Los negros y los rojos, Parte I (t) Origen de la Rebelión Fuegoscuro

Traducción del texto original de Steve Attewell, publicado el 22/02/2015.

Las Rebeliones Fuegoscuro han sido el conflicto político de más larga duración en la historia de Poniente, legando a los habitantes de los Siete Reinos “cinco generaciones de guerras“. Ciertamente, algunos de los eventos históricos más importantes en la saga de “Canción de Hielo y Fuego” tienen su origen en ellas: las rebeliones de los Fuegoscuro colocaron al Rey Loco en el Trono de Hierro, dieron origen al conflicto en el Oeste que culminó con las Lluvias de Castamere (otorgando así a Tywin Lannister su reputación y su amistad con Aerys II), convirtieron a Ser Barristan en un caballero de renombre y contribuyeron posiblemente a que el padre del futuro rey Robert organizase una conspiración que terminaría por derrocar a la dinastía Targaryen. Las rebeliones continúan dando forma a la historia ponienti hasta el día de hoy, cuando la Compañía Dorada ha puesto una vez más el pie en las costas de su continente de origen.

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No obstante, a pesar de su importancia y del hecho de que tenemos más información sobre la Rebelión Fuegoscuro que de cualquier otro período en la historia ponienti, misteriosamente se sabe muy poco sobre este conflicto. Cómo y por qué comenzó, quién luchó en cada bando, el desarrollo de la primera y más cataclísmica Rebelión, la identidad y las biografías de la mayoría de los miembros de la Casa Fuegoscuro, los eventos completos de la Tercera Rebelión. Todo lo que tenemos son simples retazos de información.

En “Los negros y los rojos”, intentaré desentrañar la historia de las Rebeliones Fuegoscuro lo mejor que pueda en cuatro partes. En esta, la primera, abordaré las preguntas difíciles sobre por qué y cómo sucedieron los alzamientos y quién luchó por cada uno de los bandos. En la Parte II examinaré en profundidad el curso de la Primera Rebelión, mi teoría sobre la estrategia militar detrás de las batallas y cuánto podemos aprender de una sola moneda. En la Parte III intentaré analizar el resto del conflicto, desde Daemon II y su nefasto torneo en Murosblancos hasta Maelys el Monstruoso y la batalla final en los Peldaños de Piedra. Y en la Parte IV, reduciré mi enfoque a la Compañía Dorada: cómo se formó, qué la hace especial y cómo ha estructurado la política de Essos durante casi cien años.

Las causas

“El Mundo de Hielo y Fuego” (WOIAF) nos cuenta que no hubo ninguna grave ofensa ni ningún gran error que condujera a Daemon Fuegoscuro volverse contra el rey Daeron (p. 101). Y, sin embargo, es imposible que decenas de miles de hombres lucharan y murieran sin que existiera ninguna razón que les motivara a hacerlo, que les inspirara para alzarse contra su rey, que hiciera que los vasallos pelearan contra sus señores, los hermanos contra los hermanos y los padres contra los hijos. En mi opinión hay al menos tres o quizás cuatro posibles causas.

La causa histórica – la cuestión dorniense

Para poder entender completamente la rebelión del Dragón Negro, creo que hay que ir más atrás del reinado de Aegon IV, concretamente hasta los años de gobierno de Daeron I.

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El Joven Dragón había alcanzado el Trono de Hierro en el 157 AC, a la tierna edad de 14 años y en una época en que la monarquía atravesaba una mala situación. El reinado de Aegon III había estado marcado desde sus inicios por la violencia y el desorden y donde la dinastía reinante había quedado debilitada a consecuencia de la Hora del Lobo (que puso un sangriento final a las disputas de los Negros y los Verdes) y de las Guerras de los Regentes (131 – 136), donde la Corona se convirtió en un peón en los juegos políticos de los grandes señores. A pesar de que Aegon III y su Mano Viserys eran estadistas activos y capaces que buscaron “darle paz, comida y justicia al pueblo“, nada podía ocultar el hecho de que los dragones habían desaparecido y, con ellos, los cimientos del poder Targaryen. Para sustituir a los dragones, Daeron I recurrió a la conquista: la guerra proporcionaría al rey y sus guardianes un poderoso ejército (después de todo, para perder 50.000 soldados el tamaño de aquella fuerza militar debió haber sido de al menos 100.000), uniría al reino en torno a un proyecto expansivo nacionalista y haría que la monarquía dispusiera de nuevas tierras que utilizar como recompensa en el juego de las lealtades feudales.

Si bien la Conquista de Dorne del rey Daeron es recordada hoy por sus pérdidas, en aquel momento la empresa prometía mucho para muchísima gente: pagas para los soldados, gloria para los caballeros, tierras para los hijos segundones de las Casas nobles y poder político para los colaboradores más estrechos del rey. ¿Y quiénes eran esos hombres? Uno de los más importantes fue Alyn Velaryon, alias Puño de Roble, uno de los pocos negros que salieron con vida de la Hora del Lobo y las Guerras de los Regentes y que proporcionó el poderío naval durante la invasión. Pero más importante que él fue Lord Lyonel Tyrell, a quien Daeron encomendó el mando de una parte de su ejército y lo envió a cruzar el Paso del Príncipe para despistar a los dornienses, mientras el rey marchaba por un traicionero sendero de cabras y barría a todo aquel que intentara detenerlo.No en vano, Lord Lyonel era su Guardián del Sur, descendiente del directo de Harlan Tyrell (asesinado durante la primera Guerra de Dorne) y líder de un ejército de hombres del Dominio, que habían luchado contra los dornienses desde hacía milenios. Todos tenían razones para unirse al conflicto.

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Así, Lyonel encabezó la marcha por el Paso del Príncipe mientras Daeron se ganaba la gloria eterna atrapando y luego quebrando al ejército dorniense en las Montañas Rojas y Puño de Roble atacaba la Ciudad de los Tablones y remontaba el río Sangreverde aprovechando que el grueso de las fuerzas dornienses estaban ocupadas con Lord Tyrell. Como resultado de tan aplastante victoria, “el Joven Dragón pudo regresar a casa victorioso, dejando a Lord Tyrell para mantener la paz“.

Como recompensa por su trabajo en la guerra contra Dorne, Lord Tyrell fue nombrado Regente de Dorne. Lyonel había vengado a su antepasado, había alcanzado una victoria sobre los dornienses que ninguno de sus ancestros pudo soñar (a la altura de las de los reyes Gardener) y obtuvo un reino entero para él. Y, dada la realidad política feudal, la regencia de Lord Tyrell sobre Dorne significaba que los segundones del Dominio ahora se convertirían en virreyes de Ermita Alta, Palosanto, Montenegro, Limonar, Sotoinferno, Sepulcro del Rey, Campoestrella, Colina Fantasma, Bondadivina, Nido de Buitres, Puerta del Infierno, Piedrafresca, Vaith, Tor o Dominio de Cielo. Para entender quién se posiciona con quién durante la Rebelión Fuegoscuro, deber tener en cuenta que el triunfo de Daeron significó para los lores del Dominio, que ahora tenían algo que perder y lucharon como gatos panza arriba para defender sus premios:

“Lord Tyrell, a quien Daeron había dejado al frente de Dorne, intentó valientemente sofocar los conatos de rebelión (…) castigando con la horca a los partidarios de los rebeldes, incendiando las aldeas que daban cobijo a los forajidos (…) pero los plebeyos devolvían los golpes y cada día amanecía con suministros robados o destruidos, campamentos quemados, caballos muertos y poco a poco el goteo de soldados y mercenarios asesinados en callejones oscuros, en emboscadas en mitad de las dunas o sorprendidos en sus campamentos alcanzó se hizo enorme”.

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Como resultado, nuevos odios y vendettas nacieron en los desiertos de Dorne, con los hombres del Dominio acumulando resentimiento por tratar con gente tan deshonrosa como para doblar la rodilla y luego atacar por la espalda y los dornienses enterrando a sus compatriotas ajusticiados por colaboracionismo. Por lo tanto, no resultó sorprende que, como Doran Martell le contó a Tyrion, “una noche Lord Tyrell se tumbó en una cama sobre la cual había un pesado toldo de terciopelo. Una cuerda colgaba cerca de las almohadas y si deseaba llamar a una doncella tiraba de ella. Le gustaban las mujeres dornienses (…) entonces tiró de la cuerda (…) y un centenar de escorpiones rojos cayeron sobre él“. En el levantamiento que siguió, unos 40.000 hombres murieron y sus familiares no consideraron sus pérdidas como muertes honorables en el campo de batalla sino como asesinatos que tenían que ser respondidos.

Daeron y Puño de Roble regresaron a Dorne para castigar a los responsables y obtuvieron otro sorprendente triunfo militar, lo que forzó a los señores dornienses a volver a doblar la rodilla como signo de sumisión. Excepto que esta vez “en un acto de salvaje traición, los dornienses atacaron al Joven Dragón y a su séquito bajo bandera de tregua. Tres caballeros de la Guardia Real cayeron intentando protegerlo (un cuarto, para su eterna vergüenza, arrojó su espada y se rindió)“. El rey había muerto, junto a tres de sus capas blancas y a muchos señores de Poniente. Consideremos la Guerra de los Cinco Reyes y los amargos odios y sentimientos de venganza que se generaron tras el asesinato del rey Robert, la ejecución de Ned Stark, el saqueo de Invernalia y la Boda Roja y ahora imaginemos esa misma ola de sentimientos pero aplicada a decenas de miles de familias por todo el continente.

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La indignación que provocó el magnicidio fijó rápidamente como objetivo a los rehenes dornienses que había en la capital. Por orden de la Mano del Rey, el príncipe Viserys, fueron arrojados a las mazmorras en espera de su ahorcamiento” (p. 99). Esta reacción vengativa se detuvo en el último instante por expreso deseo del nuevo rey. “El primer acto de Baelor el Bendito como rey fue conceder el perdón a los rehenes dornienses (…) A pesar de que sus señores y el Consejo clamaron por la venganza, Baelor perdonó públicamente a los asesinos de Daeron y declaró que tenía la intención de ‘vendar las heridas’ de la guerra iniciada por su hermano y hacer las paces con Dorne“. Baelor fue incluso más allá de la simple clemencia: decidió, como acto de piedad, que iría a Dorne para devolverles a sus rehenes y pedir la paz, una paz que implicaba que “su joven primo Daeron, nieto de su Mano Viserys e hijo del príncipe Aegon, debería contraer matrimonio con la princesa Mariah, la hija mayor del príncipe de Dorne“.

Las acciones de Baelor son alabadas por haber puesto fin a la guerra dorniense. Pero, en retrospectiva, creo que podemos criticar bastante a este soberano por cómo manejó las expectativas de su reino con respecto a la paz. Si bien el perdón total dado por Baelor es ciertamente digno de elogio personal, también impidió que la gente de Poniente alcanzara algún tipo de catársis por las pérdidas que había sufrido y mucho menos que se les retribuyese por ellas o se les vengase. Al pedir paz, liberar incondicionalmente a los rehenes y hacer un acto público de penitencia por la guerra, Baelor colocó simbólicamente a los hombres que habían luchado con su hermano, tanto los vivos como los muertos, en el bando de los equivocados. El resentimiento silenciado e inexpresable, el dolor reprimido y la rabia de aquellos que tanto habían perdido por y para nada debió ser enorme.

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Uno de los que quedaron evidentemente resentidos fue el futuro Aegon IV. Después de todo, era un veterano de la guerra y había desempeñado un papel lo suficientemente destacado como para recibir el encargo de llevar a los rehenes a Desembarco del Rey después de la primera gran victoria de Daeron. Si bien nuestra imagen de Aegon IV es la de un libertino obeso mórbido, debemos recordar que de joven era “hábil con la espalda y la lanza” y “adoraba la caza y la cetrería“, lo que explica que atrajera a Daena la Desafiante, que “adoraba a su padre e idolatraba a su hermano el Joven Dragón”. Y, en apenas unos años, Aegon vio que su hijo se casaba con una dorniense sin su permiso, que su concubina dorniense regresaba a su hogar y que su prima y amante era encarcelada en la Bóveda de las Doncellas por el devoto Baelor. No hay duda de que Aegon no vería con buenos ojos a su regio primo y a sus políticas pacifistas.

Más que cualquier otro monarca, Aegon IV puso todo de su parte para provocar la Rebelión Fuegoscuro, cosa que casi nadie cuestiona. A lo largo de su reinado, entre otros muchos aspectos, Aegon se encontró con la firme oposición de su hijo Daeron con respecto a su idea de cómo tratar con Dorne. El príncipe, casado con la hermana del príncipe de Dorne, lideraba una facción opuesta a las políticas de su padre y presta a defender su derecho al trono. Cuando Ser Morgil cuestionó públicamente la fidelidad de la reina Naerys y la paternidad de Daeron “esas acusaciones salieron a la luz justo cuando Aegon y Daeron discustían a cuenta del plan del rey de iniciar una guerra contra Dorne sin ningún pretexto“. Así que, cuando pensemos en las dudas sobre la paternidad de Daeron, siempre tenemos que tener presente la cuestión dorniense: apoyar a Daeron era apoyar la paz con Dorne y apoyar a Aegon IV significaba la guerra.

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En respuesta a la actitud filo-dorniense o pro-pacifista de Daeron, se nos dice que Aegon IV “dirigió su atención hacia Dorne, usando el odio hacia los dornienses que todavía latía en Las Marcas, las Tierras de la Tormenta y el Dominio para atraer a algunos de los seguidores de Daeron y hacerlos sus aliados“. Con esta declaración, podemos observar cuáles fueron los orígenes de la gran coalición que apoyó a Daemon Fuegoscuro: las regiones de Poniente que sentían un mayor rencor contra Dorne, los hombres que más habían perdido con la muerte de Daeron I y la paz de Baelor y que ahora tenían una oportunidad de expresar lo que habían reprimido durante décadas. También se sugiere que el rey pudo haber apelado a la ambición de algunas Casas menores para que actuaran contra las grandes Casas, teóricamente más inclinadas a mantener el status quo, lo cual le servivía para encontrar apoyos en regiones como el Oeste, los Ríos o el Valle, que no odiaban tanto a Dorne como el resto de los reinos.

Con esta coalición, Aegon IV quiso reanudar las hostilidades contra Dorne para así honrar la memoria de su primo El Joven Dragón y asegurarse de recuperar la victoria que tanto él como otros muchos veteranos de la Conquista sentían que les habían arrebatado. Aunque hay algunas lagunas en la historia, parece ser que lo intentó varias veces: en la sección de Dorne de WOIAF, se menciona que “hubo otras guerras dornienses” después de la de Aegon el Conquistador, definición que incluiría al menos una más que la de Daeron I. Al margen de cuántas veces tratase Aegon IV de cumplir su deseo de ser visto como un rey guerrero, nunca lo consiguió. Sus esfuerzos de invasión “terminaron en el año 174 con un completo fracaso“, su flota real hundida y sus dragones alquímicos incendiados en el Bosque Real, muy lejos del Camino de los Huesos. Y, sin embargo, incluso después de este desastre, Aegon IV todavía siguió con una política agresiva, como prueba el matrimonio que concertó para su hijo bastardo Daemon Fuegoscuro con Rohanne de Tyrosh, “cuya flota sería útil si algún día realizaba otra tentativa de conquistar Dorne“.

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Pero un día, la política de Poniente respecto a Dorne cambió dramáticamente de nuevo cuando el cuerpo de Aegon IV se rindió tras una lucha igualmente épica contra las consecuencias de su hedonismo y Daeron II se sentó en el Trono de Hierro. Desde el principio, el nuevo rey fijó como máxima prioridad diplomática introducir de modo pacífico a Dorne en el seno de la monarquía Targaryen:

“tras negociar con su cuñado, el príncipe Maron, para poner a Dorne bajo el gobierno Targaryen (…) se llegó a un acuerdo por el cual Maron Martell aceptaría casarse con la hermana de Daeron, Daenerys, en cuanto ella alcanzara la edad adecuada (…) El príncipe Maron consiguió algunas concesiones con este acuerdo y los señores de Dorne tendrían importantes derechos y privilegios que otras grandes Casas no tenían, como el derecho de mantener su título real y también autonomía completa en su territorio bajo sus propia leyes, el derecho a recaudar los impuestos debidos al Trono de Hierro con sólo una supervisión irregular por parte de la Fortaleza Roja”.

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La posteridad y gran parte del fandom elogia a Daeron II por haber obtenido una victoria tan incruenta y por demostrar la utilidad de la diplomacia frente a la guerra, hasta el punto de que el “Buen Rey Daeron” es colocado a menudo junto a Jaehaerys el Conciliador como uno de los mejores reyes Targaryen. No obstante, con el libro de “El Mundo de Hielo y Fuego” en la mano y a la luz de los esfuerzos pacificadores de Jon y Dany en “Danza de Dragones”, creo que Daeron puede ser criticado por haber impuesto la paz demasiado rápido y demasiado duramente, por no haber reunido suficiente apoyo para su política y no haber pacificado a los intransigentes, que acabarían provocando una reacción negativa contra él.

Porque la paz de Daeron no fue la paz de un vencedor o incluso una paz entre iguales, sino una en la que el príncipe de Dorne ganó mucho gracias al rey Daeron II. Los señores de Poniente, tan celosos de sus derechos y privilegios que se rebelarían una y otra vez durante el gobierno de Aegon V cuando éste intentaba reducirlos, se molestaron mucho por el hecho de que sus homólogos dornienses disfrutaran de unos beneficios únicos. Por lo tanto, “la insatisfacción por estas concesiones (…) fue una de las semillas de las que nació la Rebelión Fuegoscuro“, como nos dice “El Mundo de Hielo y Fuego” (p.101). Además, el acceso al trono de Daeron II hizo que la facción pro-guerra (que había gozado de primacía en la corte con Daeron I y Aegon IV) quedaba fuera del juego. Se nos dice que Daeron II empezó su reinado “destituyendo a todos los miembros del Consejo Privado“, muchos de los cuales compartían sin duda las opiniones de su padre sobre Dorne, y “trajo a muchos dornienses a la corte, a algunos de los cuales otorgó cargos notables”. En consecuencia, aquellos que acababan de perder el poder tenían que lidiar con el hecho de que no sólo lo habían perdido sino que además lo habían perdido en beneficio de sus antiguos enemigos.

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Uno nunca puede ignorar el poder de los símbolos. Que el príncipe Maeron recibiera la mano de la hija de un rey y hermana de otro rey, un premio normalmente reservado para conquistadores como Orys Baratheon, probablemente sugirió a muchos la idea de que Dorne había ganado el conflicto de alguna manera, con un medio Martell en el Trono de Hierro dentro de una generación y una Targaryen “recluida” en Lanza del Sol. Como resultado, los hombres que habían luchado por el tocayo de Daeron y habían respaldado a Aegon IV se sintieron políticamente alienados.

“Los caballeros y señores de las Marcas llegaron a desconfiar de Daeron y empezaron a mirar con nostalgia los viejos tiempos en los que los dornienses eran el enemigo a batir y no gente con la que rivalizar por la atención y la generosidad del rey.

Ciertamente, las semillas plantadas por Aegon el Indigno habían encontrado un terreno fértil en el que germinar. Aegon había odiado a los dornienses y luchado contra ellos y aquellos señores deseaban volver a esa época y nunca serían felices bajo este pacífico soberano. Del mismo modo, muchos guerreros célebres miraban con consternación este período de paz en el reino y dornienses en la corte y se volvieron para mirar a Daemon”.

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Aquí es donde creo que Daeron II puede ser criticado con razón, porque tuvo 11 años entre su ascenso al trono y la Rebelión Fuegoscuro para lidiar con este sentimiento de enfado y no hizo nada para evitarlo. Teniendo en cuenta sus manifiestas habilidades para administrar y gobernar, debería haberlo hecho mejor de lo que lo hizo. Puede que sólo tuviera 7 años cuando Daeron I murió en Dorne, pero creció durante el reinado de Baelor el Santo y debió haber visto las reacciones a sus políticas. Era necesario gestionar las expectativas, encontrar medios simbólicos y prácticos para calmar y canalizar las emociones violentos de sus súbditos en una dirección productiva, explicar y justificar sus políticas y garantizar que los hombres que habían salido perdiendo con la paz tuvieran la perspectiva de encontrar recompensas interesantes apoyando al nuevo régimen en lugar de concentrar tanto poder e influencia en los Martell.

Fue esta inacción, este fracaso, lo que convirtió a una facción incipiente que tras la muerte de su padre se había quedado descabezada en un grupo rebelde de primer orden.

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NOTA AL MARGEN

En este apartado, he intentado explicar las motivaciones que sustentas la Rebelión, en parte explicando el razonamiento de la facción pro-guerra, ya que a menudo creo que el fandom se identifica tanto con Baelor y Daeron II que no pueden entender por qué alguien tendría problemas con que haya paz.

Pero no quiero menospreciar el hecho de que la intolerancia anti-dorniense jugó un papel clave en la Rebelión Fuegoscuro. Aegon I podría haber afirmado que él era rey de Dorne desde el año 6 AC, pero este territorio fue totalmente independiente de la monarquía Targaryen durante 150 años, de ahí que Daeron I quisiera tomarlo. Para los ponientis de aquel entonces, los dornienses eran política y culturalmente extranjeros, algo que aún se mantiene en buena medida siglo y medio después, como queda claro cuando vemos el fanatismo racial dirigido a Oberyn Martell cuando visitó Desembarco del Rey y que antes incluso había sufrido Baelor Lanzarrota, un hombre que encarnaba perfectamente todas y cada de las cuales que un nativo de los Siete Reinos esperaba que tuviera un rey, pero que sin embargo “parecía más un Martell que un Targaryen”.

Así y todo, creo que George RR Martin complica un poco la historia con “El Mundo de Hielo y Fuego”. Dorne y sus vecinos han estado guerreando durante miles de años, alternándose en los roles de atacante y defensor: es poco probable que los del Dominio se olviden de que los dornienses saquearon Altojardín, sitiaron Antigua, quemaron el Trono de Roble de los Gardener y asesinaron al rey Garth X en su cama; los isleños recuerdan cómo los Yronwood y los Wyle invadieron el río Matanza o que la princesa Meria Martell los atacó mientras Argilac luchaba contra Harren el Negro; los señores de las Marcas recuerdan que los Reyes Buitre los atacaron. El odio no emerge inesperadamente sino que se construye y se solifica, cadáver por cadáver, por el deseo de vengar a los seres queridos fallecidos.

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La causa personal – ¿El mejor hombre?

Una de las cosas que a los historiadores les encanta debatir es si en la historia tienen más influencia las fuerzas históricas (la “Larga duración” de Fernand Braudel) o los intereses invididuales (la “Teoría del Gran Hombre”). Con respecto a esto último, es cierto que la personalidad de los dos pretendientes al trono jugó un papel importante, si bien el conflicto que se desató va más allá del choque entre un erudito pacífico y un guerrero impetuoso.

Daeron creció en constante conflicto con su padre, tomando partido por su sufrida madre y encontrando a menudo apoyo político en su tío Aemon el Caballero Dragón, lo que ayudó a alimentar los rumores de que su relación era sospechosamente paternofilial. Por ejemplo, los dos colaboraron para expulsar de la corte Barbra Bracken y su bastardo Aegor Ríos. Y, por supuesto, Aemon defendió con la espada el honor de su sobrino cuando fue acusado de no ser legítimo. Hay un subtexto fuertemente freudiano en el conflicto entre Daeron y Aegon IV: las exigencias sexuales del obeso rey casi mataron a la madre de Daeron en el 161 y en el 172 y la costumbre de Aegon de tomar amantes parecía impulsada por un deseo patológico de aniquilar su matrimonio no deseado con la reina Naerys casi tanto como por un voraz apetito sexual (de ahí el casamiento simulado con Meg la Feliz en el 155, solo dos años después del nacimiento de Daeron, o el nada disimulado intento de los Bracken por hacer de Barba reina en sustitución de Naerys).

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El punto álgido de su relación fueron las constantes y públicas “referencias a la ilegitimidad de su hijo” por parte de Aegon, que culminaron en el famoso juicio en el que Aemon acabó con la vida del difimador Ser Morgil Hastwyck. El que “las falsas acusaciones de adulterio contra la reina” fueran “instigadas por el propio rey” constituye el rechazo más doloroso que un hijo puede recibir por parte de un padre, agravado por la amenaza real de muerte para la madre, repetida año tras año. Las afirmaciones de Aegon sobre su hijo no eran simplemente insultos sino una advertencia sobre lo que le sucedería a Daeron si continuaba obstruyendo la agenda de su padre (“fue también la primera, pero no la última, vez que Aegon amenazó con nombrar a uno de sus bastardos como heredero en lugar de Daeron“). Los hijos ilegítimos del Rey Indigno también tenían una enorme importancia política y por eso Daeron los vio como un peligro para su próximo reinado.

Al mismo tiempo, aunque Daeron insistiera en que él era el heredero de su padre, claramente su naturaleza más pacífica, académica y monógama le impulsaba a no comportarse nunca como su canallesco padre. El hecho de que Daeron fuese “delgado y redondo de hombros, con un pequeño vientre que se tambaleaba cuando caminaba” y que “se rodease de maestres, septones y cantantes“, “siempre hubiese mujeres susurrándole al oído” y su corte estuviese “llena de dornienses” sugiere que Daeron no era simplemente un empollón sino que estaba modelando deliberadamente el retrato de un rey administrador y erudito al estilo de Viserys II y evitando la imagen de rey guerrero que su padre había intentado encarnar. Y claramente tuvo éxito: sus reformas en el Consejo Privado y la Guardia de la Ciudad produjeron beneficios y sus políticas contaron con el favor de “nobles y plebeyos por igual“. Además, el propio Martin lo descubre como un hombre “más preocupado por los asuntos de Estado que por cuestiones amorosas“, lo que prueba su énfasis en su trabajo como estadista por encima de todo lo demás.

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Por el contrario, Daemon Fuegoscuro se crió en la tradición del rey guerrero. Desde el principio recibió una formación principesca, ya que a diferencia de los otros bastardos de su padre él podía alegar que su origen real le venía tanto de su padre Aegon IV como de su madre, Daena la Desafiante, hija de Aegon III. Se nos dice que vivió en la Fortaleza Roja, donde “el apuesto joven recibió lecciones de los maestres más sabios y de los mejores maestros de armas (…) No amaba otra cosa que no fueran los entrenamientos bélicos y se destacaba en ellos hasta tal punto que muchos afirmaban que algún día sería un nuevo Caballero Dragón“. Si bien no está claro cuánto tiempo vivió con su madre, está claro que la amazona Daena (diestra en la equitación y el tiro con arco, que soñaba con montar en un dragón en la batalla e idoltraba a su hermano Daeron el Joven Dragón) debió tener una poderosa influencia sobre su hijo, quizás alimentando sus oídos con historias sobre los malvados dornienses y el asesinato de su regio tío.

Para no caer en una simple historia de empollones contra deportistas, debemos tener en cuenta que Daemon no era solo un guerrero. Sí, “Daemon tenía porte, orgullo y una barriga lisa y dura como un escudo de roble. Además, sabía combatir. Con el hacha o la lanza o el mangual (…) con la espada, sin embargo, era el Guerrero personificado“, pero tal y como explicó Martin “podía ser también encantador y carismático, con una sonrisa ganadora (…) Hacía amigos fácilmente y las mujeres se sentían atraídas por él“. Del mismo modo que Renly utilizó la iconografía caballeresca para crear seguidores políticos, Daemon empleó sus abundantes dones para reclutar a los mejores caballeros de tu tiempo: Robb Reyne, Gareth el Gris, Ser Aubrey Ambrose, Lord Gormon Peake, Byren Flores el Negro, Redtusk, Bola de Fuego, Aceroamargo… Daeron II podría haber sido el mejor diplomático y administrador, pero Daemon era claramente un político talentoso, capaz de servirse de su carisma para convocar a su alrededor auténticos ejércitos, como hizo en su época El Joven Dragón.

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Y como recompensa por sus esfuerzos para convertirse en el rey guerrero ideal, Daemon recibió lo que Daeron II nunca tuvo: reconocimiento y aprobación paterna. Para un muchacho de 12 años, ser reconocido por su padre públicamente debió haber sido un enorme triunfo y recibir la espada Fuegoscuro, el arma de los reyes Targaryen, quizás fue una señal de que los dioses le tenían deparado un futuro heróico como conquistador. Aegon IV sin duda alentó esta creencia, al afirmar en voz alta que podría hacer heredero a uno de sus bastardos (y nadie dudaría que un bastardo con sangre real de sus dos padres sería la elección natural) y al legitimar a Daemon en su lecho de muerte dos años después de haberle dado la espada. Tiene un deje casi artúrico: el rey a muerto, viva el rey.

Sin embargo, Daeron y Daemon tenían muy complicado complementarse cuando encarnaban dos modelos de monarquía tan opuestos y sus diferencias los llevaron a tener serios encontronazos antes de entablar la guerra abierta. El conflicto más conocido fue a cuenta de la princesa Daenerys.

“Daemon se había enamorado apasionadamente de la hermana de Daeron, la hermosa princesa Daenerys. Solo dos años más joven que Daemon, la princesa supuestamente amaba al bastardo también, pero ni Aegon IV ni Daeron II estaban dispuestos a anteponer el amor a los asuntos de Estado (…) Una historia diferente afirma que Daemon no estaba descontento con su boda con Rohanne de Tyrosh, ya que estaba convencido de que le ayudaría a convertirse en un conquistador, pero quería más de una esposa. Aegon IV pudo haberle incluso prometido que así sería, pero Daeron pensaba totalmente diferente.”

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Gran parte del fandom es bastante escéptico al respecto y el maestre Yandel de “El Mundo de Hielo y Fuego está de acuerdo con ellos (“si todo fue por el amor de Daenerys, ¿cómo es que pasaron ocho años antes de que la rebelión floreciera?“) y señala que “Daenerys nunca fue otra cosa que la leal esposa del príncipe Maron y si lloraba por Daemon Fuegoscuro nunca dejó constancia de ello“. No obstante, las palabras de GRRM cuentan otra historia:

“A pesar de que Daemon y Naerys estaban enamorados, su hermano el rey Daeron el Bueno decidió priorizar la paz con Dorne sobre sus sentimientos al respecto. Fue un matrimonio político, pura y simplemente, una boda conveniente para garantizar la unión entre Dorne y los Siete Reinos. Y también prefería entregar a su hermana al príncipe de Dorne antes que a un incómodo bastardo con el que ya había tenido algunas disputas y al que no poca gente consideraba un legítimo aspirante al trono. Esa fue la gota que colmó el vaso y empujó a Daemon a convertirse en el primer pretendiente Fuegoscuro”.

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El enfrentamiento entre estos dos hermanos ya alcanzaba varias áreas políticas distintas (siendo el asunto dorniense el más candente) y Daeron percibía claramente a Daemon como una amenaza política serie. Darle a Daenerys otorgaría al Fuegoscuro un reclamo al Trono de Hierro demasiado fuerte como para ser ignorado: hijo del rey Aegon IV y de la princesa Daena, hija de Aegon III, y ahora también con una esposa Targaryen, lo que contrastaría con las conexiones familiares dornienses de Daeron. Enviar a Daenerys a Lanza del Sol sería para el rey una gran victoria diplomática que aseguraría a la Casa Martell como su aliada.

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Sin embargo, en retrospectiva, las decisiones de Daeron no cuadran mucho con su imagen de “buen rey”. Tenía una situación política volátil en la que grandes segmentos de la sociedad de su reino se sentían aislados y probablemente ya habían comenzado a reunirse en torno a su hermano el belicista anti-dorniense y ahora exacerbó la situación al darle a su medio hermano una queja personal contra el rey: primero le había forzado a casarse con Rohanne de Tyrosh, pese a que Daemon no deseaba tomarla como esposa, y después casando a la chica a la que amaba con un hombre contra el que había sido criado para luchar. Incluso si aquello no llevó a la guerra, ciertamente cambió la relación entre dos parientes que hasta ese momento habían convivido a pesar de sus diferencias (de ahí que Daeron honrara el deseo de su padre de otorgar a Daemon ingresos, tierras y un castillo). Por lo menos, Daeron debería haber movido los hilos para calmar la situación siguiendo el modelo de Viserys I, quien se ocupó de un Daemon similarmente problemático patrocinándole guerras privadas en el extranjero.

Consejeros malévolos

Sin embargo, Daemon y Daeron no fueron las únicas personas que contribuyeron a crear la primera Rebelión Fuegoscuro. Como dice el propio GRRM, “Daemon se rebeló tantos años después de la muerte de Aegon el Indigno por varias razones. Una fue su creciente resentimiento por su estatus de bastardo y lo que significaba. Otra fue que se rodeó de consejeros que le impulsaron para que lo hiciera“. Como sabemos, uno de ellos fue Ser Quentyn “Bola de Fuego” Ball, a quien se le había prometido un puesto en la Guardia Real en tiempos de Aegon IV, promesa que no fue honrada por Daeron II. Como veremos, la lealtad de Ser Quentyn a Daemon, construida a lo largo de toda una vida de proximidad, será crucial para el esfuerzo bélico del Dragón Negro.

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No obstante, el más famoso e influyente de los consejeros de Daemon fue Aegor Ríos, conocido como Aceroamargo. Aegor tenía muchas razones para oponerse al rey Daeron. Por un lado, cuando era príncipe, Daeron había logrado expulsar a Barba Bracken (la madre de Aegor) de la corte cuando su familia apuntó demasiado alto, algo que también le costó el puesto de Mano del Rey a su padre. De hecho, si el plan de Lord Bracken para coronar a su hija hubiera tenido éxito, Aegor (o un hipotético hermano suyo) podría haber sido nombrado heredero del Trono de Hierro. Como resultado de las acciones de Daeron, Aegor no se crió en Desembarco del Rey sino exiliado en Seto de Piedra, donde le educaron para seguir la traidición Bracken de ser un hombre “colérico y propenso a ofenderse con facilidad“.

Aceroamargo se fue acercando a su medio hermano Daemon y, al menos según piensa piensa la mayoría de la gente, “pronto empezó a presionar a Daemon para que reclamara el trono (…) Si amargo era su acero peor todavía era su lengua. Derramó su veneno en los oídos de Daemon y con él llegaron los clamores de otros caballeros y señores agraviados“. Destaca el que, a diferencia de otros partidarios de los Fuegoscuro, Daemon emparentara con la familia de Daemon al casarse con su hija Calla, lo cual sería especialmente importante en el futuro. Viendo su posterior control sobre la Compañía Dorada y su cercanía con los Fuegoscuro, creo que podemos imaginar al joven Aceroamargo como el principal administrador de la campaña de Daemon, siendo su responsabilidad reclutar a otras Casas para su causa y dirigir la campaña mediática del pretendiente, destinada a exagerar la importancia de la espada Fuegoscuro como símbolo de que Aegon IV le consideraba su heredero, difundir la supuesta ilegitimidad de Daeron y utilizar las virtudes marciales y el magnetismo personal de su candidato para convencer a la nobleza de Poniente de que Daemon era “el mejor hombre”.

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Aceroamargo no estaba solo, desde luego.

“¿Qué sabes de su padre? ¿Por qué le llamaban bola de fuego?”

“Por su cabeza caliente y su pelo rojo. Ser Quentyn Ball fue maestro de armas en la Fortaleza Roja. Enseñó a mi padre y a mis tíos a luchar. A los bastardos de alta cuna también. El Rey Aegon se comprometió a introducirlo en la Guardia Real, asi que Bola de Fuego hizo que su esposa tomara el voto de las hermanas silenciosas, sólo que cuando hubo una vacante en la guardia, el rey Aegon ya había muerto y Daeron nombró a Ser William Wylde en su lugar. Mi padre dice que fueron tanto Bola de Fuego como Aceroamargo quienes convencieron a Daemon para reclamar la Corona.”

El Caballero Misterioso

Bola de Fuego, como muchos otros seguidores de Daemon, tenía motivos claros para apoyarlo. En primer lugar, era un reconocido caballero y había entrenado personalmente a Daemon Fuegoscuro en el manejo de las armas; de hecho, fue su alumno estrella y su éxito ganando un torneo y las espuelas a los 12 años debió ser uno de los logros pedagógicos de los que se sentía más orgulloso, lo cual explicaría por qué se sentía más inclinado a apoyar a Daemon y no al nada marcial Daeron. En segundo lugar, Ser Quentyn era de una muy antigua familia del Rejo. La Casa Ball fue supuestamente fundada por uno de los hijos de Florys la Raposa, lo que les hacía ser parientes de los Peake y los Florents y probablemente compartían los mismos agravias históricos y prejuicios contra los donrienses. En tercer lugar, Ser Quentyn tenía garantizado un puesto de Guardia Real con Aegon IV y renunció a su matrimonio para estar preparado para ocuparlo, solo para que Daeron II le diera “su” puesto a otro.

El papel de Bola de Fuego en este punto es un poco turbio: como maestro de armas de la Fortaleza Roja, era un miembro de la corte con una posición estratégica clave (controlaba a la guardia de palacio, independiente de la Guardia Real y los Capas Doradas). La posición es lo suficientemente importante como para que Tywin intentase hacer que la ocupara su hermano Tygett y que Cersei y Margaery se pelearan por colocar en ella a uno de los suyos. Por otro lado, en aquel momento no podía ser más que una de las voces que susurraban al oído de Daemon, aunque una voz en la que habría confiado más que en cualquier otra.

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Sin embargo, no había consejeros malvados solo al lado de los Fuegoscuro, ya que Daeron tenía un partidario que no compartía su naturaleza pacífica: Brynden “Cuervo de Sangre” Ríos. En cierto sentido, la lealtad de Cuervo de Sangre le viene desde la cuna, ya que su madre, Missy Blackwood, era conocida por ser “un corazón amable con una naturaleza generosa que llevó incluso a la propia reina Naerys y a Aemon el Caballero Dragón a hacerse amigos suyos” (WOIAF p. 99). Como resultado, Cuervo de Sangre se libró de sufrir el mismo exilio que Aegor gracias a los buenos oficios del príncipe Daeron y “fue capaz de mantener buenos contactos en la corte, ya que su madre había sido muy querida y fue recordada con cariño, por lo que los Blackwood no sufrieron el mismo destino que los Bracjen cuando el rey la desechó como amante“. Teniendo en cuenta el resentimiento de Aceroamargo por este tratamiento diferencial, la “rivalidad” entre él y Cuervo de Sangre fue inamovible, pese a que ninguno de estos dos hombres había tomado parte en la milenaria disputa entre los Bracken y los Blackwood. En consecuencia, del mismo modo que Aceroamargo se acercó a Daemon, Cuervo de Sangre apoyó a Daeron y probablemente se convirtió en su Maestro de los Susurros, por sus grandes dotes para el espionaje. Y teniendo en cuenta sus actos durante el resto de la historia, dudo mucho que Brynden urgiera a Daeron a buscar la paz.

¿De qué lado estaban?

Hacia el año 196, Poniente contaba con dos facciones fuertemente arraigadas, dos candidatos muy diferentes para el Trono de Hierro y asesores políticos que incitaban al conflicto en ambos bandos. Pero para que aquella disputa se convirtiera en una guerra civil que dividiría al reino por la mitad ambos contendientes necesitaban que la nobleza ponienti tomara partido y resulta muy difícil averiguar qué Casas lucharon en nombre de uno u otro dragón.

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Gracias en buena medida a la gente de History of Westeros y a Bryndenbfish de Wars and Politics of ASOIAF, he logrado reunir una lista de todos los partidarios conocidos. Y los resultados son bastante reveladores.

Los rojos

  • EL VALLE: las Casas Arryn, Templeton, Waynwood y Corbray
  • TIERRAS DEL OESTE: Lannister y Lefford
  • TIERRAS DE LOS RÍOS: Tully, Blackwood y Smallwood
  • TIERRAS DE LA CORONA: Targaryen y Hayford
  • TIERRAS DE LA TORMENTA: Baratheon, Penrose y Dondarrion
  • EL DOMINIO: Caswell y Webber
  • DORNE: Martell y Dayne

Echando un vistazo a esta lista, es bastante sorprendente que los Fuegoscuro sobrevivieran a su alzamiento o que cualquier persona en su sano juicio aceptase darles su apoyo. Nada menos que cinco grandes Casas y dos guardianes respaldando (motivados sin duda por su deseo de mantener la continuidad real y el statu quo, ya que una vez alcanzas la cima todo cambio es malo), a una monarquía que debería ser casi invulnerable. Y, sin embargo, de algún modo los Fuegoscuro se las arreglaron para estar a punto de salir victoriosos y continuaron siendo una amenaza serie durante más de 60 años.

Otra cosa que podemos ver leyendo la lista es el poder de las alianzas dinásticas. Los Arryn y los Baratheon, unidos por sangre a la dinastía Targaryen, están del lado de Daeron, a pesar de que en el caso de los segundos su sentimiento anti-dorniense debería haberlos llevado a unirse a los rebeldes. Las Casas Martell, Dondarrion y Dayne se unieron a los Targaryen porque acababan de emparentar con ellos gracias a los matrimonios de Daeron, Baelor y Maekar. Sin ellos, seguramente los Dondarrion se habrían unido al Dragón Negro junto a muchos de sus vecinos de Las Marcas.

Los negros

  • EL VALLE: Sunderland
  • TIERRAS DEL OESTE: Crakehall y Reyne
  • TIERRAS DE LOS RÍOS: Bracken, Frey, Grey, Heddle, Nayland, Paege y Shawney
  • TIERRAS DE LA TORMENTA: Caron
  • EL DOMINIO: Ambrose, Ball, Blackbar, Bulwer, Cockshaw, Cuy, Fossoway, Osgrey, Peake, Risley, Strickland y Vrywel.
  • DORNE: Yronwood y Wyl
  • OTROS: ciudades libres de Tyrosh y Myr

Hay varios detalles de relevancia aquí. El primero es que los Fuegoscuro encontraron a sus aliados en Casas menores que mantenían una larga rivalidad con sus señores o que simplemente eran los alborotadores de la región: los Sunderland fueron anteriormente independientes de los Arryn, los Reyne (y los Tarbeck) pugnaban con los Lannister por la hegemonía occidental, los Bracken y los Frey eran unos vasallos muy desleales con los Tully y los Yronwood habían luchado a brazo partido con los Martell en tiempos de Nymeria para mantener su trono. Como era de esperar, estas tensiones locales encontraron en Daemon un catalizador: si él era capaz de suplantar a Daeron II, tal vez ellos podrían suplantar a sus señores.

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El segundo elemento a considerar es que hay una enorme concentración regional: las tropas de Daemon radican principalmente en el Dominio, el vivero natural de los sentimientos anti-dornienses. Irónicamente, la lógica de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, los Fuegoscuro encontraron poderosos aliados en Dorne, ya que varias familias se oponían al dominio Martell, cosa que condujo a que señores de Las Marcas terminaran bajo el mismo estandarte que sus enemigos dornienses tradicionales. La otra fuente de poder proviene de las Tierras de los Ríos, donde Aceroamargo pudo construir una coalición en torno a la Casa Bracken canalizando las quejas de otros señores ribereños que veían con malos ojos el favoritismo que Cuervo de Sangre había mostrado hacia sus parientes Blacwood.

En tercer lugar, destaca que Daemon tuviera apoyos en Essos, gracias a su matrimonio no deseado con Rohanne de Tyrosh, un apoyo que sería de incalculable valorpara los Fuegoscuro después de la batalla del Prado Hierbarroja, cuando encontraron en esa región refugio, refuerzos y abastecimiento para seguir intentando apoderarse del Trono de Hierro.

En cuarto y último lugar, todas las Casas que he citado son Casas menores, lo cual es algo a tener en cuenta, ya que prueba que el deseo de “cambio” no se limitaba a la dinastía reinante sino también a los grandes señoríos de Poniente.

Un pie en cada bando

ISLAS DEL HIERRO: Greyjoy
TIERRAS DEL OESTE: Tarbeck
TIERRAS DE LOS RÍOS: Butterwell y Lothson
EL DOMINIO: Hightower, Oakheart y Tyrell

¿Recordáis cuando dije que era sorprende que alguien en su sano juicio apoyase a los Fuegoscuro, con tantas probabilidades en contra? “El Mundo de Hielo y Fuego” nos deja entrever que, en realidad, Daemon y los suyos pensaban que tendrían el apoyo de al menos dos grandes Casas. Según se nos dice, “Torwyn Greyjoy hizo un juramento de sangre a Aceroamargo y luego lo traicionó apoyando a sus rivales“. Teniendo en cuenta el apego que sienten los Greyjoy hacia el saqueo, no era de extrañar que apoyaran al Dragón Negro, ya que una monarquía debilitada les daría la posibilidad de reiniciar sus Antiguas Costumbres (como harían tiempo después bajo el mando de Daegon Greyjoy, El Último Saqueador). De haber mantenido su apoyo a la causa rebelde, Daemon habría contado con una poderosa flota y un grado más de legitimdad política.

Pero el participante más controvertido es la Casa Tyrell. Después de todo, el señor de Altojardín Leo “Largaespina” “ganó fama durante la Primera Rebelión Fuegoscuro consiguiendo notables victorias contra los partidarios del Dragón Negro en el Dominio” (WOAIF p. 218). Sin duda, Leo parece un firme defensor de los rojos.

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Mas, considerando lo que sabemos, esto resulta extraño. De sentarse a la diestra de Daeron el Joven Dragón y ostentar el título de regentes de Dorne, los Tyrell se habían vuelto a quedar como estaban y ahora servían a un monarca que estaba casado con una de sus tradicionales enemigos, miembro de la misma familia que había asesinado brutalmente a Lyonel Tyrell (el padre o abuelo de Leo). No sólo eso, sino que ahora los dornienses eran la fuerza dominante en la corte real. Aparte de eso, Leo Largaespina era exactamente el tipo de hombre que caería rendido ante el reclamo de Daemon: el Dominio es el corazón de la caballería y Leo “era un campeón de torneos al que se recuerda incluso a día de hoy (…) el mejor justador que jamás haya empuñado una lanza” (WOIAF p. 218). ¿Cómo se explica que este Tyrell prefiriera al intelectual y pro-dorniense Daeron en vez de a Daemon, “el Guerrero renacido“, quien le ofrecía la posibilidad de vengar a su predecesor?

Por otro lado, nos encontramos ante un difícil enigma logístico. Puesto que la mayor parte del Dominio se puso del lado de Daemon, tanto que hasta niños señores como los de la Casa Oakheart o la Hightower le enviaron apoyo militar y éste último de hecho ordenó a sus vasallos directos que se unieran a la causa, ¿cómo es que Leo no notó que la Rebelión estaba floreciendo a su alrededor y fue “incapaz de reunir sus tropas lo bastante rápido como para llegar a tiempo para la batalla del Prado Hierbarroja“, cuando los señores del Valle sí que tomaron parte en esa lucha?

Creo que lo más probable es que Leo Largaespina tuviese el mismo amor por la justas que Ser Loras y la misma sabiduría política que Lady Olenna. Al ver que su región estaba sólidamente decidida a apoyar al Dragón Negro, Leo prometió discretamente su apoyo a los Fuegoscuro y esperó a ver quién se alzaba con la victoria en el Prado Hierbarroja. Cuando Daemon murió y los rebeldes se dispersaron, Leo cambió de bando y empezó a atacar a sus propios banderizos, empoderándose así a su costa. Tal vez no sea la estrategia política más caballerosa pero ya se nos cuenta que Largaespina era un hombre de “sonrisa cínica” y que no se conmovió lo más mínimo cuando Dunk apeló a los “verdaderos caballeros” para que le ayudaran en Vado Ceniza (“El caballero errante”).

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Como explicaré en la Parte II, el apoyo de Leo Tyrell (aunque incierto) explica ciertos aspectos de la estrategia política y militar Fuegoscuro en la Primera Rebelión. No es de extrañar que Aceroamargo y sus adláteres pensaran que podían tomar el Trono de Hierro cuando el ejército más grande de Poniente estaba de su parte.

En cuanto a los otros, cada uno de ellos tiene algún significado: la Casa Tarbeck y la Reyne serían política y militarmente cruciales para los Fuegoscuro en sus primeras victorias; la presencia de los Hightower y los Oakheart proporcionan más pruebas del gran apoyo de Daemon en el Dominio; la división de la Casa Butterwell también explicará en buena medida la estrategia de los rebeldes, al igual que el papel estratégico de los Lothson en las Tierras de los Ríos.

Los ausentes de la guerra

NORTE: Casa Stark y sus banderizos.

Aunque a menudo tendemos a pensar que el Norte es un tanto aislacionista, no debemos olvidar que los Stark han participado activamente en la mayoría de los conflictos continentales que ha habido en la historia ponienti: la conquista de Aegon I, la Danza de los Dragones e incluso también intervinieron parcialmente en la Conquista de Dorne. Y en la saga actual, los Stark han sido cruciales en la Rebelión de Robert y en la Guerra de los Cinco Reyes.

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Sin embargo, los norteños permanecieron al margen de todas las rebeliones Fuegoscuro, un hecho que se puede explicar por varias razones. En primer lugar, hubo una larga crisis política tras la muerte de Rickon Stark, el heredero de Cregan Stark. En segundo lugar, la rebelión de Skagos, ocurrida durante el reinado de Daeron II y que requirió la atención de al menos dos señores de Invernalia. En tercer lugar, las incursiones de Dagon Greyjoy entre el 209 y el 211 (y posiblemente más allá), en las cuales resultó mortalmente herido Lord Beron Stark, lo que se tradujo en otra crisis de sucesión. Y, finalmente, la invasión de Raymun Barbarroja en el 226, contra el que combatió y murió Lord Willam Stark.

Conclusión

Al pensar en la Rebelión Fuegoscuro, una de las cosas que me viene a la mente es que fue una guerra civil que colocó al rey y a los grandes señores de un lado y a una gran coalición de casas menores en el otro, y creó una crisis continua que acosó periódicamente a la monarquía, impidiéndole recuperar el aliento el tiempo suficiente para asentarse sobre bases más sólidas después de las pérdidas sufridas en la Danza de los Dragones, lo cual que estableció las condiciones subyacentes que finalmente terminarían con la caída de la dinastía Targaryen. .

El paralelo histórico parecía claro: las Guerras de los Barones. Una de las extrañas ironías de la historia medieval inglesa es que una monarquía que parecía ser una de las más poderosas de Europa entre los reinados de Guillermo el Conquistador y del “emperador angevino” Enrique II se encontró repentinamente al borde del colapso total dos generaciones despué, no debido a la conquista externa, sino a una serie de guerras civiles que enfrentaron al Rey Juan sin Tierra y a su hijo Enrique III contra una serie de “vasallos superpoderosos”.

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Al igual que la Rebelión Fuegoscuro, los orígenes de este conflicto se encuentran en una derrota militar, en este caso la pérdida de la mayor parte del Imperio Angevino” en Francia a manos de Felipe II y los cada vez más caros e infructuosos intentos de Juan para recuperarlos. Hartos de los onerosos impuestos, los señores de Inglaterra se alzaron contra su rey y el resultado fue la Carta Magna. Famosa hoy en día por haber introducido el derecho de habeas corpus, la Carta protegió principalmente a la nobleza inglesa de los impuestos adicionales y habilitó a unos 25 barones, incluyendo a los Bigod de Norfolk y Suffolk, los Care de Hertford, los Manderville de Essex, los Mowbray, los Percy y los Veres de Oxford a apoderarse de sus castillos si se negaba. Cuando el rey Juan renegó inmediatamente de la Carta Magna (con ayuda del Papa), los barones se alzaron contra él nuevamente en 1215 liderados por el barón Fitzwalter, uno de los 25 barones originales, a quien eligieron como “Mariscal del Ejército de Dios”. Durante la Primera Guerra de los Barones, la monarquía inglesa casi colapsó, siendo Luis VIII de Francia (aliado de los barones) aclamado como Rey de Inglaterra en Londres. Después de una sangrienta serie de asedios, todo terminó confusamente cuando el rey Juan murió en 1216 y los barones cambiaron inmediatamente de bando para coronar a su hijo Enrique como rey, a cambio de que prometiera cumplir la Carta, y expulsaron al francés.

La Segunda Guerra de los Barones tuvo lugar aproximadamente 50 años más tarde, después de que Enrique III llevara a cabo una invasión en Bretaña (1230) y otra en Poitou (1241), ambas provincias que se habían perdido durante el reinado de su padre. Liderados por el radical y carismático Simon de Montfort, conde de Leicester, los barones de Inglaterra llevaron a cabo por primera vez en la historia un abierto golpe de Estado en 1258 y obligaron al rey a aceptar las Disposiciones de Oxford, que establecían el primer Parlamento inglés. En 1263, Enrique intentó derogar las citadas disposiciones y fue derrotado por Montford en la batalla de Lewes, lo que hizo que durante 15 meses el país estuviese bajo la dominación de un parlamento donde se reunían los barones, condes y también los burgueses. Desafortunadamente para Montfort, el hijo de Enrique (el futuro Eduardo I) resultó ser un mejor general que su padre y lo derrotó y mató en la batalla de Evesham en 1265.

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Tierras perdidas, intentos de reconquista acabados en fracaso, reyes que se empeñaron en tener éxito donde sus antepasados habían fallado y vasallos poderosos tratando de reconstruir el orden político del reino en su beneficio… todo eso se parece mucho a lo que fue la Rebelión Fuegoscuro.

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One response to “Los negros y los rojos, Parte I (t) Origen de la Rebelión Fuegoscuro

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