¿Por qué “El Despertar de la Fuerza” me decepcionó un poco?

Dentro de poco se estrenará en cines Los Últimos Jedi, la segunda entrega de la trilogía de secuelas de Star Wars. Para muchos, será esta película la que encumbre o entierre a la nueva saga galáctica (no en términos de éxito económico, pues pase lo que pase arrasará en taquilla, sino de calidad artística). Y esto es así porque El Despertar de la Fuerza dejó a bastantes espectadores, entre ellos yo mismo, decepcionados. No fue una gran decepción, porque tenía bastantes cosas buenas, pero no acabó de gustarme tanto como esperaba.

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La cinta se enfrentaba a muchos desafíos: retomar una famosísima historia 30 años después, competir contra un extenso Universo Expandido (ahora borrado del canon pero no de la mente de aquellos que lo siguieron), hacer olvidar las menospreciadas precuelas, atraer a una nueva audiencia sin alienarse a la antigua, no sólo ser un taquillazo descomunal por sí sola sino servir de base para un universo rentable que justificara la gran inversión de Disney, etc.

Teniendo que abarcar tanto, es normal que optasen por ir a lo seguro y eso ha hecho que haya varias cosas que no me convencieron de esta nueva aventura ocurrida hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana.

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Juego de Tronos: El error fatal de Ser Alliser Thorne

La sexta temporada de Juego de Tronos fue especialmente sangrienta. Docenas de personajes perdieron la vida y se extinguieron varias grandes Casas. Una de las primeras víctimas fue Ser Alliser Thorne, capitán de los exploradores de la Guardia de la Noche y durante cuatro temporadas enemigo mortal de Jon Nieve, al que intentó liquidar siempre que tuvo la ocasión. Finalmente lo consiguió y parecía que todo le iría bien, pero en tres capítulos pasó de tocar la comandancia con la punta de los dedos a ser ahorcado por alta traición.

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“Tenía que elegir, Lord Comandante. Traicionaros o traicionar a la Guardia de la Noche (…) Si tuviera que repetirlo sabiendo cómo acabaría, rezaría para elegir bien de nuevo”.

Muchos creen que el gran error de Thorne tuvo lugar en el episodio 5×09. Al igual que la gran mayoría de sus camaradas, no compartía la decisión del Lord Comandante de llegar a un pacto con el Pueblo Libre; por eso, cuando vio aparecer a Jon en compañía de 5000 salvajes y tuvo en sus manos la decisión de ordenar abrirles la puerta o no, se enfrentó a un terrible dilema. Pese a la repulsión que sentía, cumplió con su deber de soldado y les dejó pasar, aunque poco tiempo después se puso al frente de un motín que acabó con la vida de Lord Nieve y se hizo con el control del castillo… hasta que esos mismos salvajes a los que había permitido cruzar la frontera aparecieron y lo enviaron a las mazmorras.

En vista de lo sucedido, no son pocos los que opinan que, si ya tenía pensado asesinar a su líder o decidió hacerlo en ese mismo instante, ¿por qué no desobedeció y mantuvo la puerta cerrada, condenándole así a Jon y sus acompañantes a una muerte segura, a causa del hambre, el frío o los Caminantes Blancos? ¿Por qué mostrarse tan obediente en un capítulo y tan profundamente desleal en el siguiente?

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“La vida futura” (W. C. Menzies, 1936) ¡Alas sobre el mundo!

La de cosas que uno encuentra en Youtube. Estaba viendo tranquilamente el último vídeo viral del mes cuando me llamó la atención La vida futura, una película de 1936 basada en un libro de H. G. Wells (La Guerra de los Mundos, La Máquina del Tiempo, La isla del Dr. Moreau, El Hombre Invisible…) y con un guión escrito por él mismo. Solamente por eso, ya merecía la pena echarle un vistazo. Nunca había oído hablar de ella, ni mencionarla en ningún sitio, y tenía curiosidad.

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Después de verla, he de decir que no me extraña demasiado esta falta de renombre. Aunque no es un mal film, tiene bastantes problemas, aunque el primero y principal es que no se trata de una película con mensaje sino de un mensaje con película. La vida futura es ante todo un alegato en contra de las guerras, los belicistas, el fanatismo y los demagogos y a favor del progreso científico bien entendido (por y para el bien de la humanidad, aunque sin deshumanizarse en el camino). Todo lo demás queda en un segundo plano.

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Guerra y paz. Un análisis político de Daeron, Baelor y Viserys II (t)

Este ensayo fue escrito por Somethinglikealawyer y publicado en Wars and Politics of Ice and Fire el 26 de agosto de 2015.

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Tras la muerte de Aegon II, subió al trono su sobrino y tocayo Aegon III, cuarto hijo de Rhaenyra. Como gobernante hizo un buen trabajo, teniendo en cuenta que la guerra civil había dejado los Siete Reinos en una situación caótica, pero fue bajo su mandato cuando la Casa Targaryen perdió su mayor fuerza. La Danza se había cobrado las vidas de la mayor parte de los dragones de la familia y los últimos supervivientes murieron en los años venideros. Se especula con que su desaparición pudo no deberse a la naturaleza sino a conspiraciones externas, quizás incluso con la complicidad del propio soberano, que sentía un odio y un miedo inmenso por aquellas bestias, producto del trauma de ser testigo de cómo su madre era devorada viva por el dragón de su tío.

“El melancólico monarca no es recordado con cariño y su legado palidecería ante el de sus dos hijos”.

El Rey Roto, como era conocido, estuvo al frente de un reino roto durante 21 años desde su mayoría de edad. A pesar de la complicada situación con que había tenido que tratar, Aegon III hizo un buen trabajo durante su gestión manteniendo el reino libre de grandes conflictos, sacando la tesorería real a flote y uniendo de nuevo a los Siete Reinos (un logro importante, dado el elevado número de vasallos trepas e instrusos ricos peleándose por el poder y la extinción de los dragones). Sin embargo, el rey Aegon nunca fue amado por sus súbditos por su naturaleza distante y depresiva. Fue una persona competente en su oficio, pero no era capaz de inspirar a la gente de la misma forma que su célebre tocayo El Conquistador. Este carisma que le faltó a él pareció recaer por completo en sus hijos, dos de los individuos más vistosos que se sentaron en el Trono de Hierro.

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Juego de Tronos 4×07. Cuando Meñique dejó de ser Meñique

El caos no es un foso. Es una escalera. Muchos intentan subirla y fracasan… Nunca podrán hacerlo de nuevo. La caída los destroza. A algunos se les da la oportunidad de subir, pero la rechazan. Se aferran al reino, o a los dioses, o al amor… espejismos. Solo la escalera es real… el ascenso es todo lo que hay.

Petyr Baelish, señor de Los Dedos, pronunció esta frase en el episodio 6 de la tercera temporada de Game of Thrones. Aunque no fue escrita por George R. R. Martin sino por los showrunners Bernioff y Weiss, lo bien cierto es que capturó perfectamente la psicología del personaje. Lord Baelish, más conocido como Meñique, es un individuo manipulador, amoral, traicionero, ambicioso y por encima de todo inteligente. En palabras de Varys, el segundo hombre más astuto (y por ende el más peligroso) de los Siete Reinos.

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Desde que Brandon Stark le propinase una paliza, Meñique no ha hecho otra cosa que vivir para ascender, utilizando todas las estrategias, trampas y traiciones posibles, sin importarle desencadenar atroces conflictos para sacar beneficio de ellos. Y así, gracias a sus manejos, este pequeño señor de escasísima alcurnia llegó a convertirse en miembro del gobierno, señor de Harrenhal y regente del Valle de Arryn. Sin embargo, cuando el material de Martin se terminó y la serie se vio obligada a adelantar a las novelas, la famosa astucia de Lord Baelish pareció esfumarse de repente.

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