Juego de Tronos: El error fatal de Ser Alliser Thorne

La sexta temporada de Juego de Tronos fue especialmente sangrienta. Docenas de personajes perdieron la vida y se extinguieron varias grandes Casas. Una de las primeras víctimas fue Ser Alliser Thorne, capitán de los exploradores de la Guardia de la Noche y durante cuatro temporadas enemigo mortal de Jon Nieve, al que intentó liquidar siempre que tuvo la ocasión. Finalmente lo consiguió y parecía que todo le iría bien, pero en tres capítulos pasó de tocar la comandancia con la punta de los dedos a ser ahorcado por alta traición.

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“Tenía que elegir, Lord Comandante. Traicionaros o traicionar a la Guardia de la Noche (…) Si tuviera que repetirlo sabiendo cómo acabaría, rezaría para elegir bien de nuevo”.

Muchos creen que el gran error de Thorne tuvo lugar en el episodio 5×09. Al igual que la gran mayoría de sus camaradas, no compartía la decisión del Lord Comandante de llegar a un pacto con el Pueblo Libre; por eso, cuando vio aparecer a Jon en compañía de 5000 salvajes y tuvo en sus manos la decisión de ordenar abrirles la puerta o no, se enfrentó a un terrible dilema. Pese a la repulsión que sentía, cumplió con su deber de soldado y les dejó pasar, aunque poco tiempo después se puso al frente de un motín que acabó con la vida de Lord Nieve y se hizo con el control del castillo… hasta que esos mismos salvajes a los que había permitido cruzar la frontera aparecieron y lo enviaron a las mazmorras.

En vista de lo sucedido, no son pocos los que opinan que, si ya tenía pensado asesinar a su líder o decidió hacerlo en ese mismo instante, ¿por qué no desobedeció y mantuvo la puerta cerrada, condenando así a Jon y sus acompañantes a una muerte segura, a causa del hambre, el frío o los Caminantes Blancos? ¿Por qué mostrarse tan obediente en un capítulo y tan profundamente desleal en el siguiente?

La lógica del conspirador

Aunque parece una decisión incongruente y un poco estúpida, Ser Alliser tenía buenas razones para actuar de ese modo. Como es natural, no quería ponerse a la cabeza de un golpe de Estado con más posibilidades de fracasar  que de triunfar (lo que le costaría la vida) y en aquel momento había varios factores que le aconsejaban tragarse sus ansias homicidas y esperar a un contexto más favorable para sacar los puñales a pasear.

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“¡POR LA GUARDIA!”

El primero de ellos era el riesgo de que su decisión de abandonar al Lord Comandante al otro lado del Muro no tuviese los apoyos necesarios para salir adelante. Es cierto que en el episodio 6×01 quedó claro que los partidarios de Jon en el Castillo Negro no llegaban a la media docena, dos veces menos que los de Thorne, pero no había garantías de que una mayoría de la Guardia respaldara un acto tan público de traición. No es lo mismo validar el asesinato de un líder impopular que cometerlo tú mismo, aunque sea indirectamente. Por sentido del deber, por inercia o simplemente por no tener cuajo suficiente para verse convertido en cómplice de un magnicidio, tal vez los pro-Nieve lograsen reunir bastantes hombres como para doblegar a los amotinados.

Además, aunque esa puerta se le hubiese cerrado, Jon todavía tenía la opción de llevar a la multitud de salvajes hasta Guardiaoriente o Torre Sombría, donde quizás sí aceptaran abrirles. O quizás el Lord Comandante conocía alguna entrada secreta y ya casi olvidada (como la que utilizó Sam para llevar a Elí al Fuerte de la Noche en la temporada 3) por la que sería capaz de cruzar. Y si lo lograba, ni él ni los 2000 fieros guerreros salvajes que le acompañaban estarían por la labor de dejar que Ser Alliser y compañía salieran con vida después de su intento de genocidio.

No, aquello era demasiado problemático. El comandante debía ser eliminado rápida y discretamente. Que de pronto simplemente ya no estuviera ahí y así la gente dejara de guardarle obediencia y solamente quedara el resentimiento por sus polémicas decisiones (en especial la de permitir entrar al Pueblo Libre, que fue la más dolorosa de ver). Así sus asesinos podrían conseguir salirse de rositas y tener mando en plaza, ya que con Jon muerto y Dennis Mallister en Torre Sombría, Thorne era de lo poco “presidenciable” que quedaba disponible.

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“¿Que es bueno mantener cerca a tus enemigos, Lord Nieve? Quien se inventó ese refrán seguro que tenía pocos enemigos.”

No obstante, lo que verdaderamente salvaguardó la vida de Jon Nieve fue la presencia en el Norte de Stannis Baratheon. Thorne no podía dar el paso mientras él estuviese ahí, ya que aunque la relación entre el Rey y el Lord Comandante no fue tan estrecha en la serie como en los libros, los dos dirigentes compartían el mismo ideario en lo que respecta al Pueblo Libre: los Caminantes Blancos existen y son el único enemigo, de modo que todos los humanos “razonables” de más allá del Muro han de ser reasentados en Poniente. De hecho, si Jon logró los barcos necesarios para poder evacuar a los 5.000 de Casa Austera fue porque Stannis se los prestó.

Hasta que la guerra por Invernalia no finalizase, matar al Lord Comandante era una maniobra de altísimo riesgo. Si Stannis vencía a los Bolton y pasaba a gobernar el Norte, probablemente tardaría poco en actuar contra los responsables del crimen. Ser Alliser y los suyos no solo habrían traicionado a su superior en la Guardia, sino también al propio rey (que había dado su permiso a Jon para que dispusiera de los salvajes como quisiera y por tanto no compraría la excusa de que el crimen había sido “por la Guardia”). Y Stannis no es precisamente misericordioso con aquellos que incumplen las leyes y quebrantan sus juramentos.

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“¿Son ustedes los asesinos del Lord Comandante? Pasen por aquí.”

Sin embargo, cuando Davos Seaworth apareció pidiendo ayuda el cielo empezó a abrirse para los aspirantes a amotinados: Stannis estaba en apuros. No mucho tiempo después, Melisandre llegó al castillo sola y sin hablar con nadie, aunque no hacía falta. Solamente con ver su rostro quedó claro para todos que el rey había muerto. Con él fuera de escena, Roose Bolton parecía tener vía libre para consolidarse como nuevo gran señor del Norte. Y para los nuevos dueños de la región, los 5000 salvajes que acababan de instalarse en el Agasajo no eran invitados sino invasores a los que habría que aniquilar.

Ahora el magnicidio no era una opción tan arriesgada. De hecho, se podría decir que era incluso lo que más le convenía a la Guardia (mantener buenas relaciones con las élites norteñas es esencial para garantizar su normal funcionamiento y mientras el líder fuese Lord Nieve, reinaría la tensión y la desconfianza). El plan de Thorne, por lo tanto, no resulta nada descabellado. Si las cosas le hubiesen salido bien hasta podríamos hablar de un plan maestro:

  1. Jon es atraído por Olly hacia la trampa y asesinado.
  2. El resto de guardias, ajenos a lo sucedido, son convocados al gran salón y Thorne les cuenta lo sucedido, convenciéndoles de que se unan a su complot.

  3. Edd el Penas y los otros amigos de Jon son puestos bajo arresto o asesinados.

  4. Investido como nuevo comandante interino, Ser Alliser manda mensajes a todos los señores del Norte pidiendo ayuda contra los salvajes a los que el “traidor” Nieve dejó pasar el Muro.

  5. Los salvajes (superados en número, armamento y organización) son atacados por el ejército norteño y hechos trizas. Los supervivientes, si los hay, intentan guarecerse en el Muro pero los amotinados resisten el tiempo suficiente para que lleguen sus perseguidores y acaben el trabajo.

  6. Thorne culpa de todo a Jon, se lamenta de no haberle matado antes por honor y, a cambio de su lealtad al “legítimo” señor del Norte Roose Bolton, recibe el mando de la Guardia de la Noche.

El auténtico gran error

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Fin del juego.

Pero como sabéis, las cosas no salieron nada bien para Alliser Thorne. Después de todo, sí que hubo un fallo tremendo por su parte. Y no fue haber dejado cruzar a los salvajes sino olvidarse de su presencia. Stannis ya no estaba, pero ellos todavía sí y constituían un peligro para los amotinados. Era preciso, vital, que no se enterasen de lo que acababa de sucederle a su amigo y así se mantuviesen quietos en sus nuevos campamentos hasta que Lord Bolton estuviese preparado para caer sobre ellos con todo su poder.

Es posible que a los conspiradores les proporcionase un gran placer coser a puñaladas a Jon y dejarlo tirado en medio del patio como si fuese un mueble usado, junto a un cartel con la palabra “Traidor”. Todo muy teatral y catártico, pero estratégicamente perjudicial. Ocultarlo hubiera sido una decisión más sabia. Como no lo hicieron, los partidarios del difunto comandante encontraron el cadáver y aprovecharon los minutos en los que Thorne y sus camaradas estuvieron ocupados en la reunión para atrincherarse en un cuarto vacío y enviar a Edd el Penas (sin que nadie se diera cuenta) para que recabara la ayuda de Tormund y sus guerreros.

Y no hay excusa posible para esto. Fue una chapuza absoluta. Ningún líder con dos dedos de frente dejaría de prestar atención a sus enemigos de esa manera. Tanto si pensaba que podía ser atacado durante la asamblea o no, Alliser debería haber tenido el buen juicio de enviar a dos o tres de sus seguidores a la entrada del castillo para asegurarse de que nadie saliera. De haberlo hecho, probablemente habría salvado la vida y se habría convertido en el 999º comandante de la Guardia de la Noche.

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