Reyes, pretendientes y damas de fuego: Viserys I (t)

Este ensayo fue publicado originalmente por Bryndenbfish el 25/06/15.

Después del largo y considerablemente próspero reinado de Jaehaerys el Conciliador, su nieto se sentó en el Trono de Hierro. Validado por el Gran Consejo del 101 DA, Viserys continuaría con el pacífico gobierno de su abuelo: no habrían conflictos con Dorne o la Fe y, dejando de lado una guerra lejana y olvidable entre su hermano y el Reino de las Tres Hermanas, hubo paz y abundancia para todo el mundo. Muchos dan a Viserys buena parte del crédito y comparan su reinado con el de su abuelo El Rey Sabio… ¿pero fue realmente el caso? ¿Era tan buen rey como su predecesor y por ello continuó con su legado como pastor de una edad de oro? ¿O no había sustancia bajo tantos ornamentos? ¿Estaba hecho este monarca de auténtico acero?

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Viserys el Rey de Cobre

La Casa Targaryen nunca volvió a ser tan poderosa como lo fue en tiempos de Viserys.

“El Mundo de Hielo y Fuego”

Sobre el papel, Viserys tenía madera para convertirse en un rey tan grande como su abuelo, incluso antes de su ascenso al poder. Había cabalgado a lomos del temible Balerion hasta que éste murió en en el 94 DC, por causas naturales (lo cual era una hazaña, pues en sus últimos años el dragón había llegado a ser el doble de grande y fuerte de lo que fue en tiempo de Aegon). Las arcas reales estaban repletas, gracias a los proyectos de infraestructuras que Jaehaerys había realizado durante sus años de gobierno para cohesionar sus dominios. Los Targaryen gozaban de muy estrechas relaciones con la mayoría de casas nobles (gracias a la inteligente diplomacia dragoniana de Jaehaerys) y el pueblo llano los adoraba (debido al prestigio de la Buena Reina Alysanne, con sus campañas en defensa de los derechos populares y sus bien planificadas apariciones públicas). Además de Balerion, la familia real disponía de otros muchos dragones que habían llegado a la madurez y, aunque ninguno era tan formidable como El Terror Negro, el hecho de mantener una “fuerza aérea” de mayor magnitud les daba una capacidad enorme para proyectar su poder sobre un espacio más amplio y con una mayor flexibilidad, como Aegon hizo en la batalla de Campo de Fuego. En general, la dinastía había traído a Poniente una nueva edad de oro y disfrutaba de un gran poder, paz y prosperidad.

Viserys gozaba también de mucho potencial: estaba unido por matrimonio con la poderosa Casa Arryn, señores del Valle; era conocido por ser simpático, generoso y amable, todas ellas buenas cualidades a la hora de relacionarse con los vasallos y de forjar sólidas relaciones personales. Cuando Jaehaerys falleció en el año 103 AC todo el reino lloró, pero su sucesor de 26 años se sentaba ahora en el trono utilizando el que sería su rasgo más poderoso: la voluntad colectiva de la nobleza.

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En ese momento, el rey  Viserys, harto de ser acuciado por el tema de la sucesión y sin tener en cuenta el precedente sentado en el año 92 y consolidado en el 101, declaró oficialmente que Rhaenyra sería la nueva princesa de Rocadragón y por lo tanto su heredera.

“El Mundo de Hielo y Fuego”

Sin embargo, pese a todas esas ventajas abrumadoras, Viserys también adolecía de un gran número de deficiencias que menguaban su capacidad para gobernar con eficacia. Al igual que su bisabuelo, Aenys, Viserys siempre procuraba impedir por todos los medios posibles tener que enfrentarse a un conflicto desagradable. También fue conocido por gozar de los placeres de la vida cortesana, de una manera más intensa que su ya mencionado antepasado (quien fue todo un amante del boato). Con los años, a medida que envejecía, Viserys se convirtió en un hombre obeso y plagado de enfermedades, como los problemas de espalda y la gota, que lo debilitaban a tal extremo que apenas podía subir la larga escalitana que conducía al trono. Es de destacar el hecho de que, cuando Balerion falleció por vejez, el todavía príncipe no intentó domar otro dragón, a pesar de que estas mitológicas bestias de aterradora presencia eran la principal fuente de poder de la Dinastía Targaryen y un muy poderoso símbolo del derecho a gobernar.

Estos factores, en conjunto, hacen que sea fácil ver que a Viserys le encantaba disfrutar de las ventajas de ser rey hasta un punto decadente, en franco contraste con su abuelo, que siempre se esforzó por ser un monarca trabajador. Ojo, esto no quiere decir que Viserys no se tomara la molestia de hacer valer su autoridad. Se peleó con su hermano Daemon en muchas ocasiones, llegó a despojarle del título de heredero para dárselo a su hija (luego de que su hermano fuese oído haciendo un chiste de muy mal gusto sobre la muerte del hijo recién nacido de Viserys) y finalmente le desterró, según los rumores porque Daemon “desfloró” a Rhaenyra para así forzarle a que le casara con ella. Estos rumores perseguirían a Viserys hasta la muerte y las constantes visitas de Daemon a su hija en Rocadragón, a pesar de su destierro, no ayudaron. Tampoco el rey fue capaz de detener con sus protestas la boda de su hermano con Laena Velaryon. Y cuando fueron llegando las acusaciones de que los hijos de Rhaenyra con su marido eran en realidad bastardos (lo que de ser cierto los inhabilitaba para sentarse en el trono), Viserys hizo que a todos los que osasen repetir esas acusaciones les arrancasen la lengua.

Cuando le arrancas la lengua a un hombre no estás demostrando que sea un mentiroso, sólo le dices al mundo que tienes miedo de lo que pueda decir.

Tyrion Cap. III. “Choque de Reyes”

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Todos estos episodios antes descritos sirvieron para debilitar la autoridad de Viserys. Al nombrar a su hija Rhaenyra como heredera y pasar por alto a Daemon, en flagrante desprecio al Gran Consejo del 101, hizo saber que el monarca pensaba que su voluntad particular estaba por encima de la de todos los nobles y tradiciones del reino juntas. Su hermano, que había llevado a aquel consejo a un grupo de hombres armados, fue uno de sus más feroces partidarios y a punto estuvo de llegar a las manos para que los reunidos en aquella sesión diplomática le coronasen en el acto y sintió hondamente su decisión. Para empeorar las cosas, Viserys llevó a cabo esta medida después del incidente del chiste de mal gusto, con lo que dio la imagen de ser un monarca vengativo y muy fácil de provocar. Luego, el hecho de que Daemon se casase con quien le diese la gana, estando además desterrado, supuso una burla enorme a los edictos regios, dejando a Viserys como alguien cuyas leyes se pueden desobedecer, un rasgo nada deseable en un monarca.

Y cuando exigió que nadie hablase mal de los hijos de Rhaenyra, a pesar de que (incluso para los estándares de Poniente) había una buena cantidad de pruebas que señalaban a Harwin Strong como el auténtico padre biológico, el rey proyectó una imagen de sí mismo como alguien que se niega a escuchar la verdad o al que resulta fácil engañar y manipular. Por supuesto, realmente era presa fácil de la manipulación de los elementos ambiciosos de su corte. Verdes y negros competirían abiertamente por la autoridad y el poder y Viserys se limitaría a hacer concesiones vacuas que no detenían las intrigas políticas. Mientras que su abuelo Jaehaerys fue un experto diplomático capaz de hacer concesiones efectivas, Viserys (sin autoridad para respaldar sus decisiones y sin habilidad para poner paz entre sus fieros cortesanos) se limitó a reaccionar ante los síntomas y no afrontó nunca la causa de todos los problemas, con lo que al final lo único que consiguió fue atrasar la guerra hasta después de su muerte, en lugar de impedir que estallara.

Estrictamente hablando, lo más parecido al reinado de Viserys fue el mandato como señor de Roca Casterly de Tytos Lannister, débil y deseoso de agradar. Igual que Viserys, comía más de la cuenta y ello repercutió negativamente en su salud (hasta el punto de que subir una escalera le mató). Como Viserys, Tytos no estaba dispuesto a utilizar su autoridad para terminar con las manipulaciones que sus vasallos urdían en su contra. Tytos es una versión de Viserys llevado al extremo en su tendencia a evitar cualquier conflicto, llegando tan lejos como para no imponer el cobro de deudas por miedo a un enfrentamiento con su vasallos morosos. Quizá deberíamos detener la comparación aquí, pues sería hasta cierto punto injusto para con Viserys.

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La corte de Viserys. Un cordero al frente del rebaño

Cuando se habla de Viserys, una de las cosas más interesantes es lo anodino que resulta el personaje cuando se le compara con los integrantes de su corte. No tiene la ambición voraz de los Hightower, ni la colorida violencia de Daemon y tampoco protagoniza una relación sexual tan complicada como la de Rhaenyra y Criston “Hacedor de Reyes” Cole.

El Príncipe Daemon mejoró el armanento y el entrenamiento de la Guardia de la Ciudad y les dió capas de color oro, lo que les llevó a ser conocidos como Capas Doradas desde entonces y hasta el día de hoy.

“El Mundo de Hielo y Fuego”

Gran parte del problema de Viserys con su hermano es que el Príncipe Pícaro siempre consigue ser en el centro de atención. Hasta durante el reinado de Jaehaerys, Daemon daba problemas. Cuando se celebró el Gran Consejo del 101, el todavía infante trajo un pequeño contingente de hombres con armas a la asamblea clamando por la coronación de su hermano mayor. Sin embargo, al final se vio que tal gesto dramático no era necesario en absoluto, dado que Viserys ganó la votación por 20 a 1, pero muy pocos olvidaron que Daemon Targaryen había estado dispuesto a pegar o herir a quienes no opinaban lo mismo que él durante una reunión diplomática, una acción con la que no se hizo de querer, precisamente, entre la nobleza ponienti y no le auguraba un reinado tranquilo en el caso de que Viserys no tuviera un varón, cosa que parecía que no iba a suceder.

El príncipe Daemon fue siempre una figura colorida pero poco implicada en las instituciones y, cuando se hizo evidente que no iba a suceder a su hermano, optó por lanzarse a una guerra de conquista en los Peldaños de Piedra, para así convertirse en rey de algo. Esta guerra contra el Reino de las Tres Hermanas mantuvo a todo mercenario o caballero de los Siete Reinos ocupado durante un tiempo, pues la esperanza de ganar en ella dinero y títulos de nobleza atrajo a mucha gente de armas al combate. El rey Viserys apoyó a su hermano en la empresa, probablemente asesorado de las bondades que supondría para Poniente disponer de un corredor marítimo comercial libre de piratas y otros oportunistas. Financiado por el tesoro real, Daemon obtuvo cuantiosas conquistas, pero cuando Essos creó una nueva flota y Dorne se unió a la contienda en su contra, la invasión se convirtió a la larga en un fracaso.

La idea de que el monarca también apoyó la invasión de Daemon para “mantenerlo ocupado” lejos de la capital ofrece una comparación histórica. En el siglo XVI, el regente de Japón Hideyoshi puso fin a un largo período de guerras entre los señores regionales, pero la paz iba a ser complicada con tanto veterano de guerra rencoroso e improductivo rondado por el país. Su solución fue simple: exportar a toda esa gente a una guerra con Corea, canalizando así sus ánimos contra un oponente foráneo y manteniéndolos lejos. Al igual que Daemon, los japoneses lograron grandes avances al principio de la contienda, pero la mejor capacidad naval coreana y la guerra de guerrillas minaron sus fuerzas y, cuando la dinastía china Ming (que adivinó que en caso de caer Corea ellos eran los siguiente) dio a los invadidos refuerzos, la campaña quedó paralizada y finalmente fracasó. En el 115, Daemon dejó los Peldaños de Piedra. Su ambición de crear un proto-reino de su propiedad había fracasado.

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Los Hightower también demostraron ser particularmente ambiciosos durante el reinado de Viserys. Otto Hightower, la última Mano del rey Jaehaerys, trajo consigo a la corte a su pequeña hija Alicent para atender al envejecido y agotado monarca en la etapa final de su vida. Viserys y ella contrajeron matrimonio cinco años después, en medio de rumores difamatorios que decían que el aún príncipe la había desflorado mientras ella estaba en la corte y otros sugerían que ella había logrado llevarlo a la cama con la reina Aemma todavía viva y agonizando. Antes de que se hiciera público el polémico futuro enlace, se habló de una boda entre Viserys y Laena Velaryon, hija del Serpiente del Mar y de La Reina que Nunca Fue, con la esperanza de reconciliar las divisiones familiares surgidas a raiz de la decisión del Gran Consejo de primar la línea de Baelon sobre la de Rhaenys. Un hijo nacido de la unión de Viserys y Laena hubiera puesto fin al faccionalimo en la familia real, pero no hubo suerte, ni ganas. El rey se casó con Alicent y los verdes dieron saltos de alegría cuando nació Aegon (futuro Aegon II) y logró superar el año de vida. Las semillas de la Danza de Dragone no tardarían en dar el fruto inevitable.

El extraño caso de Criston Cole ayudó sin duda a exacerbar las tensiones dentro de la cancha y muy en especial con Rhaenyra. Este guardia real, apuesto y galante, no pasó desapercibido a la princesa, que le pidió que fuese su espada juramentada, algo que el rey consintió. Ser Cole llevaría el favor de Rhaenyra en los torneos, algo que no constituía una actitud muy escandalosa (que un guardia en un torneo llevara el favor de una dama de la familia real era habitual y que Criston Cole defendiera a la princesa se podía ver como una prueba del razonable amor cortés que un miembro de la Guardia le podía profesar a su señora). Lo que sí fue escandaloso fue la extraña riña entre los dos. Con la bella Rhaenyra desposada con su primo homosexual Laenor Velaryon (una maniobra evidente de Viserys para reconciliarse con Serpiente del Mar) y con el ardiente Cole ahogándose en su voto de celibato, era inevitable que algo malo pasara y los sentimientos entre ellos se agriaran.

El septon Eustace dio la hipótesis de que Cole sugirió a Rhaenyra fugarse juntos a las Ciudades Libres y ella despreció esa posibilidad y le afeó ofrecerle una vida indigna de una reina, mientras que Seta, el bufón de la corte, afirma que Rhaenyra intentó seducirlo y él se horrorizó, por lo que la princesa buscó consuelo en el fornido caballero Harwin Strong, su siguiente espada juramentada. Sea cual sea la verdad, emergió entre ellos una amarga enemistad que quedó patente cuando Cole machacó a Strong y a Joffrey Lonmouth (amante de Laenor Velaryon) en un torneo, muriendo este último a consecuencia de las heridas. La realidad estaba clara: nadie que fuese amigo de Cole podría serlo de Rhaenyra y viceversa, lo que significa que la heredera al trono y el comandante de la guardia regia son rivales a muerte y pueden tener un conflicto. Si uno de los dos daba el paso, el reino podía sangrar.

Los peligros del gobierno perezoso

Se dice que Viserys gobernó bien y mantuvo la paz y la prosperidad que caracterizaron el reinado de su abuelo, pero la cuestión no es hasta cuándo fue capaz realmente de mantener dicha paz. ¿Fue un buen rey o simplemente tuvo la suerte de subir al trono después de una larga y próspera paz, creada y consolidada por otro, teniendo él solo que acomodarse y dejarse llevar por la corriente? Al fin y al cabo, las grandes innovaciones de Jaehaerys en materia de infraestructura fueron las que ayudaron al reino a mantenerse en paz, junto a su medida diplomacia draconiana, pero no conocemos nada a lo que podamos poner el sello de Viserys… y eso que reinó más de un cuarto siglo. Daemon creó, en el año 104 DA, la Guardia de la Ciudad tal y como la conocemos (con capas doradas, buenas armas y un entrenamiento decente), pero esto parece ser más una iniciativa personal que una orden del rey, al igual que la Guerra de los Peldaños de Piedra.

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La paz es hermosa, mi señora, ¿pero en qué condiciones? No sirve de nada convertir nuestras espadas en arados si al día siguiente hay que volver a forjarlas.

Catelyn, cap. XI “Juego de Tronos”

De hecho, resulta difícil encontrar cualquier logro que pueda atribuírsele a Viserys. Desde un punto de vista objetivo, simplemente mantuvo el status quo heredado y administró mal las tensiones entre las dos bandos que polarizaban su corte y que no esperaron ni siquiera a que su cadáver se enfriara para empezar a darse golpes. Es aquí donde vemos la clave del ensayo anterior y probablemente mi conclusión más polémica hasta hoy: la paz no es intrínsecamente superior a la guerra, es cierto que es un gran logro, pero requiere vigilancia y apoyo constante. Una “buena” paz no consiste solo en la ausencia de guerra, sino también en la falta de tensiones internas. Una paz ocupada y productiva es una gran cosa, una edad de oro para un país que puede aportar muchos avances en campos como la ciencia, la tecnología y el arte… y eso fue lo que Jaehaerys estableció durante su largo reinado en el Trono de Hierro.

Viserys sólo mantuvo los elementos superficiales de la herencia recibida y, poco a poco, la atención al reino que Jaehaerys fomentó se convirtió en atención a la realeza y así llegó la decadencia. Con la decadencia llegó el ego y, con el ego, la guerra civil… y todo a raíz de la perezosa paz de Viserys. Con el monarca dedicado a la autocomplacencia y al engorde, haciendo caso omiso a la infidelidad flagrante de su heredera (en un mundo donde las líneas de sangre son vitales para las actividades socio-políticas), ignorando los precedentes que le colocaron a él mismo en el Trono por delante de su primo Laenor y no tomando medidas contra la manipulaciones tóxicas de los bandos que tensionaban su corte, el colapso era inevitable. Esconder la cabeza en la arena no es una gestión apropiada para un reino dividido en dos mitades que buscan una razón para llegar a la manos. Si se tuviera que graduar la escala de responsabilidades del estallido de la Danza de Dragones, sin duda Viserys ocuparía el primer puesto, por delante incluso del Príncipe Pícaro.

Conclusión

Por supuesto, Viserys se merece algo de crédito por haber mantenido la paz que Jaehaerys edificó y mantuvo con tanto trabajo. Al continuar con muchas de las políticas que su abuelo había empezado logró mantener el reino unido (más tiempo de lo que habría estado si hubiese decidido tomar otros derroteros) y la tesorería siguió creciendo gracias a un aumento de ingresos del comercio y tributos que sólo una paz larga puede proporcionar. De este modo, evita la condena total que sí se merecen otros monarcas como Aegon el Indigno o Aerys el Loco y se salva de ser catalogado como uno de los peores de la dinastía.

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Pero Viserys no merece alabanzas por su gobierno perozoso y autocomplaciente. Si no hubiera sucedido a Jaehaerys, es posible que se hubiese demostrado como un rey ausente, igual que Robert Baratheon pero sin ninguna de sus cualidades (carisma personal y perspicacia militar). Con todos sus defectos, Robert podía idear una campaña bélica exitosa y forjar grandes coaliciones. Viserys no tenía ninguno de esos rasgos. Al final de la corrida, se trata de un gobernante en última instancia olvidable con una reputación inmerecida de buen gobernante debido a que su abuelo se encargó de dejárselo todo hecho. Como rey, Viserys conservó sin progresar. Fue por pura suerte que nunca se enfrentara a una invasión extranjera, una devastadora peste o una rebelión interna, por lo que nunca vimos el temple del monarca realmente puesto a prueba. Se vio eclipsado y arrollado por Rhaenyra, Daemon y los Hightower y sus débiles esfuerzos para preservar la paz solamente dejaron estancada la guerra hasta su muerte. La historia es amable con él porque reinó en una época de paz, pero su falta de acción trajo una guerra devastadora y es hora de retirarle ese cariño que no merece.

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