Juego de Tronos 4×07. Cuando Meñique dejó de ser Meñique

El caos no es un foso. Es una escalera. Muchos intentan subirla y fracasan… Nunca podrán hacerlo de nuevo. La caída los destroza. A algunos se les da la oportunidad de subir, pero la rechazan. Se aferran al reino, o a los dioses, o al amor… espejismos. Solo la escalera es real… el ascenso es todo lo que hay.

Petyr Baelish, señor de Los Dedos, pronunció esta frase en el episodio 6 de la tercera temporada de Game of Thrones. Aunque no fue escrita por George R. R. Martin sino por los showrunners Bernioff y Weiss, lo bien cierto es que capturó perfectamente la psicología del personaje. Lord Baelish, más conocido como Meñique, es un individuo manipulador, amoral, traicionero, ambicioso y por encima de todo inteligente. En palabras de Varys, el segundo hombre más astuto (y por ende el más peligroso) de los Siete Reinos.

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Desde que Brandon Stark le propinase una paliza, Meñique no ha hecho otra cosa que vivir para ascender, utilizando todas las estrategias, trampas y traiciones posibles, sin importarle desencadenar atroces conflictos para sacar beneficio de ellos. Y así, gracias a sus manejos, este pequeño señor de escasísima alcurnia llegó a convertirse en miembro del gobierno, señor de Harrenhal y regente del Valle de Arryn. Sin embargo, cuando el material de Martin se terminó y la serie se vio obligada a adelantar a las novelas, la famosa astucia de Lord Baelish pareció esfumarse de repente.

El sinsonte pierde fuelle

Aunque algo más obvio y menos sutil (y con alguna que otra metida de pata), el Meñique televisivo hizo a grandes rasgos lo mismo que el literario, desde organizar el asesinato de Jon Arryn hasta sacar a Sansa de la Fortaleza Roja y trasladarla de incógnito al Valle. Por el camino, fingió ser un solícito colaborador de los Stark, los Lannister y los Tyrell y a todos ellos los traicionó sin que se enteraran, manteniendo así su amistad o al menos no ganándose su odio. Una trayectoria digna del pérfido intrigante que es, capaz de encontrar siempre un modo de conseguir sus objetivos sin importar los obstáculos que se le presenten.

Mas todo eso estaba a punto de cambiar. Los showrunners no tenían intención de llevar a la pequeña pantalla la historia que ocurría en el Valle en Festín de Cuervos, de manera que precipitaron los acontecimientos para que la verdadera identidad de Sansa les fuera revelada a los señores de la región mucho antes de tiempo. Y de resultas de esos cambios, Meñique quedó como un verdadero idiota en numerosas ocasiones.

Sin título

Su primer acto poco lógico fue el de camuflar a Sansa no como su hija ilegítima Alayne Piedra, sino como su “sobrina Alayne” (sin especificar si bastarda o no). ¿Por qué hizo tal cosa? No tenía ningún sentido cambiar el disfraz. Primero porque se pierde la gracia de ver al infame Meñique tomando prestada una página del libro del honorable Ned Stark.

—Alayne suena muy bien. —Sansa esperaba ser capaz de recordarlo—. Pero ¿no podría ser hija legítima de algún caballero que os sirva? Quizá murió heroicamente en la batalla y…
—No tengo ningún caballero heroico que me sirva, Alayne. Semejante historia sólo atraería las preguntas indeseadas como un cadáver atrae a los cuervos. En cambio, es de mala educación curiosear sobre el origen de los hijos naturales.

Tormenta de Espadas. Sansa VI

Y segundo porque Petyr Baelish no tiene más familia que él mismo, por lo menos en los libros. La HBO no ha dicho lo contrario, así que lo lógico es pensar que tampoco tiene en la serie. Si es así, la decisión de camuflar a Sansa como su sobrina sería un fallo enorme, más aún teniendo en cuenta que la Casa Baelish es originaria del Valle. Si algún noble o cazarrecompensas no viese claro el asunto, no tendría más que enviar mensajeros a Los Dedos y otros rincones del territorio para darse cuenta del engaño. Y de ahí a llegar a la conclusión de que la chica pelirroja (ya que tampoco le tiñe el pelo) es Sansa, la fugitiva más buscada, hay un paso.

¿Medrando en el caos?

Tanto en las novelas como en la serie, no cabe duda de que la pobre desquiciada de Lysa Arryn estaba condenada a morir desde el mismo instante en que aceptó convertirse en la esposa de Petyr Baelish. Administrar el Valle en su nombre sería una posición de lo más apetecible para cualquier arribista normal, pero las ambiciones de Meñique no se sacian así como así (él desea una posición más influyente y una mujer pelirroja más joven) y tarde o temprano se habría desecho de ella. No obstante, acabó siendo temprano porque Lysa se dio cuenta de a quién amaba él realmente e intentó liquidarla, provocando una trifulca que concluyó con su asesinato.

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“Considérate divorciada”.

Al analizar este crimen y los métodos que usó para afrontar sus consecuencias es cuando nos percatamos de que el Lord Baelish de la serie ha perdido totalmente su talento para la intriga y para la manipulación. Y el hecho de que todavía podamos compararlo con su contraparte literario hace que salga aún peor parado.

En los libros

Después de haber visto a Petyr besando a Sansa (o, según ella, a Sansa besando a Petyr) Lysa decide darle a su sobrina el pasaporte al otro mundo. Con ayuda de su protegido, el bardo Marillion, la conduce al salón principal del castillo y una vez allí la pone a parir e intenta tirarla al vacío. Aunque el trovador canta lo más fuerte que puede, Meñique oye los gritos de la niña y entra en la estancia por otra puerta exigiendo explicaciones. Al ver lo que pasa, dedica a su rabiosa esposa palabras amables para apaciguarla.

Pero el bienestar de Sansa no es lo único asunto que está en juego en ese momento: Lysa no para de hablar y está contando turbios secretos de su pasado de forma descontrolada, como su odio visceral hacia Catelyn o su embarazo de Petyr y el aborto forzado al que su padre la sometió. Unos asuntos muy delicados que podrían no ser los únicos en salir a la luz si su esposa no entraba en razón cuanto antes. No debemos pasar por alto esta frase:

— Te entregué mi doncellez. También te habría dado un hijo, pero lo mataron con té de luna (…). No fui yo, yo no lo sabía, me limité a beber lo que me daba mi padre…
—El pasado, pasado está, Lysa. Hoster ha muerto y su maestre también. —Meñique se acercó un paso más—. ¿Has vuelto a beber vino? No deberías hablar tanto. No conviene que Alayne sepa más de lo debido, ¿recuerdas? Y tampoco Marillion.

Tormenta de Espadas. Sansa VII

Claramente, bajo la fachada de marido infiel intentando salvar la vida de su (proyecto de) amante frente a una esposa airada se oculta un implacable conspirador que recuerda a su locuaz compinche que ambos tienen demasiados cadáveres en el armario como para ir proclamándolos a los cuatro vientos y que es mejor que cierre la boca cuanto antes, no vaya a ser que se produzca un estropicio que haya que arreglar por las malas.

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Así empezó todo.

Pero, por desgracia, su advertencia cae en saco roto y se produce el desastre.

—Estamos juntos, tal como has querido siempre, tal como habíamos planeado siempre. Pero suelta a Sansa…
—¡No quiero! ¡La vi besándote en la nieve! Es igual que su madre. Catelyn te besó en el bosque de dioses, pero para ella no significó nada, ¡no te quería! ¿Por qué la amabas a ella? Yo fui la que te lo dio todo, yo, yo, ¡yooo!
—Lo sé, mi amor. —Dio un paso más—. Y aquí estoy. Lo único que tienes que hacer es darme la mano, vamos. —Extendió los dedos hacia ella—. No hacen falta lágrimas.
—Lágrimas, lágrimas, lágrimas —sollozó histérica—. No hacen falta lágrimas… no fue eso lo que me dijiste en Desembarco del Rey. Me dijiste que pusiera las lágrimas en el vino de Jon y las puse. ¡Lo hice por Robert y por nosotros! Y escribí a Catelyn, le conté que los Lannister habían matado a mi señor esposo, tal como me dijiste.

Tormenta de Espadas. Sansa VII

Lysa ha soltado la bomba informativa del siglo (que mató a su primer esposo, que mintió a los Stark afirmando que fueron los Lannister y que ambas cosas las hizo por indicación de Meñique) delante de dos testigos. Sansa tiene suerte porque Meñique la quiere viva y era fácil suponer que, por su juventud y por la traumática situación que estaba viviendo, no iba enterarse de lo que acababa de escuchar. Pero Marillion… ese sí que es peligroso. No sólo porque es un adulto, sino también porque estuvo presente en la posada donde Catelyn arrestó a Tyrion y luego la acompañó durante todo el trayecto desde allí hasta el Nido de Águilas.

Por lo que Meñique sabe, el bardo pudo haber oído en algún momento del viaje que fue su testimonio lo que llevó a Lady Stark a creer que Tyrion preparó el intento de asesinato de Bran. Entre eso y lo que acaba de oir, sería sencillo que el trovador terminase atando cabos y llegase a la conclusión de que la Guerra de los Cinco Reyes fue culpa suya. Dejar a alguien suelto que sabe tanto sobre él no es algo que Petyr Baelish pudiera permitirse bajo ningún concepto. Marillion debía morir. ¿Pero Lysa, ya más calmada, permitiría que su cantante favorito muriese?

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Ella tenía al trovador en alta estima. Permitía que faltase al respeto impunemente a sus poderosos vasallos, le colmaba de oro y regalos caros, despedía a las “mentirosas” criadas que se quejaban de que había abusado sexualmente de ellas… Tal era su aprecio por él que le hizo cómplice del intento de asesinato de Sansa, permitiendo que conociese la verdadera identidad de “Alayne”. Si no le importó que supiese que iba a asesinar a su propia sobrina, ¿por qué no iba a querer que siguiese vivo sabiendo que envenenó a su primer marido? Meñique insistiría en que lo deberían matar para asegurarse su silencio, pero ya sabemos lo que pasa cuando Petyr quiere una cosa y Lysa otra.

—Nos casaremos hora —suspiró Lysa—. He traído a mi septon, un bardo y aguamiel para el banquete de bodas.
—¿Aquí? —Aquello no le gustó en absoluto—. Preferiría casarme contigo en el Nido de Águilas, delante de toda tu corte.
—A la porra con mi corte. Ya he esperado demasiado, no soportaría esperar un minuto más. —Lo estrechó entre sus brazos—. Quiero compartir la cama contigo esta noche, mi amor. Quiero que tengamos un hijo, un hermano para Robert o tal vez una niñita adorable.
—Yo también sueño con eso, cariño. Pero nos convendría mucho más una gran boda pública, a la vista de todo el Valle…
—¡No! —Dio una patada contra el suelo—. Te quiero ahora, esta misma noche. Y te lo aviso, después de tantos años de silencio y susurros pienso gritar cuando me hagas el amor. ¡Voy a gritar tan fuerte que me oirán desde el Nido de Águilas!
—¿Y por qué no nos acostamos ahora y nos casamos más adelante?
—Ay, Petyr Baelish, qué malo eres. —Lady Lysa rió como una niña pequeña— No, he dicho que no. Soy la señora del Nido de Águilas. ¡Te ordeno que te cases conmigo ahora mismo!
—Será como ordene mi señora —dijo Petyr encogiéndose de hombros—. Como de costumbre, no puedo decirte que no a nada.

Así pues, eliminar a Marillion podría traerle problemas con Lysa. Visto lo visto, lo mejor era quitarlos del medio a los dos. ¿Y qué mejor modo de hacerlo que matarla a ella y luego culparlo a él del crimen? Dos pájaros de un solo tiro. Cuando aparecieran los guardias, encontrarían a dos hombres acusándose mútuamente de haber empujado a la señora del castillo por la Puerta de la Luna y a una cría en estado de shock, incapaz de decir nada coherente. Como es natural, la palabra del noble tendría prioridad sobre la del plebeyo y Marillion sería enviado de cabeza a la mazmorras.

Lord Baelish ya tenía a un culpable, pero aún no bastaba. Mientras los señores del Valle recibían la noticia de lo sucedido y comenzaban a prepararse para ir al Nido de Águilas a investigar, habría tiempo más que de sobra para convencer a Sansa para que prestase un falso testimonio y también para obligar al infeliz bardo, por medio de salvajes torturas y mutilaciones, a no rechazar la acusación (y si moría en el proceso, pues “qué le vamos a hacer, se me fue la mano”).

—¿Confiesas tu crimen?— preguntó Lord Nestor.
— (…) La amaba tanto que no soportaba verla en brazos de otro hombre, saber que compartía con él su cama. No quería hacerle ningún daño a mi dulce señora, lo juro. Atranqué la puerta para que nadie nos molestara mientras le declaraba mi pasión, pero Lady Lysa fue tan fría… Cuando me dijo que llevaba en sus entrañas al hijo de Lord Petyr, la… La locura se apoderó de mí…

Como diría Agatha Christie, Meñique se aseguró de presentarle a Lord Nestor Royce y sus acompañantes un caso sólido y cerrado que no pocos señores estaban bien dispuestos a aceptar como auténtico, por las numerosas ofensas que habían recibido previamente por parte del encausado (y por el desprecio que de natural sienten los aristócratas hacia los plebeyos orgullosos y enriquecidos que les imitan y ridiculizan su estatus privilegiado).

Lord Nestor tuvo que aclararse la garganta.
—Ese bardo me dio mala espina desde el principio —gruñó—. Le dije a Lady Lysa que lo echara. Se lo dije, y más de una vez.
—Siempre le disteis buenos consejos, mi señor —dijo Petyr.
(…)
—Nos llamaba cerdos —intervino Ser Albar Royce—. Compuso una canción sobre dos cerdos que hozaban por la montaña y comían excrementos de halcón. Éramos nosotros, pero cuando se lo dije se rió de mí. Me respondió que era sólo una canción sobre cerdos.
—De mí también se burlaba —aportó Ser Marwyn Belmore—. Me puso el apodo de Ding-Dong. Cuando juré que le cortaría la lengua, corrió a escudarse tras las faldas de Lady Lysa.
—Como hacía siempre —corroboró Lord Nestor—. No era más que un cobarde, pero el favor que le mostraba Lady Lysa lo hacía insolente. Lo vistió como a un señor, y le regaló anillos de oro y un cinturón de adularias.

Festín de Cuervos. Sansa I

Eso sí, cargarle las culpas a un plebeyo extremadamente impopular podía librarle de ser ejecutado por asesinato, pero no le garantizaba seguir administrando el Valle. Al fin y al cabo, Lysa había sido tolerada (pese a su inestabilidad mental) gracias a su elevado linaje y a que era la viuda de su antiguo gobernante y la madre del nuevo, pero Meñique no era más que un señor menor de tercera generación y bisnieto de un mercenario extranjero. Muchos no verían con buenos ojos que alguien así les mandase. Por no hablar de que su reputación como lacayo de los Lannister enfurecía a pesos pesados de la aristocracia del territorio como Yhon “Bronce” Royce (amigo y pariente lejano de Ned Stark), que habría luchado junto al Norte si Lysa no hubiese decretado la neutralidad.

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Yhon Royce, señor de Piedra de las Runas.

Nada más conocerse la muerte de Lysa, Yhon Royce se puso en contacto con las familias más importantes del Valle para convencerles de que firmasen un manifiesto en el que se ponía en duda el derecho y la idoneidad de Petyr Baelish para gobernar el territorio y le reclamaban que dimitiera y entragase al pequeño Robalito, que a partir de ese momento viviría en Piedra de las Runas como pupilo de Lord Yhon. Los jefes de las Casas Redfort, Hunter, Belmore, Waynwood y Templeton secundaron su proposición, formándose así el llamado grupo de los Señores Recusadores.

Pero Meñique tenía buenas razones para no asustarse ante esta amenaza, pues durante las semanas que duró su matrimonio no perdió el tiempo y se dedicó a contactar con las élites locales en busca de apoyos que comprar. Un ejemplo de sus maniobras lo vemos cuando soborna a Nestor Royce (el primo “pobre” de Yhon) dándole lo que siempre había querido: el título de señor de las Puertas de la Luna, el segundo castillo más importante del Valle.

Sansa observó como Royce desenrollaba el pergamino.
—Esto es… Esto es muy inesperado, mi señor.
La niña se sobresaltó al ver lágrimas en sus ojos.
—Inesperado, pero no inmerecido. Mi señora os tenía en más estima que a ninguno de sus banderizos. Me dijo que erais su roca.
—Su roca. —Lord Nestor se sonrojó—. ¿De verdad dijo eso?
—Muchas veces. Y esto —añadió señalando el pergamino con un gesto— es la prueba.
—Me… Me alegro de saberlo. Sé que Jon Arryn valoraba mis servicios, pero Lady Lysa… Se burló de mí cuando vine a cortejarla, y me temía… —Lord Nestor frunció el ceño—. Aquí veo el sello de Arryn, pero la firma…
—Lysa fue asesinada antes de que le presentaran el documento para su firma, de manera que lo firmé yo como Lord Protector. Sé que es lo que habría querido.
—Ya veo. —Lord Nestor enrolló el pergamino—. Es una gran… deferencia por vuestra parte, mi señor.

Festín de Cuervos. Sansa I

—¿Has visto qué maravillas se pueden conseguir con mentiras y dorado del Rejo?
—¿Todo eran mentiras?
—Todo no. Lysa decía que Lord Nestor era una roca, aunque me parece que no era en tono de cumplido. (…) ¿Comprendes lo que ha sucedido aquí, Alayne?
Sansa titubeó un momento.
—Le habéis entregado las Puertas de la Luna a Lord Nestor para aseguraros su apoyo.
—Cierto —reconoció Petyr—, pero nuestra roca es un Royce, un hombre demasiado orgulloso y susceptible. Si le hubiera preguntado su precio, se habría hinchado como un sapo, furioso ante la afrenta que eso supondría para su honor. Pero así… No es completamente idiota, pero las mentiras que le he servido eran más dulces que la verdad. (…)
—La firma… —Sansa asintió—. Podríais haber pedido a Lord Robert que pusiera la firma y el sello, y sin embargo…
—… he firmado yo mismo como Lord Protector. ¿Por qué?
—Porque así… si os deponen… o… si os matan…
—Los derechos de Lord Nestor sobre las Puertas no serán tan incuestionables. Te aseguro que no se le ha escapado.

Festín de Cuervos. Sansa II

Lord Nestor no fue el único en caer en sus redes. Lyonel Corbray, señor de Hogar, no se unió a los Recusadores porque Meñique le había prometido con anterioridad concertar su casamiento con la robusta hija de un rico comerciante (que le aportaría una generosa dote y la posibilidad de tener herederos, tras morir su primera mujer sin darle descendencia), aunque sí que lo hizo su hermano menor Lyn, ampliamente conocido en el Valle por su desprecio visceral hacia Petyr Baelish.

Finalmente, llegó el día de la verdad. Yhon Royce y sus aliados se presentaron al pie de la montaña con un ejército de miles de soldados y levantaron un campamento. Después, subieron a la fortaleza para entrevistarse con Meñique y exponerle sus exigencias: debía abandonar el cargo de Lord Protector, salir del territorio y dejar a Robalito en sus manos. Pero a pesar de no contar con más de veinte guardias a su servicio, Petyr los recibió, escuchó lo que le dijeron y en ningún momento se mostró intimidado. Hizo bromas, intentó sin mucho éxito sembrar dudas entre sus enemigos y defendió en todo momento su derecho a criar a su hijastro porque “es lo que Lysa habría querido” (contando en este punto con el respaldo tibio de Lord Nestor, que también estaba presente).

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“Alayne” presencia la discusión entre Meñique y los recusadores.

Tras una larga y tensa discusión, ninguna de las partes había dado su brazo a torcer y los señores amenazaron con llevarse de allí a Robalito por la fuerza. Entonces, Lyn Corbray, que se había mantenido en un perfil bajo durante el intercambio dialéctico, decidió que era la hora de zanjar el asunto.

—¿Me estáis amenazando con una guerra, ser? —Petyr no parecía asustado en absoluto.
—Nos vamos a llevar a Lord Robert —replicó Yohn Bronce.
Durante un momento pareció que habían llegado a un callejón sin salida, hasta que Lyn Corbray se apartó de la chimenea.
—Ya estoy harto. Si seguís escuchando a Meñique, os convencerá para que le regaléis los calzones. Sólo hay un modo de arreglar esto, y es con acero. — Desenvainó la espada larga.
Petyr extendió las manos.
—Voy desarmado, ser.

En ese momento, la enquistada situación dio un giro de 180º. Los señores recusadores se mostraron escandalizados por el comportamiento de Ser Lyn y le recriminzaron su actitud. Aunque lo despreciaran con toda su alma, Meñique era su anfitrión y estaban en medio de una reunión de paz, con lo que sacar la espada y proferir amenazas de muerte era una violación flagrante de la sagrada tradición de la hospitalidad. Y si por algo es el Valle famoso es por su respeto a las sagradas tradiciones.

Yohn Bronce se levantó, airado.
—¡Guardad ese acero, ser! ¿Qué sois? ¿Un Corbray o un Frey? Estamos aquí como invitados.
—Esto es improcedente —dijo Lady Waynwood frunciendo los labios.
—Envainad el acero, Corbray —aportó Lord Hunter, el Joven—. Nos estáis avergonzando a todos.
—Venga, Lyn —reprendió Redfort en tono más suave—. Esto no sirve de nada.

Finalmente, Lyn guardó la espada y abandonó la habitación burlándose de la actitud de sus compañeros (“Señores recusadores… Deberíamos habernos llamado Las Seis Viejas“). La reunión podía continuar, pero ya no desde el punto en el que había quedado. Ahora, como anfitrión violentado, Meñique estaba en su derecho de ordenar a los guardias del castillo que arrestasen a todos los presentes y vendió su decisión de no hacerlo como un  gesto de misericordia. Además, afeó a sus enemigos haber traído con ellos a alguien tan moralmente reprochable y acto seguido ofreció una solución al conflicto, mostrándose dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias en caso de que fuese rechazada.

Nunca había oído a Petyr tan furioso
—Ya he leído vuestra declaración y he escuchado vuestras exigencias. Oíd ahora las mías: retirad vuestros ejércitos de esta montaña, marchaos a vuestros hogares y dejad en paz a mi hijo. Aquí ha habido mal gobierno, no lo dudo, pero fue obra de Lysa, no mía. Dadme un año y, con ayuda de Lord Nestor, os prometo que ninguno de vosotros tendrá motivo de queja.
—Eso decís vos —replicó Belmore—. ¿Por qué tenemos que fiarnos?
—¿Cómo osáis desconfiar de mí? No he sido yo quien ha desenvainado el acero en medio de una tregua. Habláis de defender a Lord Robert y al mismo tiempo le negáis la comida. Esto tiene que acabar. No soy guerrero, pero si no levantáis el sitio, lucharé contra vosotros. No sois los únicos señores del Valle, y Desembarco del Rey también me enviará hombres. Si es guerra lo que queréis, decidlo, y el Valle sangrará.
Alayne vio que la duda empezaba a aflorar en los ojos de los Señores Recusadores.

Uno a uno, los belicosos aristócratas comenzaron a amansarse. Lord Redfort afirmó que un año “no es mucho tiempo“, Lady Wainwood argumentó que empezar una guerra en vísperas del invierno más duro del siglo no era conveniente y Lord Belmore quiso saber qué pasaría al terminar el año, a lo que Meñique respondió que si para entonces el Valle no estaba en paz él dimitiría voluntariamente. Lord Nestor se mostró partidario de esta solución. Lord Hunter no dijo nada y Lord Templeton, temeroso de que la mala acción de Lyn Corbray pudiese provocar que más adelante se les acusase de “rebelión”, pidió que a cambio de aceptar su propuesta él se comprometiera a mantener el embarazoso suceso en secreto, petición que Meñique aceptó rápidamente.

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MISIÓN CUMPLIDA

El único que no se calmó fue Yhon Royce, que tras acusar a Meñique de haber urdido un engaño para mantenerse como Lord Protector se fue dando un portazo. Y, ciertamente, tenía mucha razón en su acusación, como Sansa tuvo oportunidad de comprobar al final del capítulo.

Petyr seguía despierto, redactando una carta.
—¿Alayne? Hola, cariño, ¿qué haces aquí tan tarde?
—Necesito saberlo. ¿Qué sucederá dentro de un año?
—Redfort y Waynwood son viejos. —Petyr dejó la pluma sobre la mesa—. Puede que muera uno de ellos, o los dos. Los hermanos de Gilwood Hunter lo asesinarán. Probablemente se encargue el joven Harlan, el mismo que dispuso la muerte de Lord Eon. Y ya que estamos, sigamos hasta el final. Belmore es corrupto, lo puedo comprar. Templeton y yo nos haremos amigos. Mucho me temo que Yohn Bronce seguirá siendo hostil, pero mientras esté solo no representará ninguna amenaza.
—¿Y Ser Lyn Corbray?
La luz de la vela bailaba en los ojos de Petyr.
—Ser Lyn seguirá siendo mi enemigo implacable. Hablará de mí con desprecio y odio a todo el que quiera escucharlo, y prestará su espada a cada plan secreto para acabar conmigo.
Fue entonces cuando las sospechas se convirtieron en certezas.
¿Y cómo le pagaréis sus servicios?
Meñique se echó a reír.
—Con oro, muchachitos y promesas, por supuesto.

En resumidas cuentas, cuando el Petyr Baelish de los libros tomó la decisión de acabar con la vida de Lysa, lo hizo porque sabía que tenía suficiente margen de maniobra como para esquivar la acusación de asesinato y mantenerse en el poder sin ella. Incluso se podría pensar que, cuando besó a Sansa en el patio, era consciente de que Lysa les podía ver y esperaba que sus celos la llevasen a intentar asesinar a la chica en un sitio discreto (acompañada por su leal Marillion), momento en que él aparecería y aprovecharía este escenario alejado de miradas indiscretas para cometer su propio crimen.

Estoy especulando, pero la magia de este personaje es que nunca podemos estar seguros de si lo que está pasando ha sido obra suya o no. Ahora, veamos qué es lo que hace su versión televisiva.

En la serie

Aquí el asesinato de Lysa Arryn tuvo lugar en un contexto muy diferente. Para empezar, Marillion no está presente. El personaje sí que fue adaptado, pero tras el juicio de Tyrion tomó otro rumbo. En vez de quedarse en el Valle fue a Desembarco del Rey, lo apresaron por cantar una balada satírica sobre Robert y Cersei en una taberna y, tras ser llevado a la corte para responder por su delito, Joffrey le declaró culpable e hizo que le arrancaran la lengua (cosa que en el libro le ocurre a un bardo anónimo). Y nunca volvimos a saber de él.

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Tampoco Lysa dijo nada que comprometiera seriamente a su nuevo esposo. Cierto que le echó en cara que ella había “mentido y matado” por él, pero dado que no especificó qué mentiras contó, a quién mató y por qué exactamente, sus palabras podrían interpretarse como un delirio rabioso sin mayor profundidad. Supongo que los showrunners pensaron que, al ser Sansa más mayor que en las novelas, sería increíble que pasase por alto tamaña confesión. Y tienen parte de razón, pero al hacer las cosas como las hicieron mostraron a una Lysa igual de loca pero mucho más discreta, con lo que el peligro que representaba no era tan imediato.

Por último y no menos importante, entre los episodios 4×05 y 4×07 transcurren solo unos días (no varias semanas, como en el libro). Esto provoca que Meñique no haya disfrutado de tiempo suficiente para desempeñar el cargo de Lord Protector y tejer una red de contactos que le sirviera de apoyo en caso de peligro. Y sin amigos en el Valle, ser el marido de Lysa Arryn era lo único que Petyr tenía para mantener su recién adquirido estatus. Desprenderse de ella en ese momento equivalía a socavarse a sí mismo.

En resumen: no hay chivo expiatorio al que culpar, no hay necesidad inmediata de matar para proteger su secreto y la presencia de Lysa sigue siendo necesaria. Pero Meñique la mata de todos modos, dejándonos con la sensación de que lo hace simplemente porque la tipa le da grima y porque está cabreado con ella por haber intentado robarle a Sansa. Así pues, se trata de un acto pasional llevado a cabo en el calor del momento, sin pensar demasiado. Y tirarse a la piscina sin cerciorarse de si hay agua suficiente debajo es algo que el auténtico Meñique jamás se hubiera planteado.

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“Joder, ¿ahora qué hago?”

Pero lo peor aún está por llegar. Cuando los grandes próceres del Valle (reducidos a tres por motivos de presupuesto) hacen acto de presencia al cabo de tres días para investigar el asunto, Meñique intenta hacerles creer que Lysa se suicidó… diciéndoles que Lysa se suicidó. En serio, no tiene ningún plan para convencerles, aparte de mentirles en la cara y confiar en que le crean sin más. Por no inventar, ni siquiera inventa un motivo creíble que haya podido empujar a Lysa a tan drástica acción, recurriendo a vaguedades.

“Siempre tuvo una predisposición a la melancolía. Mi señora no estaba hecha para un mundo tan despiadado como este.”

Como es lógico, Lord Royce, Lady Waynwood y Lord Corbray le ponen a caer de un burro (recordándole su origen extranjero, su fortuna basada en el proxenetismo y su lealtad a los Lannister) y se niegan a creer que una mujer cuyo apego hacia su hijo era aún más grande que su demencia haya decidido abandonarlo de un día para otro por las buenas. ¿En serio esperaba Meñique que estas personas que tanto le desprecian confiaran en su palabra ciegamente y le dejasen seguir al mando como si nada? ¿O es que ni siquiera se había informado de qué opinión tenían de él en el Valle antes de casarse?

El principio del interrogatorio deja la esencia del personaje aún más por los suelos:

ROYCE: Tenéis sangre extranjera, ¿verdad, Baelish?

MEÑIQUE: Un bisabuelo de Braavos, sí. Supongo que todos nuestros antepasados llegaron de otros sitios en su día.

R: Nuestros precursores poblaban el Valle hace miles de años. Hemos combatido a los invasores desde entonces.

M: La belleza del Valle sólo tiene parangón con la nobleza de sus grandes familias. Lady Arryn me dijo muchas veces que vos erais su roca, Lord Royce.

R: A mí no me contó nada sobre vos, Baelish. Pero no necesitaba oirlo de ella. Prestamista. Proxeneta. Lleváis tanto tiempo lamiéndole las botas a Tywin Lannister que me sorprende que no tengáis la lengua negra.

Otra vez Petyr Baelish diciéndole a un Royce que Lysa le consideraba “su roca”. Pero mientras que en el libro controlaba la situación, mantenía una buena relación con su interlocutor y su halago no era más que una trola con la que endulzar el soborno con el que acababa de ganarse su apoyo, aquí vemos a un Meñique acorralado sin salida que no parece tener más recursos que lisonjear a unos individuos abiertamente hostiles (Royce ni siquiera se dirige a él como “Lord”) y repetir una y otra vez que su esposa se suicidió mientras se hace el sueco ante la lluvia de indirectas acusatorias que cae sobre él.

Entonces, Lord Royce interrumpe el interrogatorio para comentar que le han informado de que hubo una testigo ocular de los hechos y que desea escuchar lo que esa supuesta sobrina suya llamada Alayne tenga que contarles. Meñique se queda callado durante unos segundos y luego intenta impedir que Sansa sea llamada a declarar con la peor excusa jamás creada.

“Es una chica sin educación y de escasas luces. No os será de gran ayuda.”

Claro que sí, de todos es sabido que la gente sin educación y sin muchas luces es incapaz de ver la diferencia entre una mujer saltando al vacío por propia voluntad y otra a la que hayan presuntamente empujado. En fin. Estas palabras no convencen a nadie y le exigen que su sobrina preste testimonio. Él se ofrece a ir a buscarla, pero no le dejan porque así recibirán un relato “sin adulterar”. Y hablando de eso, ¿por qué Meñique no hizo como en el libro y convenció a Sansa de que mintiera por él? ¿En serio creía que los encargados de investigar el asunto no iban a querer tomar declaración a la única testigo? ¿Qué clase de hombre previsor es este?

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Y es entonces cuando se produce el giro sorpresa del episodio. “Alayne” les descubre a los tres señores su verdadera identidad, narra con tristeza los suplicios que se vio obligada a vivir en Desembarco del Rey por culpa de los malvados Joffrey y Cersei y se inventa una patraña del tamaño del Empire State, según la cual Lysa tuvo un ataque injustificado de celos fruto de una confusión y se quitó la vida. Royce, Waynwood y Corbray, conmovidos, aceptan no delatarla y prometen ayudarla, en estrecha alianza con Meñique, a quien ya no consideran tan despreciable y hasta le piden perdón.

Poco después, por si acaso algún iluso había pensado que “el segundo hombre más astuto de los Siete Reinos” no podía ser tan tonto y que sin duda él y Sansa habían acordado qué decirles a los señores para así conseguir su apoyo, una visita de Meñique a la habitación de la muchacha nos saca completamente de dudas.

MEÑIQUE: La primera vez que os vi érais una niña. Una chica del Norte recién llegada a la capital. Ya no sois una niña. ¿Por qué me ayudásteis?
SANSA: Os habrían arrojado por la Puerta de la Luna de haberos encontrado culpable.
M: Esa no es una respuesta.
S: Si os hubieran ejecutado, ¿qué habría sido de mí?
M: No lo sé.
S: Yo tampoco.
M: ¿Mejor apostar por el hombre conocido que por los desconocidos? ¿Creéis que me conocéis?
S: Sé lo que queréis.

Así es. Por arte de magia, Sansa ha dado un paso de gigante y ahora es capaz de ser más lista y manipuladora que el mismísimo Meñique. Ha sido ella, y no él, quien ha convertido a los señores del Valle en aliados, quien ha planificado su intervención ante el tribunal para que resultase creíble y quien interpretó el papel con solvencia. Y lo que es más importante: todo eso lo hizo guiándose por lo que ella creía que mejor convenía a sus intereses. Una transformación radical de Sansa, que ha sido encumbrada a costa de empequeñecer a Petyr, convertido en un pésimo planificador que se cavó su propia tumba sólo para que su “protegida” pudiera marcarse un tanto sacándole del apuro. Se ve que los guionistas no saben cómo dar importancia a un personaje sin quitársela a otro.

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“¿Te convences ahora de que sé lo que quieres?”

Y esto sólo fue el principio

Lo que más me fastidia de este cambio de personalidades es que, aunque precipitada, la evolución repentina de Sansa nos abría un abanico de prometedoras posibilidades. Ella y Meñique, convertidos en socios en pie de igualdad (más o menos), desatando las fuerzas del Valle contra sus enemigos y entrando en el “juego de tronos” por la puerta grande… pero no. La quinta temporada se encargó de liquidar toda esperanza.

La Sansa jugadora que nos habían prometido ya no existía en el 5×01 y su traje negro era sólo eso, un traje. Sus habilidades estratégicas desaparecieron tan rápido como habían venido y, tras dejarse involucrar en el plan más inconsiste y absurdo de la historia de la serie, le tocó vivir un nuevo calvario que prácticamente venía a ser una repetición de su trama anterior (presa de una familia que dañó a la suya, prometida a un bastardo sádico, testigo de un ataque fallido del rey Stannis y liberada de su encierro por un improbable rescatador) pero con violación de propina.

Y Meñique, otra vez, volvió a cubrirse de gloria embarcándose en una serie de planes y contraplanes tan inexplicables y rebuscados que todavía hoy sigo sin entender qué es lo que pretendía conseguir en realidad. Pero esa es otra historia que, si habéis sobrevivido a esta parrafada, podréis leer en otra ocasión.

sansa-gra-o-tron
“No te pongas nerviosa, yo sé lo que me hago. Tú sigue mis instrucciones y verás qué bien lo pasamos”.
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3 thoughts on “Juego de Tronos 4×07. Cuando Meñique dejó de ser Meñique

  1. Excelente articulo. Meñique es mi personaje favorito, y me jode este cambio que ha tenido en la serie. A su manera también lamento lo de Varys, el otro gran jugador, pasa de ser la araña a uno de los pajaritos. Igual no puedo evitar estar emocionado por el programa y sirve para la calmar la espera de Vientos de Invierno

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    • Gracias. Estoy de acuerdo en que Meñique y Varys (y también Tyrion, que no da una desde el ballestazo) han perdido muchísimo desde que la serie superó a los libros. Esperemos que en 2018 llegue por fin el penúltimo libro y sepamos hasta qué punto se les fueron de las manos o no.

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