.

PD: Cerebros de hierro

Mención aparte merece lo ocurrido en las Islas del Hierro, donde aunque todo ha quedado en familia sí que se ha producido un hecho muy singular, cuyo precedente es el golpe de Dorne. Euron Greyjoy reclama el Trono de Sal y en un momento dado confiesa haber matado a su hermano, el rey. Su justificación es que Balon era un monarca odioso y odiado que los estaba llevando al desastre y que al matarlo él ha pagado “el precio del hierro” y le corresponde el trono. Lo primero es cierto, nadie lo niega, aunque lo segundo está sacado de la manga claramente. Pagar “el precio del hierro” significa saquear y llevarte todo lo que quieras por la fuerza… pero naturalmente esas cosas hay que hacérselas a los pueblos del continente, que son el enemigo. Ningún legislador en su sano juicio autorizaría a los habitantes de su reino a matarse y robarse los unos a los otros impunemente, pues eso es garantía de desastre.

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Este es el rostro por el que zarparán mil naves en tiempo récord.

El Euron de los libros nunca comete la estupidez de confesar públicamente su crimen, pues sabe que si lo hiciera sería inmediatamente apresado por regicidio y fratricidio. Pero el de “Juego de Tronos” es otro mundo, cada vez más diferente, y en él muchas veces acciones que parecen lógicas y racionales resulta que no quedan bien en pantalla.

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