“Shock” & “Coma” (Robin Cook) Parecidos razonables

Si algún día se hace una lista de las cosas que provocan que la gente tenga miedo de ir a un hospital, seguramente los libros de Robin Cook (1940) tendrán un lugar en ella. Con más de treinta novelas a sus espaldas, la mayoría de temática policiaca, este autor neoyorkino lleva sembrando intriga y terror entre sus lectores desde 1972. Yo, concretamente, he leído cinco de sus obras: La esfinge (la más atípica de todos, por no tener relación, ni siquiera colateral, con el mundo de la medicina), AbducciónCeguera asesina, Coma y Shock.

Estas dos últimas son las que voy a analizar en este artículo. No porque me pareciesen unas narraciones buenas y entretenidas (que me lo parecieron, bastante más la primera que la segunda) sino porque a pesar de haber sido escritas con más de dos décadas de diferencia (Coma en 1977 y Shock en el 2001),  tienen una enorme cantidad de puntos en común, síntomas quizás de un caso de plagio auto-infringido.

operation_at_dark_arts_asylum_by_suilenroc
Que comience la intervención. Habrá SPOILERS.

Los dos libros tratan sobre siniestras conspiraciones médicas que implican asesinatos y extracciones ilegales de órganos.

En Coma, los jefazos de un famoso hospital de Boston se dedican a hacer negocios en el mercado negro de trasplantes de órganos. Cada cierto tiempo seleccionan a un paciente joven y sano y lo envenenan en la mesa de operaciones con monóxido de carbono para causarle la muerte cerebral y dejarlo en estado vegetativo. El crimen se camufla como un suceso natural imprevisto o como un desgraciado accidente y el hospital ofrece a los familiares hacerse cargo de los cuidados del comatoso en un instituto anexo, donde lo ponen colgado de hilos cual si fuese un jamón en un supermercado y le roban órganos cada vez que hay un “cliente” que los necesite.

En Shock, los directores de una clínica de fertilidad extraen más óvulos de los debidos a las donantes voluntarias del Primer Mundo (a veces incluso quedándose con todo un ovario o con los dos si, “casualmente”, la chica muere) para luego poder usarlos en experimentos macabros destinados a hacer avanzar la biomedicina en el campo de la clonación y las células madre. También disponen de muchas nicaragüenses pobres a las que vaciar a placer (en muchos casos obligándolas a quedarse embarazadas para que ovulen) y no tienen prejuicios para meter óvulos humanos en cerdos para ver qué pasa. Todo sea por la ciencia… y por llenarse los bolsillos, naturalmente.

Las protagonistas son chicas jóvenes, bellas, con estudios y una aversión a marcar el 091.

En Coma, una estudiante de medicina en prácticas de 23 años llamada Susan Wheeler se da cuenta de que algo rato está pasando en el Boston Memorial cuando dos pacientes, a los que había conocido antes y que estaban claramente sanos, entran en coma tras pasar por el quirófano para operarse de sendas lesiones menores. Extrañada por estos trágicos sucesos, la intrépida joven empezará a investigar e irá dándose cuenta de la malvada trama que se está gestando en el lugar donde teóricamente se cuida de la salud de los demás.

En Shock no tenemos una heroína, sino dos: Johanna Cochrane y Deborah Meissner, un par de amigas que deciden ganar un dinero extra para pagarse los estudios donando óvulos. Un plan  que les parece genial porque de paso también hacen un favor a mujeres infértiles deseosas de abrazar la maternidad. Sin embargo, tras licenciarse, la curiosidad las lleva a intentar averiguar el destino de sus óvulos y como los de la clínica se niegan a decirles nada y actúan con mucho secretismo, ellas se obsesionan cantidad e inician una cruzada de espionaje para descubrirlo, dándose entonces de bruces con la conspiración.

WHERE22
Dramatización.

En ambos casos, las tres chicas siempre van en plan avanzadilla, adentrándose en tierras muy peligrosas y sin avisar en ningún momento a las autoridades, cosa que sí hacen  sus partenaires masculinos (el Dr. Bellows y el Dr. Williams, respectivamente) y gracias a ello se salva más o menos la situación… o no.

Hay un doctor veterano que parece ser bueno pero al final es malo y las traiciona.

En Coma, este papel es ejercido por el doctor Stark, que no sólo participa del complot sino que es uno de los que más pacientes ha conducido a la muerte en vida. Y aunque está cansado y solo desea retirarse de la profesión, no tiene ningunas ganas de que le pillen, de modo que al final atrapa a la pobre Susan, la deja inconsciente y la lleva derechita al quirófano con la excusa de una operación de apendicitis para convertirla en otro vegetal más al que extraer órganos a porrillo.

En Shock es el doctor Wingate en quien Deborah y Johanna confían para que las ayude a escapar (un acto poco inteligente, pues si en una clínica pasan tantas barbaridades no es lógico pensar que la persona que la dirige  -y que le da nombre- lo ignore todo). Y, como era de esperar, el tipo finge ayudarlas pero en verdad lo que hace es engañarlas y entregárselas en bandeja a sus compinches para que les interroguen y luego las maten.

El final es muy abierto y los malos tienen la última palabra.

En ambas novelas, Cook silencia a los héroes en el penúltimo capítulo y les otorga el protagonismo a los villanos (el doctor Stark y los cabecillas de la clínica de fertilidad) en el último acto, sin aportar una conclusión 100% definitiva ni para unos ni para otros.

coma-dr-susan-wheeler-put-under-for-surgery-genevieve-bujold

En Coma, el doctor Stark está medio de la falsa operación que ha montado para poder deshacerse de Susan. Está que se sube por las paredes a causa de los nervios y no para de mirar la cantidad de monóxido que está inhalando la joven (al llegar a una determinada cantidad, muerte cerebral y asunto solucionado). De repente, el doctor Bellows entra en el quirófano acompañado de dos policías con bata y desconecta la bombona de oxígeno falsa que intoxicaba a Susan. Stark se da cuenta de que las cosas están yendo mal para él.

Queda claro que el villano no va a poder escapar y posiblemente irá a prisión (aunque no puede descartarse que se resista al arresto y pierda la vida en el proceso), pero él solo es un eslabón más de la cadena y en el complot están metidas las más altas esferas del hospital y gente muy rica y poderosa. Está por ver que el largo brazo de la ley logre llegar hasta todos ellos, hacer justicia y poner fin definitivo a su sangriento chiringuito de una vez por todas.

Por otro lado, el destino de Susan se deja completamente en el aire. Sabemos que Bellows la desconectó del respiradero, pero no sabemos si lo hizo a tiempo para evitarle un destino horroroso. Las opciones son numerosas y variadas: podría quedar en coma para siempre como el resto de infelices víctimas de la trama, despertar sana y salva (una previsión muy optimista, siendo que estuvo respirando el gas un buen rato) o hacerlo sufriendo daños cerebrales de mayor o menor gravedad (migrañas constantes y dolorosas, trastornos psicológicos o deficiencia mental…). A elegir.

2204488tfphoalyl6fovnr2ljanu6zfg6xnplqyfkbp39vm3zlubidgcna4jl5scxxb2wtq8h0swoyom3uxhtvywcq3a

En Shock, el doctor Wingate y sus pérfidos secuaces Paul y Sheila charlan sobre lo que ha sucedido. El negocio les va viento en popa, pronto se trasladarán al extranjero para poder actuar sin ninguna legislación de la que preocuparse y las dos chicas que tantos problemas les han causado están en esos momentos retenidas en el sótano de una finca cercana, donde las interrogan para saber cómo han podido molestar tanto y así reforzar la seguridad. Pero en ese momento el sicario Kurt, encargado del interrogatorio, aparece nervioso y les dice que hay un fiscal del Estado y varios funcionarios en la finca con una orden de registro (Williams avisó a las autoridades de la desaparición de las chicas y, como su padre tiene influencias, le hicieron caso).

Tras hacer lo imposible para retrasarlo, el registro está en marcha mientras hablan. Paul le pregunta dónde están las dos jóvenes y él responde que aún siguen en el sótano pero que el fiscal las acabará encontrando. Los villanos calculan que, hasta que los policías descubran a las raptadas y vayan a por ellos, pasarán por lo menos 30 minutos, así que activan el código rojo: la clínica se trasladará a un país extranjero más permisivo y ellos también (ya tenían un avión privado preparado), una vez destruyan la documentación que demuestre lo que han estado haciendo. Así pues, todo indica que lograrán escapar, seguirán en activo y en un futuro cercano se harán de oro, aunque la posibilidad de que los atrapen sigue ahí.

En cuanto a Johanna y Deborah, sabemos que continúan en el sótano y que, pronto, las encontrarán en cuanto profundicen en el registro. Ahora bien, no se nos aclara algo muy importante: ¿están vivas? Podría ser que las hubiesen matado al aparecer el fiscal en la puerta, ya que dos cadáveres son mucho más fáciles de esconder que dos rehenes y a los malos no les interesaría dejar testigos. Sin embargo, no podemos descartar tampoco que, con las prisas y el nerviosismo, Kurt se limitase a dejar a las dos atadas y amordazadas (o inconscientes) mientras ponía trabas a los funcionarios y luego corría a dar la alarma a sus superiores. ¿Quién sabe?

dd30c03388e54e86f79cb7d81fbe9450

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s