¿Por qué Ned Stark no luchó para coronar a su sobrino Jon / Aegon?

Las últimas dos temporadas de Juego de Tronos decidieron utilizar su episodio final para descubrirnos los orígenes de Jon Nieve. En 2016 vimos que sus auténticos padres eran Lyanna Stark y Rhaegar Targaryen (aunque esto era algo que la mayoría de fans de la serie ya sabían) y al año siguiente llegó el bombazo inesperado: el “Bastardo de Invernalia” ni siquiera era bastardo, pues Lyanna y Rhaegar se casaron por la Iglesia con la bendición del mismísimo Septón Supremo, y se llamaba Aegon. De pronto, Jon se había convertido en el Targaryen con mayor derecho a sentarse en el Trono de Hierro, por delante de Daenerys (y de Viserys antes que ella).

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Fruto de este descubrimiento, aparecieron algunas voces que condenaban la decisión de Ned Stark de hacer pasar a su sobrino por bastardo y luego permitir que se uniera a la Guardia de la Noche sin contarle la verdad sobre su identidad. A su juicio, lo que debería haber hecho es luchar con todas sus fuerzas para convertir a Jon en el nuevo rey de los Siete Reinos, porque le correspondía serlo y porque aquello honraría los deseos de su hermana. Sin embargo, estoy en desacuerdo. Coronar a su sobrino era algo que Eddard no podía, no quería y no debía hacer por muchas razones.

Un vasallo leal

Si hay algo que quedó muy claro, tanto en la serie como en las novelas, es que Ned Stark amaba a su familia hasta tal punto que anteponía el bienestar de los suyos a su propio honor en caso de peligro. De no ser porque las vidas de Jon y Sansa dependían de ello, en la biografía del señor de Invernalia jamás hubiesen figurado un bastardo y una traición al “heredero legítimo” de su amigo y rey Robert. Sin embargo, al margen de esta faceta suya, por lo demás muy lógica, Lord Eddard se tomaba sus juramentos muy en serio y no le movía el interés personal sino la lealtad a la Casa real legítima, es decir, la Baratheon.

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Esta última afirmación siempre suele crear alguna polémica, ya que los admiradores de la Casa Targaryen consideran que el Trono de Hierro pertenece a dicha dinastía, ahora y siempre, pase lo que pase. La propia Daenerys se hizo eco de esta idea cuando se reunió con Jon la primera vez (S7E03), negándose a llamarle Rey en el Norte y exigiéndole que hincara la rodilla ante ella nada más entrar:

No he recibido una educación esmerada, pero recuerdo haber leído que el último Rey en el Norte fue Torrhen Stark, que se prosternó ante mi antepasado Aegon Targaryen a cambio de su vida y las de los norteños. Torrhen juró lealtad a la Casa Targaryen a perpetuidad. (…) Un juramento obliga. Y perpetuidad significa (…) por siempre.

El problema de esta forma de ver las cosas es que ignora el hecho fundamental de que las relaciones entre señores y vasallos en el feudalismo no eran unidireccionales sino que comportaban obligaciones para ambas partes. El vasallo juraba ser fiel, dar apoyo militar y político y pagar los tributos; el señor, a cambio, debía gobernar con justicia, garantizar las vidas y propiedades de sus siervos y proteger al reino de toda amenaza. Si uno de los dos incumplía su parte del acuerdo, la relación podía considerarse rota (aunque en la práctica dependía de la fuerza de cada uno el que esa ruptura se hiciera efectiva o no).

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El principio…

Para Ned Stark, el viejo juramento de Torrhen a Aegon dejó de tener validez cuando los Targaryen empezaron una competición para ver cuántas afrentas podían cometer contra sus vasallos sin que les pasase factura. El aparente secuestro de Lyanna por el príncipe Rhaegar fue el desencadenante de la crisis, pero las actuaciones del Rey Loco fueron las que provocaron que estallara la guerra. Después de haber hecho arrestar y ejecutar (brutalmente y sin juicio) a Lord Rickard Stark, su hijo Brandon y a más de una docena de señores y herederos de noble cuna, Aerys II colmó el vaso al exigir las cabezas de Ned y su amigo Robert Baratheon.

Con tantas muestras de tiranía homicida y arbitraria, lo normal era rebelarse para poner fin al reinado de semejante individuo. Como es natural, Jon Nieve le recordó todo esto a Daenerys cuando ella insistió otra vez en que debía arrodillarse:

D: ¿Habéis viajado hasta aquí para retirar vuestra lealtad a la Casa Targaryen?

J: ¿Mi lealtad? Vuestro padre quemó vivo a mi abuelo y a mi tío. Habría quemado los Siete Reinos si…

D: Mi padre era un malvado. En nombre de la Casa Targaryen os pido disculpas por los crímenes que cometió contra vuestra familia y os imploro que nos juzguéis a una hija por los pecados de su padre.

No pongo en duda que reconocer los errores y pedir perdón por ellos es un gesto de lo más digno y apreciable, pero por desgracia esta declaración llega 20 años tarde. El rey Aerys o el príncipe Rhaegar eran quienes deberían haber pedido disculpas por lo ocurrido, pero ninguno de los dos lo hizo. Tampoco lo habría hecho Viserys, a quien en los materiales adicionales de la serie se le escucha afirmando que los “dragones” tenían derecho a hacer lo que quisieran. Y el reino no podía esperar a que naciera un Targaryen capaz de admitir que aquella matanza habían sido una barbaridad.

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… y el final.

Forzados a luchar por sus vidas durante un año, y solamente después de que Rhaegar volviera y marchara contra ellos al mando de un ejército (lo que implícitamente daba a entender que lo que había hecho su padre le parecía bien), los rebeldes decidieron buscar un nuevo rey. Decidieron que su nuevo monarca sería Robert y poco antes de la Batalla del Tridente todos le juraron fidelidad. Y como dijo Dany, un juramento obliga: Eddard había prometido ser leal a la Casa Baratheon y lo fue hasta casi el fin de sus días. No iba a alzarse contra su amigo, compañero de fatigas y rey en defensa de la dinastía que había ultrajado a su Casa. Protegió a Jon porque era el hijo de su querida hermana, pero no consideraba que tuviera derecho a sentarse en el Trono de Hierro.

Una guerra perdida

Además, aunque hubiera querido coronar a Jon, Ned era lo bastante inteligente como para darse cuenta de que intentarlo era un suicidio. Recordemos cómo el Tyrion de las novelas también llegó a esa misma conclusión cuando estuvo ante una situación parecida, en “Festín de Cuervos”.

—Da la casualidad de que mi sobrina Myrcella está en Dorne, y me estoy planteando la posibilidad de coronarla.

Illyrio sonrió mientras los criados les servían cuencos de nata dulce con cerezas.

—¿Qué os ha hecho esa pobre niña para que le deseéis la muerte?

—Ni aquel que mata a la sangre de su sangre tiene por qué matar a todos sus consanguíneos. —replicó Tyrion, ofendido— He hablado de coronarla, no de matarla.

—En Volantis tienen una moneda que lleva una corona en una cara y una calavera en la otra. Pero es la misma moneda. Coronarla es matarla. Dorne podría levantarse por Myrcella, pero con Dorne no basta. Si sois tan listo como dicen, ya lo sabréis.

«Tiene razón en las dos cosas. —Tyrion contempló al gordo con renovado interés— Coronarla es matarla. Y yo lo sabía.»

Los Siete Reinos habían sufrido una sangrienta guerra civil, de la cual había emergido triunfante una nueva dinastía que no iba a quedarse cruzada de brazos si el Norte se retractaba de su juramento de lealtad y proclamaba rey a Aegon VI. Robert, cuyo odio a los Targaryen se encontraba en su punto máximo y que además se sentiría herido por la traición de su mejor amigo y de su prometida, reaccionaría probablemente con violencia.

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La soledad del Norte

En cuanto Lord Eddard hiciera pública la verdadera identidad de Jon, los vencedores de la Rebelión de Robert tendrían que enfrentarse a una sádica elección: apostar por los Baratheon (que habían sido elevados a la realeza a causa de la guerra) o por los Stark (cuyo sufrimiento a manos del Rey Loco inspiró en buena parte dicha guerra). Sin embargo, a pesar de lo incómodo de la situación, tengo la certeza de que todos ellos darían la espalda a los norteños y apostarían por mantener el nuevo statu quo.

Cuando Robert llamase a sus súbditos a las armas, los primeros en acudir serían los nobles de las Tierras de la Tormenta. No en vano, él había sido hasta hace dos días su señor feudal y seguían siendo estrechamente leales a su persona. Los segundos serían los de las Tierras del Oeste, con Tywin a la cabeza. El señor de Roca Casterly había intervenido en la rebelión en el último minuto y manchado sus manos de sangre para conseguir que Cersei se convirtiese en reina y no iba a dejar que un pequeño dragón se interpusiese en su camino… otra vez (creo que una de las razones por las que mandó matar a los hijos de Rhaegar fue para evitar que a Jon Arryn tuviese la idea de casar a Robert y Rhaella).

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Hablando de Jon Arryn, la situación seguramente le devastaría. Sus dos ahijados, por los que se había levantado en armas y con los que había luchado durante dos terribles años, estaban a punto de enfrentarse entre ellos, convirtiendo todo su esfuerzo en un acto sin sentido. Si alguien tuviese que hacer un esfuerzo sobrehumano para evitar otra guerra sería él, pero si sus gestiones fracasasen es posible que eligiese seguir del lado de Robert, que al fin y al cabo era su rey y al que además no convenía dejar solo con Tywin. En la misma situación se encontraría Hoster Tully, con una hija en cada bando. Pero a pesar de que Catelyn era su favorita, o quizás por eso, el señor de Aguasdulces haría uso de sus dotes como negociante para vender su neutralidad a cambio de la promesa de que solo Ned y Aegon VI sufrieran las consecuencias y su joven nieto Robb heredase Invernalia sin problemas.

Una búsqueda inútil

Ante semejante panorama, la única esperanza de Ned sería recurrir a aquellos que se posicionaron a favor de la Casa Targaryen durante la Rebelión, pero las posibilidades de que alguno se uniera a la causa de Aegon VI eran muy reducidas. Ya habían sido derrotados una vez y no creo que estuviesen por la labor de arriesgarse a repetir, con las desgracias que eso les supondría.

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Ése sería el caso de los Tyrell, célebres arribistas que ya durante la guerra apoyaron al Rey Loco no más de lo estrictamente necesario, salvaguardando sus fuerzas, y en cuanto se enteraron de la caída de la capital doblaron la rodilla ante los vencedores en el acto. Su pertenencia al bando perdedor les impidió tener cargos en la corte pero les dejó todas sus posesiones intactas (aunque la boda de Stannis y Selyse Florent fue la forma de advertirles de que serían reemplazados si no se comportaban). Visto lo visto, para ellos sería más provechoso ponerse al servicio de Robert y así granjearse su amistad, en lugar de fiarlo todo a un pretendiente sin futuro.

Con respecto a Dorne, es cierto que los Martell estaban muy cabreados por la muerte de Elia y sus dos hijos, pero en la serie el príncipe Doran era un pacifista convencido que prefería olvidar las ofensas sufridas y convivir civilizadamente con los Lannister antes que enviar a su pueblo a la batalla. Un hombre con esa mentalidad difícilmente escucharía la petición de auxilio de Ned, menos aún si se tiene en cuenta que hacerlo supondría poner en peligro Dorne para sentar en el trono al hijo de la muchacha por la que Rhaegar repudió a su hermana. Ni siquiera el Doran de los libros diría que sí, pues solo se mete en guerras que está 100% seguro de ganar.

Conclusión

Una vez analizada la situación, está claro que Ned no tenía el deseo de coronar a Jon y no estaba tampoco en condiciones de hacerlo sin que les costase la vida a ambos. Su principal prioridad era protegerlo, que el niño pudiera vivir una vida lo más normal posible y alcanzase la edad adulta. Y eso fue lo que hizo, a pesar de que guardar tan peligroso secreto le deshonró y le carcomió por dentro. Pero gracias a su sacrificio, Poniente puede que perdiera un rey pero a cambio ganó a un héroe que garantizará, o eso esperamos, el futuro de la raza humana en la nueva Guerra por el Amanecer.

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Winter is here.
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