“Cuando Rhaegar cayó”. Retrato en negro del Último Dragón (t)

Este artículo es una traducción de When Rhaegar fell, publicado en moonlitgleek.tumblr.com el 01/09/2016.

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Por mucho que me enfurezca, el personaje de Rhaegar Targaryen aún tiene un gran atractivo para mí. Debo reconocer que es una fascinación extraña, no muy diferente a la que se puede sentir pasando al lado del escenario de un accidente de coche, con la curiosidad por saber lo que ha pasado, de quién es la culpa y si hay alguien herido. Rhaegar es un accidente con un saldo de miles de víctimas, lo cual le asegura un lugar en mis pensamientos mientras trato de averiguar cómo era realmente, al margen de las opiniones contradictorias de aquellos que le idolatran y los que le demonizan.

Él tiene una posición única en el texto, pues hasta que su hijo vino al mundo era la única persona con una fuerte conexión tanto con la Guerra por el Amanecer como con el juego de tronos. Era el único hombre de Poniente a quien la guerra mágica y la política le concernían por igual. En un escenario ideal, Rhaegar disfrutaba de una posición privilegiada para marcar la diferencia, al ser un príncipe heredero (con todo el poder e influencia que ello conlleva) y ser consciente de que una contienda por la supervivencia de la raza humana estaba a la vuelta de la esquina. El problema es que Rhaegar, tal como lo describe Ser Barristan, era un monomaníaco (NT: persona que se obsesiona con una sola cosa). De hecho, con un simple vistazo a la secuencia de acontecimientos vemos que nunca fue capaz de equilibrar su conocimiento del clima político de Poniente y su obsesión con el Príncipe que fue prometido y la guerra que se avecinaba. Su preocupación por ambos asuntos jamás fue paralela y al parecer no fue capaz de dedicarse a uno sin descuidar por completo el otro, provocando así su ruina y la de su dinastía.

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Lo que sabemos acerca de su vida se puede dividir en períodos en los que se centró principalmente en lo mágico y otros en los que tuvo la vista puesta en la política. Todo empezó cuando descubrió la profecía y decidió cambiar su forma de vida para asegurarse de que estaba listo para desempeñar el papel de salvador, pero en algún momento dejó de creer que tal misión le correspondía (el maestre Aemon dice que Rhaegar creía ser el Príncipe que fue prometido cuando era joven, lo que significa que no se limitó a transferirle el título a su hijo Aegon cuando este nació, sino que había rechazado mucho antes la idea de ser él el elegido por algún motivo) y más o menos por aquella época empezó a involucrarse en cuestiones diplomáticas. Fue un destacado actor político desde la Resistencia de Valle Oscuro hasta el Torneo de Harrenhall (donde supuestamente intentaba sentar las bases para la destitución de su trastornado padre), cuando de pronto decidió abandonar esta faceta, ignorar la olla a presión en la que se había convertido el panorama político y desaparecer con Lyanna Stark.

Fue este un período en el que incluso sus propios amigos no pudieron encontrarle y durante el cual Rhaegar se desentendió por completo de las ramificaciones de lo que había hecho y se concentró en concebir a la “tercera cabeza del dragón”. Después, cuando se vio obligado a regresar y enfrentarse a la rebelión, dejó a Lyanna tras de sí sin proporcionarle unos cuidados médicos adecuados que pudieran asegurar tanto su supervivencia como la del bebé. Se concentraba en la magia, luego en la política, luego en la magia y luego en la política otra vez, pero nunca en ambas al mismo tiempo, y siempre tan absorto en ello que de forma deliberada ignoraba por completo cualquier otro asunto.

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El evento que condujo a Rhaegar Targaryen al camino que le llevaría a la muerte y a la destrucción de su Casa fue la lectura de una profecía que anunciaba la venida del Príncipe que fue prometido. Hasta aquel momento había sido un chico aficionado a los libros y respetado por sus maestres, pero nunca un guerrero. Se convirtió en uno con el único fin de cumplir los requisitos que le adjudicaba la profecía (“Parece que debo ser un guerrero”). Siendo como era el príncipe heredero de un reino que había tenido más guerras y rebeliones que épocas de paz y cuya cultura elogiaba la vida militar, ser un guerrero era una imperiosa necesidad política para Rhaegar, o por lo menos se esperaba que lo fuese, pero sin embargo no hizo el esfuerzo de entrenarse hasta después de leer la profecía y creer que se refería a él.

Es interesante aludir a una cualidad que Ser Barristan también le atribuyó a Rhaegar: el sentido del deber. Se dice que el príncipe no disfrutaba particularmente siendo un guerrero y que tampoco le gustaban las justas. Si su decisión de convertirse en soldado nació de un sincero sentido de la responsabilidad que le condujo a poner sobre sus hombros el destino de la humanidad o de un deseo de gloria, de convertirse en un gran héroe con un gran destino, es algo que no sabemos. Pero lo que me interesa es cómo esta descripción contrasta firmemente con la realidad de los actos de Rhaegar desde el Torneo de Harrenhall en adelante. Aunque, como creo que hay algo de verdad en las palabras de Barristan, me pregunto si Rhaegar pensó que tenía el deber de crear las tres cabezas de dragón.

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A continuación, viene un período de tiempo donde hay una grave falta de datos acerca de la profecía y de la conexión de Rhaegar con ella; lo único que sabemos es que dejó de creer que él era el Príncipe que fue prometido y le otorgó dicho título al recién nacido Aegon. Cuándo exactamente decidió que no era el elegido y por qué no es desconocido, pero calculo que ocurrió razonablemente antes de su matrimonio con Elia, de ahí el comentario del maestre Aemon. Mi teoría definitiva es que Rhaegar podría haberse desilusionado con la profecía en el momento en que la tercera cabeza de dragón no surgió y no despertaron los dragones de piedra. Si él relacionó las circunstancias de su nacimiento durante la Tragedia del Refugio Estival con los signos que anuncian el nacimiento del Príncipe prometido y si damos crédito a la creencia de que cada cabeza de dragón equivale a un hermano, entonces tenemos razones para creer que Rhaegar pensó que las restantes cabezas serían sus propios hermanos. Sin embargo, todos los embarazos de su madre acabaron en muertes fetales, abortos involutarios o muertes prematuras; Rhaegar ya había alcanzado la mayoría de edad cuando nació Viserys y, después, no hubo más.

Esto es una pura especulación por mi parte y puede ser descartada fácilmente. Pero siempre me he preguntado por qué Rhaegar tenía tanta prisa por producir un tercer hijo cuando Aegon, que según él iba a ser el elegido, sólo tenía unos pocos meses de vida, cosa que significaba que la Guerra por el Amanecer no iba a suceder a corto plazo. Rhaegar estaba en medio de una operación política cuyo objetivo era derrocar a su padre, un movimiento peligroso si tenemos en cuenta la gran paranoia y la desconfianza que sentía el rey. Estaba firmemente centrado en la política y la corona cuando fue al Torneo de Harrenhall. El torneo en sí mismo era una maniobra política, que Aerys II frustró con su presencia. Entonces Rhaegar volvió a Rocadragón, donde Aegon nació, y unos meses más tarde desapareció con Lyanna, ignorando las ramificaciones políticas de tal acción y sus planes anteriores para retirar a su padre del trono. ¿Qué cambió para que estuviera tan apurado?

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Sucedieron exactamente dos cosas entre la organización del Torneo de Harrenhall (con la enorme y soterrada carga política que conllevaba) y el brusco desvío de Rhaegar (“¿Política? ¿Qué política”?), que podrían explicar tan repentino cambio de enfoque y la falta de sentido común de Rhaegar. Esas cosas son el posible encuentro con Lyanna Stark como Caballero del Árbol Sonriente y la venida al mundo de Aegon.

Soy uno de los que piensan que Rhaegar albergó sentimientos hacia Lyanna, si bien “cariño”, “intriga” o “admiración” son las palabras que usaría para definirlos y es que realmente no creo que esto sea una historia romántica en la cual Rhaegar se enamora de Lyanna, se siente incapaz de estar apartado de ella y ambos desaparecen durante meses mandando al diablo a las consecuencias. Esa no es la historia aquí. Quiero decir que la variable que provocó la decisión de Rhaegar de deshacer sus esfuerzos y planes previos fue muy probablemente el nacimiento de su segundo hijo Aegon, tras el cual supo que su esposa Elia no podría volver a concebir.

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Imaginad a alguien que ha invertido años en una profecía sobre el salvador de la raza humana, creyendo que era él, y dedicado a hacer todo lo que sea necesario para que se cumpla (ved el párrafo en cursiva que hay más arriba), sintiendo probablemente una decepción tras otra a causa de los embarazos fallidos de su madre hasta que finalmente la deja de lado y se centra en sus obligaciones como príncipe heredero (aunque seguramente nunca la olvidó del todo después de haberse obsesionado tantísimo con el tema). Entonces tiene un hijo, anunciado por una estrella sangrante y nacido entre la sal y el humo, con una hermana para servir como segunda cabeza de dragón, pero inmediatamente después le dicen que un tercer hijo sería inviable porque mataría a su mujer.

Pero él está cerca, tan cerca de cumplir la profecía y conseguir la tercera cabeza que no se detendrá ante nada para lograr su objetivo. Al fin y al cabo, es de su dinastía de donde nacerá el Príncipe que fue prometido, no de los Martell. No hay nada que diga que las tres cabezas tengan que venir de la misma madre y Lyanna Stark es del Norte. Su hija mayor Rhaenys tendría una madre dorniense, emparentada con los Targaryen también. Sería, por tanto, el fuego. Visenya tendría una madre del Norte, siendo el hielo. Ellas juntas formarían la Canción de Hielo y Fuego del Príncipe Prometido.

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Esto podría explicar por qué Rhaegar tiró piedras contra su propio tejado con sus prisas por yacer con Lyanna, ¿no? Su desesperación por cumplir con la profecía (la que casi habría estado a punto de olvidar) se incrementó con el nacimiento de Aegon. Él no iba a esperar y a enfrentarse con una decepción cuando estaba tan cerca de tener las tres cabezas del dragón. No estoy seguro de que él hiciera la conexión entre Lyanna, el hielo y la canción del Príncipe que fue prometido, pero su monomaníaca mente, atribulada por el nacimiento de Aegon y su desesperación por cumplir con la profecía en la que tanto tiempo había invertido explican su repentina estupidez política.

Y así comenzó la locura de Rhaegar. Su caída en desgracia, en el sentido literal de la palabra. De ser un príncipe elogiado y celebrado, al que se creía capaz de llegar a ser un gran rey, a convertirse en un ignorante ajeno a las consecuencias de sus acciones. Comenzó su historia creyendo que iba a ser el salvador del reino, para terminarla convertido en una de las principales razones de que el reino se viese destrozado.

Siempre me he pregunto si alguna vez descubrió que sus padres estaban casados debido a la misma profecía con la que estaba tan obsesionado, que fue la que provocó que su abuelo Jaehaerys II no tuviese en cuenta la edad de Rhaella y la casara tan joven, causando todos sus problemas de salud y su dificultad para concebir. Es posible que esto tuviera cierta influencia en su decisión de agraviar a su esposa, a los Stark, a los Baratheon e incluso a Lyanna, por su edad y también porque tal vez medió alguna coacción. La idea me hace temblar, pero Rhaegar creció en un hogar abusivo, con un padre loco y violento y una madre que “siempre era consciente de su deber”. Si llegó a saber que la profecía era la razón por la que su madre vivía un matrimonio de pesadilla, ¿podría ser que el joven Rhaegar racionalizara la situación pensando que todo aquello era un sacrificio necesario por el bien del reino o que quisiera ver cumplida la profecía para que así el sufrimiento de su madre no fuese en vano y de ese modo sacar algo “positivo” del horrible matrimonio de sus padres? ¿Interiorizó por ello la idea de que la profecía tenía prioridad, fuese cual fuese el precio que hubiera que pagar para cumplirla?

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No estoy seguro de que vayamos a obtener las respuestas, pero aunque quizás éstas no excusaran sus acciones son material para reflexionar y tratar de entender el por qué se comportó del modo en que lo hizo.

Lyanna y la cuestión del consentimiento

No voy a malgastar mi tiempo hablando de los múltiples caminos alternativos que Rhaegar podría haber tomado para manejar la situación y aún así ganar la mano de Lyanna sin “secuestrarla”, si es que tanto quería que fuese la madre de su tercer hijo. Mucha gente ya ha hablado de ello con más elocuencia. Son las implicaciones de su decisión, lo que significan para el consentimiento de Lyanna y los límites de dicho consentimiento lo que me interesa tratar aquí. Es posible que ella accediera a huir con Rhaegar, pero la posibilidad de que no supiera exactamente a lo que se estaba prestando (básicamente que él tuviese su ansiado tercer hijo aunque el precio de su nacimiento fuese el caos) hace todo el tema muy turbio. Además, Rhaegar elige unas opciones que plantean cuestiones relativas al consentimiento.

El príncipe prácticamente desapareció de la faz de la tierra con Lyanna y su Guardia Real durante meses sin que ni siquiera sus propios amigos pudieran locarlizarle hasta que dio señales de vida, después de que todo se hubiera ido al infierno y la rebelión estuviese ya en marcha. Lo que a menudo se ignora cuando se discute sobre esto es la vulnerable posición en que quedó Lyanna. Rhaegar se la llevó a Dorne, el punto más alejado del Norte que hay sin salir de Poniente. Esto aisló a la chica de todos a los que conocía y hacía que su única conexión con el mundo exterior fuesen Rhaegar y su guardia. Él era quien controlaba a dónde iba, qué información recibía y con quién tenía contacto. Ella era en todo momento dependiente de él.

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Asimismo, escogiendo Dorne como escondite la colocaba en medio de un territorio hostil, pues su sola presencia en la Torre de la Alegría era un insulto a Elia y a todo Dorne en su conjunto. La situación parece diseñada para dejar a Lyanna totalmente impotente y dependiente de Rhaegar. Si alguna vez quería salir de allí (y opino que alguna vez querría), no estaba en posición de conseguirlo si no recibía permiso para hacerlo. Tal vez Rhaegar no pretendía aislarla de ese modo cuando eligió Dorne, tal vez su idea no era dejarla tan vulnerable, pero lo que cuenta es que eso es lo que pasó exactamente.

Ahora viene la parte más desagradable del asunto: los brutales asesinatos de Rickard y Brandon Stark y cuándo Rhaegar se dignó a compartir esa información con ella. No tenemos ninguna manera de saber el grado de conocimiento que tuvo Lyanna sobre la rebelión y cuándo se enteró de esto, ya que Rhaegar tenía el poder de esconderle toda la información que deseara. Ella tenía una idea de lo que pasaba en el momento en que Ned llegó, dado que estaba gritando su nombre, pero eso no significa que se enterase de inmediato de lo que le había ocurrido a su padre y a su hermano. Quizá lo descubrió cuando Rhaegar tuvo que marcharse o incluso después de que él hubiera muerto en el Tridente.

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La reacción de Rhaegar una vez regresó a la capital podría indicar precisamente eso. Volvió al cabo de varios meses y se encontró con una gran rebelión que, en buena medida, se había producido por culpa de su imprudente actuación. Y en vez de pedir la paz e intentar apaciguar a los rebeldes, uno de los cuales era el propio hermano de Lyanna, marchó a luchar por la corona. No creo que la indómita y testaruda Lyanna, de enterarse de lo sucedido, le permitiera marcharse para que combatiera contra su hermano en una guerra en la que saldría perdiendo fuese quien fuese el ganador. Dada su personalidad, no hay forma de que estuviese contenta desempeñando el papel de princesa en la torre cuando la mitad de su familia había sido asesinada y la otra mitad se hallaba en guerra contra el padre de su hijo. Embarazada o no, Lyanna hubiera querido involucrarse y tratar de poner fin a la lucha. Ella hubiera empujado a Rhaegar a pedir la paz.

Todos los escenarios son malos. Ya fuese porque Rhaegar le ocultó la información y por lo tanto no le permitió tomar una decisión, ya fuese porque le dijo lo que pasó pero le impidió salir (o, por lo menos, involucrarse enviando una carta a Ned), ya fuese porque ignoró completamente su deseo de paz. Independientemente de qué escenario es más preciso o incluso si hay otro no considerado, lo bien cierto es que Rhaegar optó por pelear por su maldita corona e hizo caso omiso de la posición de Lyanna en todo esto (pues la guerra significaba que perdería a alguien en cualquier escenario).

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Por otro lado, fue la elección de Rhaegar de marchar a la guerra la que en última instancia provocó que Lyanna quedara varada en aquella torre y diera a luz sola. Esto es una nueva señal manifiesta de su monomanía, ya que al centrar su atención en la guerra política, dejó de lado a Lyanna, al bebé y a su conexión con la guerra mágica. Para alguien que estaba tan enormemente ansioso por tener su tercera cabeza del dragón, era razonable pensar que tomaría todas las debidas precauciones en su empeño de asegurarse de que Lyanna estuviese cuidada y diera a luz un bebé sano. Había vivido los numerosos abortos, muertes en el útero y muertes prematuras que había sufrido su madre y eso que ella tenía un gran maestre y un ejército de maestres a su servicio. Elia también estuvo a punto de morir a pesar de recibir atención médica de primera clase durante el parto de Aegon.

¿Cómo es posible que Rhaegar juzgara que la situación de Lyanna era la ideal para dar a luz? La pobre se vio obligada a tener a su bebé sin ningún tipo de ayuda lo bastante especializada como para salvarla de la muerte. Los guardias reales, obviamente, iban a dar prioridad a las órdenes de Rhaegar sobre los deseos de Lyanna, como demuestra el hecho de que en sus últimas horas ella estuviese llamando a su hermano a gritos pero Ned tuviese que abrirse camino a golpe de espada para poder llegar hasta su lecho. Todo esto huele a no consentimiento.

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Lo más frustrante es que todo esto se podría haber evitado, incluso después de las muertes de Rickard y Brandon. Rhaegar podría haber dado a conocer la situación y el embarazo de Lyanna, lo cual habría marcado la diferencia y hubiera atraído a Ned a la mesa de negociaciones. Jon Arryn y Hoster Tully lo habrían seguido y Robert, por sí solo, no hubiera podido detener el proceso de paz. Derrocar y encarcelar a Aerys y celebrar después un Gran Consejo habrían contribuido a calmar los ánimos en el Norte y el Valle. Rhaegar podría haber conseguido un compromiso con la Fe para que Lyanna fuese aceptada como segunda esposa y Jon Targaryen como hijo legítimo. Dorne sería algo más difícil de apaciguar, pero Doran no empezaría una guerra que no podía ganar y si Elia apoyaba a su marido, menos aún.

Pero no… Rhaegar creyó que el camino más estúpido, arrogante y desconsiderado era el mejor. Habló de hacer cambios, pero sólo después de haber ganado la guerra (después de haber matado a Robert y potencialmente también a Ned, después de haber recobrado todo el poder, haber dado fin a la rebelión y castigado a quienes se alzaron contra la injusticia). Rhaegar estaba preparado para el cambio, pero para uno en el que él dictara los términos como vencedor. Pero el problema estaba en que todo el maldito conflicto había empezado porque él había abusado de su poder incluso antes de que Aerys lo hiciera y continuó haciéndolo durante su estancia con Lyanna mientras todo el reino ardía. Ese legado incluso se extendió más allá de su muerte, gracias a las instrucciones que dio a su Guardia Real para que mantuviera a Lyanna lejos de Ned, un claro abuso de poder. Rhaegar no estaba dispuesto a pagar ningún precio por lo que había hecho ni a asumir ningún compromiso que compensara a los rebeldes por sus acciones y las de su padre o que resarciera su deseo de justicia. Él no se merecía dictar los términos de nada.

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Algunos lo llamarán monomanía obsesiva, otros arrogancia, otros egoísmo o ausencia de capacidad para ver más allá de sus propios deseos. No importa realmente. Rhaegar yacía muerto en el río y su necedad rubricó el sangriento final de su mujer y sus hijos e incluso de Lyanna y Rhaella.

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